Archive for 27 abril 2014

Afromodernidades

Cuba: una patria y una nación imaginadas por los esclavos poetas del XIX.

Por: Alberto Abreu Arcia

El pensamiento historiográfico cubano ha insistido hasta la saciedad en los diferentes modos en que los patricios iluministas del siglo XIX, a través de la literatura, fueron delineando un proyecto de nación acorde a sus perspectivas e intereses de clase y raza. Sin embargo, poco o nada sabemos sobre cómo los esclavos o los mulatos y negros libres, desde su condición de sujetos subalternos, imaginaron a la nación cubana. ¿Cuáles eran sus percepciones sobre la patria, la cubanidad y cómo fueron evolucionando en ellos estas nociones?

Las líneas que siguen intentan explorar este fenómeno a partir de los poemas escritos por un grupo de esclavos como: Néstor Cepeda, Juan Antonio Frías, Mácsimo Hero de Neiba [Ambrosio Echemendía], Manuel Roblejo, Narciso Blanco [José del Carmen Díaz] cuyas voces emergen al panorama literario cubano entre 1850 y 1860.

CubaunapatriayunanacionimaginadaporlosesclavospoetasdelXIX .doc

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25 April, 2014 04:40

Por la diversidad sexual en Cuba: En el activismo no sobra ningún grupo

Por: Sandra Abd’Allah- Álvarez Ramírez

Del 6 al 10 de mayo se celebrará en Cuba la Conferencia regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales para América Latina y el Caribe (ILGALAC), y se espera que reúna a cientos de activistas de Latinoamérica y el Caribe interesados en una agenda común en el área con relación a los derechos de las personas.

El Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) es la i

nstitución que por nuestro país está encargada de la organización del evento, en el cual participarán activistas de sus redes comunitarias, como de otros proyectos ciudadanos independientes de la mencionada institución gubernamental.

Maykel González Vivero es un periodista cubano, con un marcado activismo contra la homofobia y por los derechos de las personas LGTBI en Cuba. Su labor es perceptible en su blog El Níctalope desde aborda regularmente la temática.

González Vivero formará parte de los activistas que por el proyecto anticapitalista e independiente o Arcoiris estará presente en dicho evento. Ante esa posibilidad, surgen entonces las siguientes preguntas:

¿Cómo valorarías el hecho de que a pesar de los evidentes retrasos de Cuba, comparado con algunos países del área, en temas como los derechos de las personas LGTBI, haya sido escogido el país para la celebración de la Conferencia Regional de ILGALAC?

ILGALAC usa en Cuba la hospitalidad de una institución comprometida con los derechos LGBTI como CENESEX. Declaraciones recientes elogian los avances de la Isla y la oportunidad de compartirlos que también proveerá la conferencia. CENESEX, sin duda, ha pugnado con perseverancia y posee un inventario actualizado en materia de derechos LGBTI. Lamentablemente, la noción de un activismo ceñido a las estrategias institucionales no ha favorecido el empoderamiento de las personas LGBTI en el país. Asumir que sólo hay una ruta para promover y reclamar el ejercicio de derechos con implicaciones políticas deteriora la credibilidad de ese activismo institucional. Cuba, digámoslo sin la sutileza de las propuestas respetuosas, se ha quedado a la zaga con respecto a varias naciones latinoamericanas con atavismos semejantes a los nuestros. En Argentina, Uruguay, etc., la diferencia la hizo una sociedad civil saludable y heterogénea, capaz de establecer alianzas con los movimientos políticos progresistas para erigirse en entidad dialogante con los poderes.

Entrevista a Maykel .doc

Afromodernidades

Apuntes para una cartografía en torno al debate del término Afrocubano/a.

