Presentación del Directorio Afrocubanas

Por Alberto Abreu Arcia

Voy a comenzar mi intervención en esta mesa relatando una anécdota la cual tiene que ver con el viaje de la teoría de una comunidad enunciativa a otra, sus gestos de re-contextualización y el modo en que la misma interpela al nuevo contexto en que es insertada. Hablo del Pensamiento Negro Feminista, y del itinerario de su apropiación y reciclaje al interior de las luchas emprendidas por un grupo de mujeres negras, en pos del reconocimiento de su cuerpo racialmente diferenciado y su lugar en la historia de la nación cubana.

La anécdota no es gratuita, por el contrario, me parece que contribuye a dar densidad (histórica y política) al término afrocubana, desde su movilidad y múltiples intersecciones. Si bien el mismo, ha sido expuesto a ciertas descalificaciones por el discurso académico, su significado histórico trasciende la mera aceptación del legado cultural africano como parte intrínseca de esta definición. Aquí el prefijo afro no solo alude a las marcas atávicas de la esclavitud, sino también a otro tipo de racionalidad formada en la diferencia colonial. Se trata de otra epistemología, de otra subjetividad, de una conciencia de mujer, una conciencia de fronteras.

A propósito de esta última afirmación, Gloria Anzaldúa en su ensayo “La conciencia mestiza”, nos deja uno de los diagnósticos más completos y memorables que conozco sobre las luchas que en lo carnal y lo interior viven las mujeres chicanas, indias, afroamericanas y por extensión las afrocubanas. Describe como las mismas se contraposicionan en los márgenes, gritando preguntas, desafiando las convenciones del patriarcado blanco, y refutando los puntos de vista y creencias arraigadas en la cultura dominante. Por eso, se trata de una subjetividad orgullosamente desafiadora, castigada habitar en las fronteras. Es un equilibrio entre dos formas opuestas, que al mismo tiempo elabora una síntesis que adiciona un tercer elemento (una nueva conciencia) que nace de las partes separadas.

Lo que Anzaldúa, denomina “la conciencia mestiza” es una conciencia de la ambivalencia, la conmoción psíquica, la perplejidad producto de la transferencia de valores culturales y espirituales. Condenada a vivir a la deriva, en mares desconocidos, donde la rigidez y la verticalidad del pensamiento significan la muerte; siempre cruzando fronteras en búsqueda de nuevos territorios, nuevos paradigmas: en un constante desplazamiento por los afueras de las formaciones discursivas cristalizadas, de los hábitos del pensamiento y la racionalidad analítica típica de Occidente. Por eso tiene una personalidad inclusiva, que opera de un modo plural: un nuevo paradigma, un contraposicionamiento que desmonta toda concepción dualista del sujeto y del pensamiento.

Me detengo en el texto d Anzaldúa porque se me antoja como el decorado perfecto, el telón de fondo a la anécdota que les quiero contar. La misma narra el encuentro entre dos generaciones de mujeres negras (Inés María Martiatu y Sandra Álvarez), cuya conciencia moral y teórica, de buenas a primera, son agitadas por los textos de Ochy Curiel, bell hook, Suelica Neiro, Audre Lorde propiciando el clima teórico decisivo para cambiar no solo la naturalezas de ciertas preguntas, sino también el lugar desde donde tradicionalmente se venían enunciando. Desde luego, que al interior de esta anécdota confluyen otras tramas que no solo pasan por la diferencia generacional, sino también sexuales, religiosas y por una variedad de soportes enunciativos que van de lo escritural a lo digital, pasando por el cuerpo de la mujer negra como lienzo de sus representaciones.

La anécdota, de entrada, nos sitúa frente a lo que han sido las dos propuestas más fructíferas y estimulantes dentro del pensamiento afrofeminista cubano. La deconstrucción del lugar doblemente subalterno que ha tenido la mujer negra en la tradición de pensadores negros y en movimientos – de un eminentemente carácter patriarcal y heteronormativo- como la negritud, el negrismo, el Marcus Garvey, el Renacimiento de Harlem, el black power, el panafricanismo etc. La segunda, está relacionada con la interseccionalidad de sus luchas, más allá de toda esencialización identitaria. Por cuanto, no existe una base natural (mujer, negra, lesbiana) para legitimar la acción política. Por ejemplo, Norma Guillard Limonta en su ensayo “Afrodescendientes lesbianas enriquecen su identidad: Cuba en el proceso de este desarrollo” tras observar como las nociones de womenismo o mujerismo que Alice Walker propone en sustitución del término feminismo el cual, desde sus inicios ha servido para visibilizar y legitimar la luchas de las mujeres fundamentalmente blancas, subraya como estos términos permitieron tomar en cuenta otras realidades y las historias de las mujeres negras; trayendo consigo el surgimiento del llamado afrofeminismo o feminismo negro.

