A un año de la partida física de nuestra Lalita.

Por: Msc. María I. Faguaga Iglesias

Cuando la avalancha de hechos nos absorbe, para describir el veloz paso del tiempo es recurrente decir que este “vuela”, que nos pasa “en un suspiro”. Ha sido así en el último año, contando éste a partir del hecho negativamente estremecedor para la militancia afrocubana que fue la partida física de la Dra. Inés María Martiatu Terry, para quienes la conocimos, apreciamos y queremos, sencillamente: Lalita.

Lalita en su multiplicidad. Historiadora y artista, teatrista y pedagoga, crítica y periodística. Me encanta sin embargo recordarla como afrofeminista y entusiasta organizadora. Recordar su fuerza de voluntad. Con esta y el teléfono escapa al ostracismo académico y al confinamiento

en silla de ruedas. Su vitalidad y creatividad no conocían de encierros.

Casi un año después de su adiós expiraba una de sus ídolos, otra extraordinaria y versátil afroamericana, afroestadounidense, Maya Angelou. A su regreso de un viaje a EE.UU (2011) que le resultó “sensacional”, Lalita me telefoneó. Me relató sus andanzas por allá. Sin contener su emoción de mujer vital en sus juveniles siete décadas, me dijo de su “suerte” de estar en el mismo recinto en que ofrecía clases la Angelou, me dijo de su admiración por ella. Salpicaba su rica descripción con anécdotas que expresaban su admiración por la fortaleza identitaria de los/las afroestadounidenses, por el trabajo de estos/estas en aras de la simetría de posicionamiento y de reales posibilidades para todos los grupos etno-raciales. Me ratificó entonces su anhelo porque la afrodescendencia cubana nos posicionáramos con similar fuerza y radicalidad en la Isla.

A un año de su partida la afrodescendencia mundial se empeña en viejos y nuevos proyectos. Se retoma el Panafricanismo, se afianza el afrofeminismo, avanza en algunas partes el activismo afro tanto como se paraliza o retrocede en otras. Mientras, el mundo asiste al éxodo creciente de africanos y haitianos que buscan la oportunidad imperiosa de sobrevivir. En el mismo Brasil de la Copa Mundial de Futbol, activistas e intelectuales coinciden en calificar y denunciar el “genocidio de jóvenes negros” por parte de la Policía Militar.

Ojalá que hacer algo en y por este mundo en caos sea hoy nuestro réquiem por Lalita. No para recordarla descansando, sino para que hagamos más, tanto más y mejor, con el sustento que nos otorgue el estímulo de su memoria.

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