El libro de Carlos Acosta ya no se presentará este sábado en La Habana

Jorge Ángel Pérez

Mientras escribo estas líneas el bailarín Carlos Acosta debe estar volando a La Habana. El artista volvió a ser noticia en la ciudad. Primero sería la presentación, en el Gran Teatro Alicia Alonso, de la versión de Carmen que preparó para subir a la escena nacional, y para dar a conocer a Acosta Danza, compañía que acaba de fundar, y de la que es director. Luego vendrían los rumores, sin que fueran confirmados, de que la editorial Arte y Literatura publicaría la autobiografía del bailarín y coreógrafo con el título: Sin Mirar atrás. Aunque medio mundo ya leyera el tomo, los cubanos esperaron, pacientemente, por su aparición.

El libro estuvo antes en el plan de publicaciones de Unión, la casa editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, pero jamás hizo el viaje de la redacción a la imprenta. Según se conoció, por susurros, la ira y el autoritarismo de Alicia Alonso fueron la causa de tal decisión. Dicen los que ya leyeron esas páginas, yo no estoy entre ellos, que el autor cuenta de su pobre infancia, de sus estudios en la escuela cubana de ballet y de su desempeño en el Ballet Nacional de Cuba. Gran importancia cobra en la historia, su condición de muchacho pobre y negro. Al parecer, aunque todos reconocieran en la compañía que se trataba de un gran bailarín, Carlos Acosta sufrió por el racismo de su directora.

Y no le tembló la mano al gran bailarín, convertido luego en escritor, a la hora de relatar ciertos pasajes que probaban la predisposición que sufría Alicia cuando se ponía delante de un bailarín o bailarina con una concentración de melanina en sangre algo superior a la de ella. La compañía recién fundada por el artista ya conoce la noticia, se les comunicó que se suspendía la presentación aun cuando el libro ya saliera de la imprenta, aun cuando el bailarín estaba ya haciendo el viaje a La Habana. Los organizadores del evento también se enteraron, y por supuesto que tendrán que dar la cara, aunque nadie sepa a ciencias cierta las razones que darán para escamotear la verdad.

Lo más probable es que no se mencione a la directora del Ballet Nacional de Cuba. Nadie va a comunicar a los posibles lectores, que Alicia Alonso está ofendidísima, con el bailarín negro, negro bailarín preferiría decir ella, porque pone al descubierto su racismo. Se comentó y se comenta todavía, que algunas autoridades del Ballet Nacional de Cuba harían algunas aclaraciones previas a la salida del libro, donde demostrarían que no existe ningún ápice de racismo en el corazón de la bailarina y directora, pero al parecer no se pusieron de acuerdo y el libro no podrá salir ahora, al menos hasta que se haga el desmentido que limpie la imagen de la Alonso.

Parecía que este iba a ser un gran sábado del libro, y si los organizadores no se apuran a decir la verdad, o a rectificar la decisión que con seguridad ya fue tomada, será grandísimo, sobre todo por el fiasco, de los más grandes que se conozcan en la isla, y mucho más si está relacionado con esa Plaza de Armas. Sin dudas, acatar la solicitud de Alicia es una muestra de racismo, como muchos de aquellos ejemplos de segregación que salieron de los palacios que circundan a esa plaza; el de los Capitanes generales y el del Segundo Cabo.

Es increíble que Isabel II, Reina de Inglaterra y mayor representante de una monarquía que en otros tiempos propiciara la trata de negros, convierta al bailarín negro, y cubano, en Comandante del Imperio Británico, mientras la gerontocracia de esta isla que vio nacer al gran artista, impida que se presente un libro que él mismo escribiera.

Tomado de cubanet

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