Más adelante, se refiere Guillard a las diversas discriminaciones que vive una mujer, negra, lesbiana y a veces masculina frente a las normas del imaginario heterosexual. Este hecho, según ella, opera desde una interseccionalidad que pone en jaque a las identidades dominantes.

Desde luego, que este tipo de mirada no está excepta de confrontaciones como la que esta zona del discurso afrofeminista cubano sostiene con la teoría queer, y su apropiación acrítica en el contexto local. Clamando por la necesidad de imaginar herramientas conceptuales que emanen de las particularidades de nuestros propios contextos periféricos, postoccidentales. En un país donde las alianzas entre el movimiento antirracista y el LGBTI todavía continúan siendo un tema pendiente en la agenda de ambos movimientos. Son, éstas entre otras las razones que llevaron a negracubanateniaqueser a exclamar: “Yo, feminista negra radical jamás uso el termino queer ni me hago partícipe de esa corriente de pensamiento. En mi modestísima opinión es más de lo mismo, un concepto creado desde la blanquitud de clase media, económicamente empoderada y urbana, que por demás está siendo deconstruido desde el pensamiento decolonial, el feminismo comunitario, etc”.

Pienso en estas cosas, cada vez que evoco el encuentro entre la fallecida intelectual Inés María Martiatu y Sandra. Según confiesa Sandra la idea de este Directorio nació de aquellas conversaciones con la Martiatu (Lalita), cuando ambas se percataron de la ausencia sistemática de mujeres afrocubanas en las publicaciones y espacios de reflexión científica. "Ella fue mi mentora en temas de género y raza. Una de las labores importantes de Lalita fue conectarme con intelectuales que me ayudaron con la información. Tejió para mí una red de colaboradores que hasta el momento me han seguido ayudando".

Pero se trata de solo una verdad a media, también fue Sandra la que puso en contacto a Lalita con las principales autoras del Pensamiento Negro Feminista. Las huellas que delatan la impronta de este encuentro intelectual, ocurrido mientras Sandra preparaba su tesis de maestría sobre el cine de Sara Gómez, son fácil de rastrar en los libros y en muchos de los artículos que la Martiatu escribió o re-escribió posteriormente o en su manera de acercarse a el discurso de las raperas cubanas; así como en numerosos correos y llamadas telefónicas que intercambió conmigo.

Hoy, para nadie es un secreto el liderazgo de las afrocubanas dentro del movimiento antirracista cubano (Georgina Herrera, Deysi Rubiera a quien, entre tantas cosas, le debemos la cartografía más completa elaborada sobre este vertiente en Cuba, Gisela Arandia, Norma Guillard, Maritza López, Hildelisa Leal, Denyni Terry, Magia López, Yasmín Portales, la misma negracubanateniaqueser, Gloria Rolando, Fátima Paterson son apenas unos pocos nombres entre y otras tantas). Su labor es multidimensional pues abarca prácticas y áreas tan diversas como la de producción del saber, el debate en el cirberespacio, la capacitación en defensa de los derechos y libertades de grupos vulnerables por motivos de racialidad o preferencia sexual, la producción simbólica, el trabajo en las comunidades social y económicamente más desfavorecidas y en la gestación de nuevos espacios de participación ciudadana y equidad racial.

Gracias a ell@s el movimiento antirracista cubano está transitando de los asfixiantes territorios de la machangada a los espacios siempre liberadores de las mujerangas y los desmanteladores escenarios de la teoría afrofeminista. Donde el cuerpo de la mujer negra va gestando su propia mirada: sus reflexiones des-atadas e intranquilizantes.

Finalmente, quisiera referirme a un hecho que me llama poderosamente la atención en el Directorio de Afrocubanas, que hoy presentamos: es su posicionamiento en un espacio transnacional, online y su coincidencia con el potencial político de la diáspora negra y la identidad transnacional que están en los orígenes histórico del sujeto negro. En su capacidad para funcionar hacia afuera y hacia dentro del Estado-nación. Como si esta coincidencia operara como una alusión o metáfora de la presencia dislocadora y contradiscursiva de una identidad y un discurso rizomático, siempre en fuga frente a los paradigmas interpretativos del pensamiento occidental, pues continuamente se rehaciendo en otra geografía, en una casa con múltiples puertas de entrada y de salida.

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