Por: Alberto Abreu

En los últimos tiempos la impugnación del término afrocubano se ha colocado como un lugar común en diferentes intervenciones de intelectuales cubanos. Los intentos por descalificar este término provenientes, casi siempre, del ámbito académico institucional, y los argumentos esgrimidos por sus detractores trascienden la dimensión terminológica, y vehiculan un grupo de cuestiones relativas a la preservación de la identidad nacional, la historia de la nación y la unidad de la Revolución Cubana. Desde luego que tales impugnaciones no resultan nuevas. Me recuerdan la reacción que hacia finales de la década del ochenta produjo en el paisaje intelectual cubano el encuentro de un grupo de jóvenes artistas e intelectuales con los postulados teóricos del postestructuralismo y la postmodernidad, y los descalces de aquella generación emergente a ciertos marcos analíticos, paradigmas teóricos, así como al monolitismo de sentido, las percepciones enclaustradas del sujeto y la identidad nacional heredadas de los años setenta, las cuales se tornaban inoperante para analizar estos nuevos gestos culturales. Sobre la manera en que, tiempo después, esa misma academia recicló hasta hacer suyos tales presupuestos, discursos y obras -presentándolos, en muchas ocasiones, como una conquista suya-, es otra historia que no puede hacernos olvidar aquellas tensiones y encarnizados debates que, en el marco de las luchas interpretativas y en el plano de las relaciones saber-poder atravesaron el campo cultural cubano de la segunda mitad de los ochenta y primeros años de la década del noventa. En primer lugar, porque una zona importante de aquellas poéticas emergentes (René Peña, Armando Mariño, Douglas Pérez, Elio Rodríguez, Belkis Ayllón, Pedro Álvarez el método de actuación trascendente de Tomás González, la cultura hip hop) interpelaban las políticas de representación, hasta entonces vigentes, sustentadas en un sujeto nacional homogéneo, al tiempo que se abrían a provocadoras representaciones del cuerpo racializado negro deconstruyendo un grupo de mitos arraigados en el imaginario popular. Compulsadas por esa fascinación posmoderna por los bordes, la alteridad, la carnavalización, el neohistoricismo y la disolución de las fronteras entre lo culto y lo popular estas obras desmontaban ciertos silencios, estrategias de reducción que habían devenido en signo de la centralidad del poder del blanco frente al sujeto negro/a o mulato/a.

Sin embargo, ya entrado el nuevo milenio se produce un desplazamiento de estos análisis y debates, hasta entonces enunciados desde el campo de las presentaciones simbólicas y el discurso sobre el arte y la literatura, al campo de las ciencias sociales. Lo que trajo consigo la aparición de nuevas voces textos o proyectos socio-culturales que desde disciplina como la historia, la antropología, la etnografía jerarquizaron el abordaje de estas problemáticas. A ellos habría que sumarle otras cuestiones relativas a los paradigmas y el status teórico-metodológico de estas disciplinas para encarar esos nuevos desafíos provenientes de los imaginarios y sujetos subalternos, de la memoria contada desde el poder o desde la perspectiva del otro. Lo anterior resulta válido para entender por qué los debates sobre el término afrocubano/a, dentro del campo intelectual cubano de hoy, no sólo remiten -una manera u otra- a ciertos vacíos, momentos de tensión e irresolución simbólica dentro nuestra memoria nacional, sino que también necesariamente competen al status teórico de nuestras ciencias sociales, y sobre todo a las luchas que se libran en el espacio de las relaciones saber-poder.

Por estas razones, a pesar de que algunos como suele ser ya un lugar común en este tipo de debates culturales- intenten presentar al término afrocubano/a como peyorativo, erosionador de la identidad nacional, dicho rótulo se coloca como el lugar teórico que describe y donde se dilucidan un grupo de fricciones entre la viejas y las nuevas epistemologías raciales. Lo que intento decir, es que más allá de los afeites políticos, de implante neoliberal, etc., con que intentan ser presentado por algunos de sus detractores, los debates alrededor del vocablo afrocubano/a no son más que otro capítulo de las tantas luchas interpretativas libradas en la historia del campo intelectual cubano, donde lo que está en juego son relaciones de saber o lo que Pierre Bourdieu en La fuerza de la representación llama: el monopolio respecto al poder de hacer ver y hacer creer, hacer conocer y hacer reconocer. Así lo sugieren muchos de estos textos que vienen germinando desde los bordes del saber institucional, y en los que se advierten la impronta deconstructiva de los estudios subalternos y decoloniales, la crítica cultural y el pensamiento afrofeminista frente a la voluntad centrista y unificadora de una academia que en nombre el conocimiento verdadero se afana en domesticar, ordenar, jerarquizar gestos culturales, sujetos, e imaginarios que antes proscribió por iletrados, no cultos. El posicionamiento que en este sentido asumen los hablantes en estas discusiones nos ayuda a entender por qué en estas discusiones algunas voces oficialmente resultan más visibles que otras.

