Reflexiones sobre las trampas y engaños de "El estado actual de la lucha antirracista". (A propósito del panel recientemente organizado por ARA en La Habana).

Por Alberto Abreu

El viernes 12 de julio en horas de la tarde asistí al panel: "El estado actual de la lucha antirracista" organizado por ARA en su capítulo cubano. Tenía mucha expectativa con relación a este encuentro, si tenemos presente que ARA está punto de cumplir su primer año de vida, (intento decir de trabajo). Por otra parte, todavía no se han apagado los ecos de los debates y reflexiones sobre la problemática racial cubana generados tanto en Cuba como en el extranjero a partir de la aparición del texto de Roberto Zurbano en el mes de abril en el The New York Times y los lamentables hechos que sucedieron a su publicación entre los que se encuentra la destitución de su autor del cargo que ocupaba en la Casa de las Américas, así como la contundente y apenas atendida, declaración de ARA en este sentido. Por estos motivos decidí viajar desde Cárdenas a La Habana para asistir al panel.

Cuando llegué la pequeña sala estaba abarrotada, como no conseguí asiento me hice de un lugar junto a la escalera, al final de la sala. Lo que finalmente agradecí, pues me brindaba la posibilidad de tener una perspectiva más objetiva e imparcial sobre la reunión y las diferentes posiciones que allí concurrían. Para tener una idea de esto último, basta de decir que la sala estaba integrada por un público heterogéneo, entre los que reconocí a algunos académicos, artistas, miembros del Comité Ciudadano por la Integración Racial, líderes comunitarios, dramaturgos, miembros del movimiento de rap cubano, algunos investigadores norteamericanos y también rostros jóvenes, que por sus preguntas e intervenciones comprendí que recién se estrenaban en este tipo de debate.

Roberto Zurbano, quien en esta ocasión fungía como moderador, presentó el panel integrado por Dmitri Prieto Samsonv (escritor y abogado, quien atiende en ARA el eje de derechos humanos), los otros panelistas eran Gisela Aranda, Tato Quiñones y Tomás Fernández Robaina.

Sin embargo, (más allá de las catarsis de siempre sobre las mismas problemáticas, reclamos, demandas y de las acciones e intervenciones en el espacio social emprendidas de manera individual o de proyectos aislados, cuya relatoría no estaba exenta de ciertas pretensiones del protagonismo), la reunión se caracterizó lamentablemente se caracterizó por la ausencia de propuestas. Las reflexiones más interesantes, lejos de tener un carácter propositivos, fueron aquellas relacionadas con el lugar de ARA y su lucha dentro de la emergente sociedad civil cubana, y otras interrogantes sobre el status legal del racismo en la Cuba actual y la necesidad de reclamar leyes en este sentido. Inquietud o demanda que, en los últimos años, se torna recurrente en este tipo de discusiones. Pero que en esta ocasión vino acompañada de testimonios tangibles, como fue la denuncia que hizo la rapera Magia López de un texto cuya escritura está poblada de verdaderas marcas racistas, el cual acaba de ser publicado por la revista La Calle del Medio en su último número (no.60, abril del 2013). En " ¡Gonza Benyonce!", así se titula el texto de marras, su autor Charles Morales García, compara a Jay-Z con un vendedor de aromatizante de Centro Habana, más allá de su prescripción higienista, aristocratizante de los personajes e imaginarios de lo popular," ¡Gonza Benyonce!" vehicula una percepción estigmatizante el cuerpo racializado negro. Ahora, que semejante tipo de texto se publique, circule y difunda, entre nosotros, en una publicación oficial y de amplia circulación viene a confirmar la impunidad y el desamparo ciudadano del sujeto afrocubano ante tales prácticas racistas y la urgencia por exigir leyes que nos protejan en ese sentido. Otros testimonios ofrecidos por los participantes en esta reunión estuvieron relacionados con policía, quien tradicionalmente figura entre las principales instancias en este país, que práctica y reproduce el racismo. Los participantes expusieron varios casos de este tipo de arbitrariedades con un carácter racial discriminatorio, ya recurrentes, cometidas por la policía sobre todo con adolescentes negros.

Como ven, a punto de cumplir su primer año de vida, ARA no ha logrado la visibilidad y representación necesaria para incidir en el complejo y cambiante espacio político, económico y social cubano de estos días. A mi entender le ha faltado la agresividad, que caracterizan a los movimientos auténticamente populares como el rap, el hip hop para incidir en el espacio público y sus transformaciones. Quizás por su cercanía al espacio político, sus acciones se diluyen y empantanan en eternas reflexiones sobre qué, el cómo y el momento oportuno, adecuado para decir las cosas. Pero resulta el qué, el cómo y el momento oportuno son también construcciones retóricas propias del saber letrado y de su manera de construir y pensar los fenómenos y lo "real", pero lo R E A L está por encima de nosotros, escapa a toda construcción desde la cual intentamos aprehenderlo. Algo verdaderamente paradójico cuando se lidia con fenómenos y prácticas subalternas cuya lógica y dinámica es otra, siempre se mueve por el afuera de los marcos analíticos del saber y los salones académicos, porque habita en las calles con su saber de gente. Habrá que desprenderse de esa manía hegemónica, que siempre nos ha caracterizado, de fiscalizar, normar y dictar el rumbo, las pautas de lo popular: sus sujetos, prácticas e imaginarios, entender que sus procesos, como demuestra Canclini y los estudios culturales, tienen su vida e historia autónoma. De ahí, que tales movimientos siempre marchan delante del pensamiento, le imponen una especie de handicamp.

