La faz Homofóbica de Pánfilo

(Humorismo y discurso antigay)

Por Alberto Abreu Arcia

Hace varios días un amigo me dejó tres videos los cuales, según él, contenían algunas ediciones del programa Vivir del cuento, censurados por la televisión cubana, así como una presentación de Pánfilo (el popular personaje que interpreta Luis Silva en el programa televisivo Vivir del Cuento) en Varadero como parte de las actividades por el 13 aniversario del Hotel Meliá las Antillas. Les confieso que no suelo ver mucha televisión, pero en mi casa, en el barrio, y en la prensa había escuchado comentarios favorables sobre este programa. Así que copié la carpeta que contenía los cuatros videos para -en caso de que la información ofrecida por el donador de los mismos fuera cierta- ver las razones que tuvo la televisión para prohibirlos.

Me dispuse a disfrutar de ellos, en esas reuniones familiares, típica de los días festivos por el año nuevo, donde uno trata de conciliar todos los gustos. Mi invitación fue aceptada con entusiasmo. Por primera vez en mi vida, pospuse el deleite de lo “prohibido”. Sugerí que dejáramos para último los programas “censurados” por la T.V. y comenzáramos por la presentación de Pánfilo en el Hotel Meliá las Antillas. Desde los primeros segundos me di cuenta que estaba ante esas producciones foráneas que circulan, de mano en mano, a través de las memorias flash. A la actuación en vivo, se le había añadido un diseño de presentación de abominable. Por los créditos pude conocer que los responsables de la puesta en circulación de aquel producto se denominaban “Producciones d`Oramas Fotografía y Video”.

La actuación de Pánfilo descansaba sobre los mismos chistes de siempre con la libreta de abastecimiento, y otros anclados en lo coyuntural, la inmediatez y las carencias de la vida cotidiana del cubano, todos elaborados a partir de gastados estereotipos y desde una total falta de ingenio; además otros chistes de contenidos sexistas, disfrazado de humor verde. Verdaderos lugares comunes que buscaban entretener a un público integrado fundamentalmente por trabajadores del hotel y familiares de los mismos, quienes reían insistentemente no sé si de los chistes de Pánfilo o porque esas angustias de la vida cotidiana del cubano de a pie, para ellos -como para el Gerente del programa Vivir del cuento- hace tiempo que todos sabemos: han quedado muy atrás. Y qué decir de los intentos de Pánfilo por enseñar a un canadiense y a un uruguayo, que se encontraban en el público, qué era una tarjeta de abastecimiento.

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