A manera de resumen considero, que un análisis de las discusiones sobre el término afrocubano/a en el campo cultural cubano del nuevo milenio, presupone: historiar la evolución e itinerarios que describe este término en su tránsito por el campo intelectual cubano de los siglos XX y XXI, auscultado aquellos momentos en que el mismo ha servido como mecanismo explicativo a nuestros procesos históricos-culturales. Llama la atención como tanto el térmico afrocubano/a como la ideología del mestizaje, de una forma u otra, deben su nacimiento o puesta en circulación a las mismas coyunturas históricas. Basta repasar las páginas de la Revista de Avance para constatar como Alfredo Zamora en su reseña Eduardo Abela, pintor cubano (1928), al referirse a la representación del negro en la pintura de este artista habla de: la complejidad del alma afrocubana. De igual forma Fernando Ortiz, quien empleó el termino en reiteradas ocasiones, nos habla de: Los afrocubanos dientemellados (1929), de Cuentos afrocubanos (1929), De la música afrocubana (1934), etc. De igual forma el rótulo identificó a instituciones como la Sociedad de Estudios Afrocubanos, dirigida por Ortiz y la revista Estudios Afrocubanos. Ballagas en su Mapa de la poesía negra americana, (1946) se refiere a las habilidades del letrado blanco para captar el espíritu afro-cubano. El vocablo también figura en los estudios de Rómulo Lachatañeré. Aunque, según afirma el investigador Tomás Fernández Robaina, el término fue criticado por Nicolás Guillén y Alberto Arredondo[1], sin embargo, es precisamente Gustavo Urrutia, amigo cercano de Guillén, quien lo dota de nuevos sentidos y de un horizonte de significado que dialoga con los propuestos posteriormente por Ortiz en su estudio Por la integración cubana de blancos y negros (1959). La genealogía que, en este estudio, Ortiz construye de dicho vocablo remonta su empleo, entre nosotros, a 1847.

Después de estos datos que, de manera sucinta, acabo de ofrecer resulta incongruente y hasta paradójico que quienes, en la actualidad, apelen a la descalificación de este término, sean los mismos que defienden el pensamiento transculturador de Ortiz, la mulatez de Guillén, o los travestismos y canibalismos culturales a los que apeló la corriente poética conocida como poesía negra, mulata, afrocubana o afroantillana. Desde luego, que a nadie se le ocurriría decir que en Fernando Ortiz el empleo del vocablo afrocubano, desde el punto de vista sintáctico, es defectuoso, ni que el mismo es un constructo llegado de la academia norteamericana, o un intento de trasladar metodologías foráneas para explicar nuestros procesos, ni mucho menos calificarlo de implante del neoliberalismo. Como si en la historia de nuestra modernidad periférica fueran nuevos estos ademanes de reciclajes, citas, apropiaciones y contra-apropiaciones que intentan dotar de nuevos sentidos y de un carácter propio ideas, tendencias y conductas culturales generadas en contextos centrales.

Lógico que los contornos semánticos de dicho vocablo no se han mantenido estáticos, sino que han ensanchado a otras inflexiones y recombinaciones. En 1966, en un texto entregado para un número especial de la revista Casa de las Américas (no. 36-36), dedicado a la presencia de África en América, Fernando Ortiz estratégicamente vuelve a reposicionar el término al hablar de una cocina afrocubana, en ese mismo número aparece un ensayo de Julio Le Riverend, quien propone el concepto de Afroamérica, retomado posteriormente (1992) por Nancy Morejón en su ensayo ¿Afroamérica, ¿la invisible?.

Finalmente pregunto: si en las comunidades intelectuales de América Latina y el Caribe, donde el término es reciente, el mismo ha sido abrazado sin reticencia, ¿por qué en Cuba sigue despertando tantos recelos? ¿Qué razones se enmascaran detrás de los mismos? Lo cierto es que quiérase o no: afrocubano/a no es un simple vocablo, sino del espacio teórico que la tradición del pensamiento antirracista y descolonizador cubano construyó a lo largo del siglo XX. El lugar de enunciación desde el cual se han articulado y re-pensando los vínculos de racialidad negra con la identidad nacional, nuestra historia y cultura.

