¿Puede ser negra la nación?

Por Alberto Abreu

Por estos motivos, en los renglones que siguen, me gustaría leer la puesta en escena de esos viejos discursos sobre la intransigencia revolucionaria escenificados en La Jiribilla, en su primera reacción al texto de Roberto Zurbano, como el espacio donde los hablantes se construyen a partir del doble juego entre lo dicho y lo desplazado, entre lo leído y lo suprimido, lo que es políticamente correcto decir y lo que se silencia, enmascara. Escrituras, discursos en los que subyace una intención otra, un texto quimérico, desconsolador, homicida que no es precisamente la Revolución (texto al cual apelan los hablantes pretendiendo otorgarle a sus discursos efectos de verdad) sino el miedo al negro. Este último vendría a ser el texto otro que mediante una serie de artimañas retóricas, veladuras discursivas releen, actualizan. Lo que pretendo analizar son las grietas, los intersticios que generan el juego discursivo entre memoria y olvido.

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