Mirada crítica al debate racial

Por María Alejandra Casanova García

Uno de los pilares del imaginario de fundación de la nación cubana se refiere a la igualdad racial. Una larga historia de esclavitud, discriminación, problemas económicos y sociales hacen que falte mucho por lograr ese ideal. Ante esta realidad resalta el papel del activismo de escritores y artistas, así como de proyectos e iniciativas antirracistas que han conseguido hacer de este tópico un punto ineludible de la agenda pública intelectual.

Como parte de mi tesis de diploma en Periodismo acerca del debate racial cubano, contacté con el ensayista Alberto Abreu Arcia, autor entre otros del premiado e inteligente volumen Los juegos de la Escritura o la (re)escritura de la Historia.

De esta conversación virtual, cuya agudeza agradezco a Alberto, destaco la sinceridad de su última respuesta: un «No» rotundo, que evidencia el largo camino aún por andar. El desafío está en hacer de ese «No» un «Sí». Cuando eso suceda la lucha contra la discriminación racial y el racismo estará teniendo el éxito palpable que los comprometidos con Cuba siempre han deseado.

§ ¿Hasta qué punto considera que la comunidad intelectual cubana en general es receptiva al tema de la problemática racial? ¿Cuál opina Usted que es el papel del intelectual dentro del debate sobre la problemática racial en nuestro país?

Creo que la principal dificultad a la hora de responder a esta interrogante parte de que la misma concibe a la comunidad intelectual cubana como una entidad homogénea. Por lo que se impone una aclaración preliminar: los discursos y los agentes sociales que lo ponen en circulación son múltiples, divergentes y compiten entre sí provocando lo que John Dryzek bautiza con contiendas discursivas en la esfera pública. Yo prefiero hablar de campo intelectual, porque ilustra mejor no sólo las fracciones, intereses, grupos, sino también las dinámicas, relaciones internas y la lógica que, en la actualidad orientan la discusión sobre esta problemática, y sus vínculos con el poder, la cultura y la política. ¿Cómo estos discursos circulan y compiten entre sí por su legitimidad llegando a establecer consensos y diferencia? No es lo mismo el ámbito de las ciencias sociales, sobre todo aquellas disciplinas vinculadas a la etnología, la sociología, la historia, etc. que parecen haber focalizado el debate oficial en los últimos años, que el campo de la literatura, las artes, el discurso crítico sobre las mismas y el espacio de las prácticas simbólicas donde este debate o este tipo de reflexión parece contar con cierta resistencia. Ni tampoco las propuestas e interrogantes que sobre esa problemática se hacen blogueros como: Negra cubana tenía que ser, Afromodernidades, Afrocubana, por sólo mencionar tres de ellos. A su vez, las interrogantes y preocupaciones sobre el racismo y la discriminación racial de que se nutren el primero de los segmentos antes mencionados (el institucional) parece estar de espalda a lo que está pasando con las prácticas emergentes relacionadas con la racialidad como la cultura hip hop, el Spokin Word, o el proyecto OMNI ZONA FRANCA. Estos últimos nos vienen a recordar que la cultura popular negra no se ha quedado sólo en los orishas, las prácticas de la santería, sino que, afortunadamente, ha evolucionado, establecido nuevas simbiosis, readaptaciones propias de sujetos y una identidad racial que se re-de-fi-ne en un espacio de cruces, de flujos y reflujos entre lo local y lo transnacional, que escapan a todo esencialismo o fundamentalismo racial. Sin obviar lo que está sucediendo con otros grupos con propuestas políticas diferentes a las nuestras.

§ En su opinión, ¿podemos decir que los intelectuales más comprometidos con el tema tienen consciencia de grupo, actúan como tal, como una red? ¿Existe una microesfera pública?

