Archive for 28 julio 2010

Ediciones El Puente. (Segunda Parte)

(RE)  Escribir la Historia de Ediciones El Puente.

(Segunda Parte)

Por: Alberto Abreu

Poesía yoruba, editada en 1963 testifica a favor de estas reformulaciones, cuando en el prefacio, su traductor y compilador: Rogelio Martínez Furé anota:

Estamos en un período de revalorización de nuestro acervo cultural. Cualquier información sobre los pueblos que nos conformaron, en especial, aquellos a los que la actitud prejuiciosa de muchos ha querido negarles facultades creativas, nos ayudará a conocer y comprender mejor nuestras características. Este hurgar en el pasado y en sus prolongaciones presentes servirá para hallar soluciones a nuestros conflictos de índoles culturales y reafirmación de nuestra personalidad como pueblo.

Y como si estas declaraciones no fueran lo bastante elocuentes. La nota de contracubierta señala: “Poesía yoruba, se publica por ser la cultura africana que más influencia ha tenido en Cuba, a través de la región (sic.) llamada Santería. ”  Al tiempo que  anuncia la edición de una vasta compilación de mitos yoruba bajo el título de Ifá Dice, la cual no llegó a salir. En cuanto a Poesía yoruba, me cuentan, que se agotó apenas se colocó en el mercado. Hoy, constituye una joya bibliográfica por los comentarios que encabezan cada una sus secciones y sus esclarecedoras notas al pie de página.

Aquí las moscas hacían bateyes inmensos

En los platos de lata y en los sentimientos.

Aquí los negros quieren ser hombres.

¡Pobre del negro!

¿Acaso no saben que existen tiendas por departamentos?

(“Desde atrás”)

Estos versos pertenecen a El orden presentido, de Manuel Granados. Su autor, al formular las relaciones pueblo-sujeto letrado; introduce (dentro de la norma conversacionalistas  predominante) inflexiones y giros propios del argot desclasado de la raza negra. Quizás en este último aspecto estribe su diferencia con un poeta de la generación anterior,  otro desclasado social, como Rolando Escardó. En el caso de Granados, no se trata solamente de la representación de ciertas categorías socioculturales asociadas a la pobreza como marcas lingüísticas del entorno en que ha vivido el poeta. Sino expresiones de una  crisis de identidad y su dimensión étnica alejada de todo exotismo y de la ideología homogeneizadora del blanquiamiento racial.

PARA EL NARRATIVO COMPLETO – Ediciones El Puente PART 2

Anuncios

Ediciones El Puente

(RE)  Escribir la Historia de Ediciones El Puente.

(Primera Parte)

Por: Alberto Abreu

Aquél es el parquecito de Albear. En Fragmentos a su imán, Lezama se refiere a él como “en la placita donde O’Reilly y Obispo/ desenfundan su Tarot.” Andar y desandar por Obispo, el diálogo, el misterio de sus calles antiguas, los encuentros y desencuentros… El poema, “Nuevo encuentro con Víctor Manuel”, recrea el ritmo, la atmósfera de los paseos de artistas y escritores de aquellos años por la ciudad intramuros.

Nada de bifurcaciones, en el mejor de los casos, torcer hacia el camino contrario es querer hacer otra cosa que la misma. Obispo, esa calle larga y angosta al estilo de las de Europa en el medioevo: “larguísima calleja”, la llama Lezama. En otro verso la glorifica: “una de nuestras calles ancestrales”.  Un espacio público que no se contamina, y se resiste a las intervenciones de la modernidad. En el poema de Lezama es una vía, una senda que propicia un viaje ancestral que, al estilo de los caminantes de Emús, marca siempre nuevos reencuentros.

Precisamente, si transitamos por Obispo en dirección a La Plaza de Armas, a mano derecha, encontraremos el local donde estuvo, hasta la década del sesenta, la imprenta Arquembau. En el dossier que prepara el crítico cultural Roberto Zurbano para La gaceta de Cuba dedicado a El Puente, incluye un texto “Aquella luz de La Habana” donde el dramaturgo Gerardo Fulleda _tomando como pretexto una foto de esos años en que eran tan jóvenes que daba envidia -, hurga en la memoria. Construye un relato desde la evocación, no excepto de paradojas y sin sabores.

Allí aparecen, a la entrada de la imprenta, (como si fuera no hace tres o cuatro décadas, sino ayer mismo); expandido por toda la acera: José Mario, Ana María Simo, Ana Justina Cabrera y el propio Fulleda. Al fondo, el ir y venir de los transeúntes. Un automóvil avanza en dirección a ellos, tal vez se ha detenido unos metros antes, eso ya jamás podremos precisarlo.

Si leemos con atención la foto nos percataremos, inmediatamente, de dos aspectos. El primero, tiene que ver con el escritor, su ciudadanía y los espacios públicos. Más que posar ante el lente de la cámara sus cuerpos insinúan una apropiación o actuación en el escenario urbano, propia de quien se vale de él para transformarlo en la escena de sus proposiciones particulares. El segundo, apunta a la diversidad racial y de género dentro de la ciudad letrada, sus pretensiones de representación y legitimidad.

Roberto Zurbano en el artículo “Re_ pasar El Puente”, que sirve de pórtico a este dossier comenta: “[…] pues otra de sus marcas significativas fue la alta proporción de mujeres, negros, homosexuales, pobres y otros marginados sociales que expresaban sus diversos conflictos e interrogantes literaria”.

PARA EL NARRATIVO COMPLETE – RE) Escribir la Historia de Ediciones El Puente