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Fe de errata:

En el texto titulado: Prosiguen los espacios de conferencias, debates, y reflexiones ….” se plantea que la dirección de fotografía de “Sobre tus ojos”, pertenece a cargo de Alejandro Pérez en lugar de a Raúl Pérez Ureta. A fin de enmendar este equívoco a continuación transcribimos la ficha técnica de este material.

Guión y dirección: Rufo Caballero.

Producción: Suraima Vásquez Ruíz.

Dirección de fotografía: Raúl Pérez Ureta.

Banda sonora: Polito Ibáñez.

Montaje: Damián F. Font.

Coreografía: Tania Vergara.

Pedimos disculpas por el desliz.

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Prosiguen los espacios de conferencias, debates y reflexiones en la sede de la ACAA en Cárdenas como parte del proyecto curatorial Sediciones.

Como parte del proyecto curatorial Sediciones (Expo Homenaje a Rufo Caballero Mora), el pasado 5 de abril en horas de la noche el critico de arte Jorge Rivas ofreció una conferencia sobre la problemática del coleccionismo privado en Cuba. Rivas abordó la génesis del coleccionismo, sus distintos períodos y avatares dentro de la historia del arte cubano. Según el crítico los coleccionistas en Cuba forman una familia pequeña. En su charla que duró aproximadamente una hora y media el conferencista también abordó otras complejas aristas que vinculan al coleccionista con las relaciones entre arte y mercado, y determinadas problemáticas de la política cultural y la sociedad cubana contemporánea. Así como las limitaciones que impiden su desarrollo.

Mientras en la tarde de hoy sábado 12 de abril un público integrado fundamentalmente por trabajadores de los medios, estudiantes de periodismo, amigos y admiradores, y entre los que se encontraba Nidia Mora la madre del fallecido ensayista y crítico cubano dialogaron sobre “Las sediciones críticas de Rufo Caballero al video clip y la crítica en los medios”, tomando como referente la labor ejercida por este intelectual en espacios televisivos como El caballete de Lucas y La columna . Los asistentes reflexionaron sobre distintas problemáticas que tienen que ver con el ejercicio de la crítica en la radio y la televisión, así como con cuestiones relacionadas con la circulación del video clip en nuestros medios. Según el director de radio Roberto González:”cuando se habla de crítica desde y hacia los medios en Cuba, hay que partir de la labor desarrollada por Rufo”. A lo que el narrador y ensayista Alberto Abreu, moderador del encuentro, añadió: ” Rufo no sólo lleno un vacío, vino a romper los prejuicios que muchos intelectuales sentíamos hacia los medios, quienes los veían como algo menor, propio de la farándula, e incluso introdujo a través de su críticas un grupo de categorías propias de la teoría de la cultura que hasta entonces sólo se movían dentro del marco selecto de los intelectuales. Podíamos o no estar de acuerdo con él, pero es innegable que sus puntos de vistas partían de argumentos sólidos, de un conocimiento vasto del arte y la cultura. Por otra parte, su ejercicio como crítico no solo se limitó a dar juicios de valor sobre los productos televisivos o los audiovisuales, sino que permitió explicar determinados movimientos o gestos culturales completamente nuevos en el panorama cultural cubano de principios de milenio como el video clip. El video clip era un género marginal, una expresión menor, otra cosa más de la cultura popular hasta que Rufo lo dotó de un soporte o basamento teórico que lo elevó a la categoría que hoy tiene. De igual forma pasó con determinados imaginarios o representaciones visuales de sujetos tenidos como marginales dentro de la sociedad cubana, a los cuales _rompiendo tabúes y prejuicios_ colocó en un plano de merecida dignidad”.

La actividad concluyó con la premier del video arte Sobre tus ojos realizado por Rufo Caballero con el ICAIC, y con la intervención de Viengsay Valdés, fotografía de Alejandro Pérez y la banda sonora de Polito Ibáñez.

Expo. SEDICIONES Testimonio Gráfico

Imágenes del proceso de montaje y de la inauguraciòn de la expo. Sediciones (Homenaje a Rufo Caballero Mora), inaugurada el pasado 5 de abril en la galería de la casa sede de la ACAA en Cárdenas.