Hablas de compromiso así en abstracto, un compromiso se establece a partir de determinados parámetros, supone un consensus no basta sólo con decir que hay desigualdad racial, exclusión, etc., con apelar a estadísticas sociales para ilustrarlas o la necesidad de recalcar que siempre estás hablando desde posiciones revolucionarias, porque ya sabes que nuestra paranoia es interminable y se presta a todo tipo de malas intenciones, sobre todo cuando se carecen de argumentos teóricos sólidos, o cuando por problemas de celo o afán de liderazgo se quiere sacar a una persona del juego. Hay que desmontar los mecanismos históricos, esos relatos maestros de la nacionalidad, sus dispositivos de disciplinamiento y control cuerpo del otro de la racialidad a través de los cuales esa academia y esa historiografía subalternizaron al negro, concibieron sus prácticas, imaginarios y cosmovisiones del mundo como bárbaras, iletradas, prelógicas. Y este gesto deconstructivo que obligatoriamente pasa por el compromiso con la teoría parece marcar la frontera entre lo permisible, deseable y legítimo y lo no permisible e ilegítimo, por el doble juego entre lo dicho y lo desplazado desde el cual los circuitos académicos han comenzado a realizar la puesta en escena de la reflexión sobre esta problemática. Para mí el compromiso del intelectual reside en la transgresión o resolución simbólica de ese nódulo o especie de disyuntiva sobre cómo construir el relato de nuestra memoria: si articularlo desde el poder o desde la perspectiva del otro sin historia. Es decir, hay que ir a la raíz del problema, no perdernos o quedarnos sólo en la inmediatez, lo coyuntural, desatar con suspicacia y rigor los complejos y sutiles hilos sobre los que descansan las relaciones entre hegemonía y subalternidad. Creo que el empoderamiento, el activismo social, el trabajo comunitario es bueno, pero no basta, corre el riesgo de quedarse ahí, sino se descoloniza el saber. No podemos en este mundo tan lleno de relatos post, donde el desarrollo de la tecnología ha posibilitado la emergencia de nuevos sujetos e imaginarios, combatir la discriminación racial empleando los mismos discursos y estrategias de los años sesenta o setenta.

Pero la descolonización del saber resulta una revolución en el plano del saber verdaderamente utópica: si tomamos en cuenta que estamos en presencia de una academia y de intelectuales formados por esa academia que todavía responden a paradigmas y epistemologías heredados de la modernidad occidental, que se dicen de izquierda, latinoamericanos, que hay que revelarse contra el eurocentrismo, contra todo tipo de colonialismo mientras en lo epistemológico miran a Occidente. No quiero poner ejemplos, porque debo ser breve y porque lo he analizado más detenidamente en otros textos publicados en mi blog.

En cuanto a la segunda interrogante presupone una utopía: tanto los discursos sobre la problemática racial, el feminista y afrofeminista, y el de la diversidad sexual constituyen, más bien, los primeros gestos o ademanes encaminados a la construcción o articulación de esa esfera pública. Sin embargo, el paso más decisivo en este sentido, a pesar de las limitaciones del cubano a Internet, se está dando a través de los blogs, donde se construye un espacio verdaderamente democrático y transdiscursivo, de flujos informales y anónimos, de múltiples conversaciones y circuitos de comunicación o en los reclamos e interrogantes sobre la ciudadanía, la identidad racial, la exclusión social, la oralidad, la memoria colectiva presentes en la música rap, el Spokin Word, que escapan a los criterios de clasificación, ordenamiento y jerarquización de lo real que, sobre la problemática racial cubana, pretende construir la academia. De ahí que, en este último caso, hablemos de textos y sujetos siempre en fuga, que descolocan a este protocolo, que se resisten a ser los sujetos dóciles de la diferencia reclamados por la voracidad del saber académico, como paso previo para ser blanqueado y asimilado a la institución. De ahí el desdén con que muchos circuitos del arte y la literatura miran a esas prácticas, donde como escribió una vez un crítico cubano desconcertado ante las mismas: uno no sabe si hacerlas cenizas o alabarlas. Ellas sacan a la luz sus percepciones higienistas y blanquistas del hecho cultural.

