Presentación de Alberto Abreu. Los juegos de la Escritura o la (re)escritura de la Historia.

Por Víctor Fowler

El presente siempre es un misterio y un riesgo. El mero hecho de que lo habitemos hace difícil, acaso imposible, desprender nuestras emociones o condicionamientos cuando se trata de interpretar; en todo caso, la cercanía –al mismo tiempo que otorga el beneficio de una memoria todavía fresca- nubla la penetración. Si el balanceo anterior es cierto, entonces una lectura del presente, la más justa, precisa de una intensa voluntad por parte de quien hace el juicio; voluntad que no puede derivar sino de la vocación ética el interpretante, de su relación con la verdad.

Antes de este libro, no había en la literatura cubana una aproximación crítico-ensayística que se propusiera una revisión extensa de los procesos de la literatura nacional en el escenario del último medio siglo, tiempo coincidente con el de la Revolución misma. Junto con ello, apenas existían ejemplos que buscaran establecer conexión entre los procesos de la escritura literaria y el movimiento de las ideas de la época, muy particularmente en lo que toca a los Ochenta, el tramo temporal de los más importantes cambios para la literatura cubana reciente. En este sentido, el libro y la investigación de Abreu son fundacionales.

Los juegos de la Escritura es un libro polémico que, a la vez que analiza los entresijos de la literatura cubana contemporánea, nos revela los mecanismos de la construcción y desplazamiento de un canon de escritura en inmediata conexión con las condiciones socio-políticas del país. Ello lo hace un libro atrevido y necesario, que nos ayuda a imaginar, junto con el pasado, los que serán los caminos futuros. Me complace figurar en la lista de ensayistas y críticos de quienes Alberto se alimenta y con los cuales, de manera implícita, no pocas veces discute. Le agradezco la voluntad y la capacidad de reunir evidencias de campos diversos, el conocimiento que le permite ir de la poesía a la crítica, a la narrativa, a las artes plásticas, a los textos de pensamiento socio-cultural que han marcado hito en estos años. Agradezco más cuando tal esfuerzo ha sido realizado desde fuera de la capital, en desventaja respecto al uso y consumo cotidiano de material actualizado de la teoría social y contemporánea, así como sacando el jugo a bibliotecas cuyo estado y dotación muchas veces no es el mejor.

Alberto ingresa en esa categoría de gigantes nuestros que demuestran, a fuerza de trabajo y sin escándalo, lo que realmente significa obra de amor: al país y a la literatura. Que nos hable ahora y que encuentre a sus mejores lectores.

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