Afromodernidades

El pasado sábado 5 de abril a las 5:00 p.m. fue inaugurada en la galería de la casa sede de la ACAA en Cárdenas la expo Sediciones en homenaje al destacado ensayista cubano Rufo Caballero. Afromodernidades continuaciòn reproduce las palabras al catalogo de Alberto Abreu, curador de la muestra.

Sediciones, así se titula el presente proyecto de curaduría. El título está tomado de un libro de Rufo Caballero, nos hemos apropiado de él a través de esos ejercicios intertextuales de citas y alusiones paródicas que tanto celebraba su escritura. Por otra parte, el mismo sintetiza esos juegos carnavalescos entre el centro y la alteridad, que en sus estudios sobre la visualidad cubana de finales del siglo pasado denominó subjetividades laterales.

Deseo aclarar, que aunque los presupuestos curatoriales de esta muestra tienen como punto de partida el tópico del coleccionismo privado en Cuba, no intenta reposicionarlo ni problematizarlo, simplemente que el mismo sirva de hilo conductor para una exploración entorno a la memoria y el espacio íntimo del artista. Quienes tuvimos la posibilidad de visitarlo, pudimos apreciar la importante colección de piezas de arte que Caballero atesoraba en su casa obsequiadas por artistas cuyas poéticas había ayudado a explicitar a través de su labor como crítico desde las páginas de El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Unión y la sección Espacio abierto de la revista Revolución y Cultura donde laboró por algunos años. Siempre me cautivó las sutiles connotaciones que adquirían de estas obras al ser emplazadas en un entorno íntimo, doméstico. Aspecto que ponía de manifiesto la suspicacia de Rufo como curador, sus predilecciones estéticas por determinadas poéticas, autores y discursos. Esto nada tenía que ver con la definición tradicional, más ortodoxa, del coleccionista de arte. Todo lo contrario. Estas piezas al formar parte del ámbito privado del ensayista, más allá de sus insinuaciones sediciosas, reñidas con la mojigatería de ciertos circuitos institucionales del arte cubano, expresaban una voluntad otra de socialización, y la aspiración de ser compartidas desde la complicidad con los amigos que lo visitaban. Estos aspectos, más allá de su matiz anecdótico, determinan los criterios curatoriales a seguidos en esta muestra proyecto.

Por razones que no vienen al caso analizar aquí, de aquella colección solo exhibiremos una parte que yace en poder de su madre y heredera universal. Lo que intento decir, es que Sediciones, es una muestra humilde, que puede provocar cierto sentimiento de decepción en aquel espectador ávido de fisgoneos, ansioso por encontrar en ella ciertos referentes o marcas alusivas a aquellas estéticas y gestos pictóricos que, durante las décadas del ochenta y primera mitad del noventa, revolucionaron la visualidad cubana. Por el contrario, en la muestra que van a ver importan tanto lo que se dice como lo que se calla y desplaza o aquellos momentos que sugieren un vacío o hiato dentro del discurso curatorial.

Varios son los retos que tuvimos que enfrentar a la hora de concebir Sediciones. El primero de ellos es la mirada antidisciplinaria que caracteriza la labor ensayística y crítica de Caballero, de ahí que sus reflexiones sobre el arte y la cultura se coloquen en un espacio fronterizo, la intersección con varios géneros como: la teoría, el audiovisual, la artes plásticas, el cine, la literatura, así como con determinadas problemáticas del campo cultural cubano relacionados con los imaginarios emergentes de la otredad o alteridad. Lo que nos lleva a concebir esta exposición como un espacio discursivo trans-genérico, siempre abierto a la reflexión y el debate.

Intentamos mostrar alrededor de 20 piezas de diferentes formatos, técnicas entre las cuales se encuentran obras de diferentes corrientes y períodos del arte cubano perteneciente a autores como Agustín Bejerano, Aisar Jalil, Isabel de las Mercedes, Socorro, Hilda y Manuel Vidal, etc., así como un grupo de fotografías y caricaturas realizadas a Rufo Caballero por artistas cubanos en varios momentos de su vida.

Alberto Abreu

Curador.