§ ¿Qué episodios de la comunidad intelectual cubana comprometida con el tema racial, de los 2000 en adelante, considera más importantes? ¿Qué consideración le merece la polémica alrededor del artículo publicado por el ensayista Roberto Zurbano en el periódico The New York Times?

La Gaceta Negra, El Coloquio internacional sobre Juan Francisco Manzano, La Gaceta de Cuba dedicada a Ediciones El Puente como gestos inaugurales que abrieron el camino para las discusiones y numerosas antologías que vinieron después y para la discusión pública sobre el tema en el campo intelectual cubano. Y la creación de ARAAC.

En cuanto a la polémica generada por el texto de Zurbano corrobora muchas de las cuestiones que ya te apunté. En primer lugar, creo que ayudó a perfilar el espacio de las posiciones y toma de posiciones en cuanto a los agentes sociales comprometidos en este debate. Me resultó risible cómo determinados circuitos académicos siguen anclados en determinadas nociones como mestizaje, mulatez, etc., ya hace tiempo desmontadas por los estudios culturales latinoamericanos. Vino a poner de relieve que en muchas cosas no hemos salido de determinada prácticas heredadas del Decenio Gris, más bien la hemos readecuado a los nuevos escenarios: ahora apelamos al linchamiento mediático. Demostró que sólo pueden hablar oficialmente del tema determinadas personas y obedeciendo a determinadas reglas. Lo que me recuerda a mi amado Foucault cuando dice que los discursos son máscaras. En cuanto a La Jiribilla, no creo que estuvo a la altura de este debate, lo manipuló a través de una serie de ejercicios retóricos como demuestra Víctor Fowler en su brillante texto. En mi caso se negó a publicar el texto que le envíe, peor aún: no hizo siquiera acuse de recibo. Un gesto verdaderamente irrespetuoso no sólo por las alusiones que su editorial y el texto de Víctor Fowler hacían a mi blog, sino porque, anteriormente, siempre que solicitaron alguna colaboración, no escatimaba tiempo para priorizarla por encima de otros compromisos de trabajo como en el caso de los dossiers sobre Ediciones El Puente y la Crítica Literaria en Cuba. Por suerte, gracias a esa emergente esfera pública, en tiempos donde nadie tiene el control discursivo, mucho de los textos más sinceros, estimulantes y de mayor agudeza reflexiva circularon a través de La Ceiba, Afrocubaweb, y los blogs. Los cuales publicaron todo los puntos de vistas y textos sin exclusión ni ningún tipo de condicionamiento. Muy interesante es la entrevista que Julio Ramos, uno de los pensadores latinoamericanos de izquierda más importantes, le hizo a Tomás Fernández Robaina y a Fowler. Ahora, creo que en el extranjero van a salir todos los textos de la polémica en formato de papel, eso es muy importante para que de aquí a 10 o 15 años, la gente pueda consultarlo y valorar con justeza, porque nuestro talón de Aquiles es la mala memoria.

§ ¿Cómo evoluciona ese debate? ¿Ha incidido el cambio del contexto en el cambio de la discusión sobre la problemática racial?