La declaración emitida por ARA, a raíz de la reacción suscitada en Cuba por la aparición del texto de Zurbano en el The New York Times, pudieran ser un ejemplo de otras acciones o pronunciamientos similares que ARA pudiera realizar ARA a propósito de estas prácticas discriminatorias que ocurren a diario ante nuestros ojos, con el objetivo de ir cambiado la correlación de fuerzas que prevalece en el espacio socio-político y perfilar su propia identidad, su solidaridad y el compromiso de marchar al lado de la gente de a pie en esta lucha.

También le urge dejar atrás el recurrente habanocentrismo heredado del fundamento colonialista de "ciudad letrada". Entender cómo operan estas prácticas en otros contextos y espacios no-capitalinos. Dejar de hacer de esta lucha un fenómeno propiamente de los salones intelectuales habaneros, y dotarlo de una dimensión nacional.

Por último, quisiera llamar la atención sobre varios contrasentidos que pudieran derivarse del discurso académico insertado en ARA. Sobre lo cual me saltan muchas interrogantes y preocupaciones. Por ejemplo, si ha sido la academia y el propio discurso historiográfico los productores y legitimadores históricos de la exclusión racial y de su condición negativa, subalterna. En este sentido, no basta con estar presente en ARA, es necesario volverse contra ese mismo saber académico, descolonizar esas herramientas analíticas, categorías, conceptos eurocentristas que nos secularizaron como subalternos y en el cual, todavía hoy, somos formados y en cuyos circuitos trabajamos respondiendo a mucho de sus protocolos. (Eso que Nelly Richard llama la antidisciplina, transdisciplina y el redisciplinamiento). Frente a este pliegue o dualidad, me pregunto: ¿cómo entender desde este posicionamiento de sujetos disciplinados el papel de contradiscurso o contranarrativa que históricamente a tenido lo negro, frente al saber letrado, frente a esa filosofía de la historia, y las categoría y herramientas analíticas que todavía se enseñan y prevalecen en nuestra academia? Hablo de ir construyendo un lenguaje y pensamiento que esté en coherencia con el carácter hereje, dislocador de nuestra afromodernidad, inventar nuestros propios marcos interpretativos y categorías analíticas, construir nuestro propio relato de la historia, en lugar de estar gestionando y reclamando nuestra espacio, como un apéndice de esa historia oficial que nos subalternizó porque se construyó siempre mirando y siguiendo a Occidente. El cauce de nuestra historia, su temporalidad fueron otros, ellos mismos nos obligaron a marchar por los afueras, nos construyeron como lo que no se integra, lo bárbaro, lo incivilizado, lo que es necesario blanquear, disciplinar para poder entrar en sus marcos analíticos. ¡Oh, no, Olofi! Que nuestro saber otro, siga marchando y siendo explicado desde ese afuera, que reconstruya los sitios dispersos de su memoria violentados por el olvido de esa historia oficial, pero para ello debe inventar su propio lenguaje y terminología, resistirse a todo intento de la academia por convertirnos en objetos dóciles de estudio para continuar oxigenándose. Por eso ¡ojo! Hablar en la televisión de la presencia importante del negro en la historia de Cuba y en la formación de la nación así a secas, enseñar la historia de África en la secundaria sin analizar el lugar interpelador y erosionador de la presencia negra en ese proyecto de nación y modernidad excluyente, y eurocentrista y sin señalar como este para ir construyéndose tuvo que inventar al negro como el lugar de la basurización y de la barbarie, sería caer en una trampa. Pero para evitar esto habría que empezar por desmontar el actual estatus y los estamentos teóricos que imperan ennuestras ciencias sociales, con una academia que mira con recelo y resistencia a los estudios poscoloniales, subalternos, decoloniales y todo lo que huela a la post. Donde muchos académicos que durante años legitimaron este tipo de lecturas, interpretaciones y discursos subaltenizadoras, ahora figuran como protafonistas en los foros y debates sobre racialidad con un discurso que intentar travestirse. Sin embargo, ahí están sus libros rindiendo culto, reactualizando para el presente las “contribuciones” al “pensamiento” de la nación hecha por esa genealogía de patricios ilustres fundadores de la nacionalidad cubana, donde silencian o desplazan a un segundo o tercer plano su lado racista y esclavista.

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