Oye, qué optimismo se respira en muchas de tus preguntas Creo que el debate se ha empantanado, justamente porque el contexto sigue igual. Que un grupo de intelectuales hablen en cenáculos o eventos académicos a donde sólo asisten los intelectuales y establezcan demandas las mayorías de ellas desoídas, no cambia nada. Y ¿qué hay con mis vecinos, con los tuyos, con el placero de la esquina o con el policía negro que para a los negros para pedirle carnet? Se necesitan cambiar las preguntas, y si no se pueden cambiar la pregunta hay que cambiar a los sujetos que la enuncian. Ya me aburre escuchar hablar de los mismos temas de desigualdad, el racismo, la discriminación al negro, su reivindicación social. La realidad de la calle es mucho más dolorosa, contradictoria y compleja, hay que salir a caminar, oír a la gente, meterse en los suburbios donde viven, escuchar sus palabrotas porque el lenguaje oral y gestual es una forma de resistencia, tiene sus códigos, expresa realidades y sus modos de enfrentarlas o sobrellevarlas, en fin pensar la calle. Aprender cómo el negro/a sobrevive y enfrenta a diario esa exclusión y ciudadanía abyecta. ¿Por qué la emergencia en los últimos tiempos de tantos gay y lesbianas negro/as? ¿A qué motivos responde su invisibilidad en la literatura cubana más reciente? ¿Por qué gestos machistas en líderes que en la actualidad abogan contra la discriminación racial? Creo que lo que pasó con Tomasito es un ejemplo de esto último, hay que huir de fundamentalismo, establecer alianzas, pensar la identidad racial negra como algo que se construye en la interseccionalidad de otras identidades. Por eso, me fascina ese saber de gente: su cinismo, alianzas, negociaciones, cómo y por qué los negrones del barrio fueron creando una estética de su cuerpo masculino configurándose en un objeto del deseo.

§ Tengo la percepción que la comunidad intelectual que se ha comprometido con el tema racial en Cuba ha discutido mayormente sobre cuestiones históricas y le ha rehuido a la cuestión racial hoy en Cuba. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Totalmente de acuerdo. Pero incluso en lo histórico: las reflexiones están construidas desde el poder, y respetando los paradigmas, silencios y prejuicios que tanto la historiografía liberal burguesa como la marxista ha tenido sobre el negro. En este sentido este como una especie de consenso y pacto de caballeros entre los historiadores.

§ A partir de su experiencia, ¿es esta comunidad un espacio accesible para cualquiera que se interese en este asunto, sea o no intelectual, o independientemente de su color de piel?

Sí, en este sentido los negros son bastante inclusivos, no excluyen. Mira las religiones afrocubanas como en el presente muchos de los practicantes son blancos, y compara con el catolicismo o el cristianismo protestante. Además, recuerda que históricamente el intelectual blanco fue quien detentó el poder de enunciar y hablar por el negro, asumió el rol ventrílocuo de éste. Aludiendo a su incapacidad para el orden gramatológico y simbólico.

§ ¿Cómo se vinculan estos espacios más intelectuales con otras zonas de la sociedad?

Hay proyectos de empoderamiento y trabajo en las comunidades como el que desarrolló Color Cubano en el solar La California, la Cofradía de la Negritud, también Daysi Rubiera tiene uno con mujeres afrocubanas, Fátima Patterson en Santiago de Cuba, a través del teatro insertado en lo comunitario.

§ ¿Cree usted que el debate sobre la problemática racial en Cuba ha sido durante los últimos cinco años suficientemente eficaz y comprometido?

Lamentablemente no. Y lo más peligroso, ha sido demasiado habanocentrista. Incluso tus mismas interrogantes dan por hecho que lo que está pasando en La Habana es Cuba, qué barbaridad Es lo que Nelly Richard llama la estratificación de los márgenes: el excluido también crea castas, excluye y reproduce la exclusión de la que ha sido víctima.

§ ¿Se puede hablar de que esta comunidad ha articulado y presentado propuestas, programas, políticas, líneas de acción, etc.? ¿A quién se han dirigido? ¿Cómo, para qué y con qué resultado?

Desde luego que sí, y de manera insistente. Recuerdo varios de estas acciones llevadas a cabo por la Cofradía de la Negritud y dirigidas al Parlamento Cubano, o los recientes pronunciamientos de ARAAC. Pero creo que de estas acciones pueden hablar mejor sus actores.

§ Según su experiencia, ¿cree usted que el debate intelectual sobre la problemática racial en Cuba ha influido durante los últimos cinco años en la toma de decisiones?

No.

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