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Un nuevo libro para desterrar la “historia negra” de El Puente

Un nuevo libro para desterrar la “historia negra” de El Puente

Por Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez

22 Sep 2014 – 6:40am

La editorial Aduana Vieja, de Valencia, España, acaba de sacar a la luz el volumen La cuentística de El puente y los silencios del canon narrativo cubano, del intelectual cubano Alberto Abreu Arcia, quien por segunda vez se acerca a ese fenómeno cultural. A propósito de este nuevo acercamiento a las obras de este grupo de creación, dialogamos con el autor del volumen.

¿Por qué regresar una y otra vez a El Puente?

–Creo que habrá que seguir haciéndolo por muchas razones. Es un objeto de estudio que no se agota, por el contrario, cada intento por aprehenderlo, agotarlo, te plantea nuevas interrogantes. A lo anterior súmale otros motivos que van desde el acto de justicia literaria, el compromiso con la memoria cultural de la nación, hasta la necesidad de hurgar en aquellos libros, autores, gestos y prácticas intelectuales que la historia oficial tachó, excomulgó, por sectarismo político o ideológico.

Claro que en el caso de El Puente la cuestión resulta más dramática, porque viene a demostrar cómo las instituciones y determinadas figuras del campo intelectual cubano se pusieron al servicio de las prácticas más perversas e irracionales con tal de poner fin a aquellas posturas intelectuales y estéticas que consideraban como “disidentes”, que contravenían el modelo de “hombre nuevo”, de aquel sujeto revolucionario que después cristaliza en el arquetipo de héroe que propone la literatura de la violencia. Es decir, los intentos por construir este “hombre nuevo” conllevaron un proceso de disciplinamiento y coerción no solo en lo estético y lo literario, sino también sobre lo corporal y el deseo otro. Esto ocurrió mucho antes de lo que después se llamó el quinquenio o decenio gris.

Los miembros del grupo literario El Puente, y de los autores nucleados en torno a esta editorial, en aquel entonces eran prácticamente adolescentes o acababan de salir de esa etapa, y este es un dato que no se puede pasar por alto. Siguiendo la teoría de Bourdieu, este hecho los coloca en un espacio de menos autoridad y por lo tanto de mayor desamparo dentro del campo intelectual cubano de aquellos años, por lo que las furias irracionales obraron sobre ellos de manera más despiadada.

En el caso del sujeto puentero, el desplazamiento por la ciudad, los viajes a la playa, las reuniones en el malecón, los cabarets, las playas, la bohemia, eran esenciales. Es algo que lo diferencia de la figura del letrado tradicional circunscrito a los salones literarios. Así lo demuestran las innumerables fotos que he visto del grupo. Es su forma de experimentar la modernidad. Esto le permite al investigador acceder de primera mano a una serie de tramas, discursos y rumores circulantes en el espacio público de aquellos años, que la prensa no refleja, o lo hace parcialmente o politizándolos. Como las injustificadas detenciones policiales por determinadas formas de vestir, ser gay, lesbiana, o lo relacionado con las depuraciones universitarias, o el mismo fenómeno de la UMAP.

Por otro lado, cuando lees sus obras te percatas de que ya en ellos/as estaban presentes mucho de los tópicos que décadas más tarde –al calor de la posmodernidad– deslumbraron a la crítica y los estudios literarios cubanos como si se tratara de un fenómeno fundacional. Me refiero a la textualidad feminista, los temas del lesbianismo, la impugnación o desmontaje del concepto de género, lo fantástico, el absurdo, el existencialismo, los tópicos e imaginarios de lo urbano, la racialidad negra, la cultura popular, el latinoamericanismo, etc.

Creo que la historia literaria e intelectual latinoamericana y los numerosos estudiosos y estudios que tiene la década del 60, quizás por desconocimiento, por la imposibilidad de acceder a muchos de estos testimonios y documentos que no han visto la luz pública, o por el hecho de que El Puente fue tempranamente excomulgado, han insistido en fenómenos como Lunes de Revolución, P.M., Palabras a los Intelectuales, Pensamiento Crítico, el caso Padilla, la labor de Casa de las Américas, etc. Claro, que es más seductor hablar de las polémicas y rupturas de Vargas Llosa, Carlos Fuentes y otros escritores del boom.

Pero si recordamos que en ese período de los 60 es cuando la juventud y los estudiantes emergen a la escena política e intelectual latinoamericana, que son los años de la contracultura, la lucha de los gay, lesbianas y minorías étnicas por sus derechos civiles, si lees los textos literarios o documentos de El Puente, como “Manifiesto”, “Avancismo”, de José Mario, o las palabras escritas al primer recital de feeling y poesía en El Gato Tuerto organizado por el grupo, te darás cuenta que todos esos ademanes que, pocos años después, caracterizaron a la juventud de izquierda a nivel mundial, ya estaban en los jóvenes de El Puente, pero fueron dramáticamente segados por un proceso social y político que paradójicamente estaba llamado a propiciar y respaldar estos gestos.

Ambrosio Fornet, en su reseña sobre el libro de Mariano Herrera: La mutación, fue el primero en llamar la atención sobre la trascendencia que tenía el proyecto El Puente para la juventud intelectual de América Latina en aquellos primeros años de la década del 60.

Cuando uno lee los documentos relacionados con El Puente, o ve Conducta Impropia y escucha los testimonios de Ana María, José Mario y otros, se pregunta: ¿qué bomba pusieron estos niños?, ¿qué atentado político o terrorista cometieron? Ninguno, cuando no fuera el de gestionar un espacio de autonomía literaria y en proponer un proyecto de modernidad diferente, diverso e inclusivo desde el punto de vista social, de raza, género y sexualidad. La anterior pregunta nos lleva obligatoriamente a otra: ¿a quiénes conviene que todavía persista en Cuba la “leyenda negra” sobre este grupo literario, que no se sepa toda la verdad y por qué? A pesar de los esfuerzos de algunos intelectuales por reposicionar a El Puente en el lugar que se merece dentro de la historia cultural de la nación.

Para quienes no conocen la cuentística de El Puente, ¿cuáles son las figuras que publicaron en dicho sello y que analizas en tu libro?

–Durante sus cinco años de existencia Ediciones El Puente publicó ocho libros de cuentos: Ni un sí ni un no (1962), de Guillermo Cuevas Carrión; Las fábulas (1962), de Ana María Simo; La mutación (1962), de Mariano Rodríguez Herrera; Soroche y otros cuentos (1963), de Jesús Abascal; Cuentos para abuelas enfermas (1964), de Évora Tamayo; Mateo y las sirenas (1964), de Ada Abdo; La nueva noche (1964), de Ángel Luis Fernández, y Noneto (1964), de Antonio Álvarez.

A esta nómina habría que añadir otros dos libros. El primero de ellos se titula Con temor, y fue escrito por Manuel Ballagas cuando apenas tenía diecisiete años. El mismo se encontraba entre las pruebas de galeras que fueron confiscadas en 1965 al cierre de la editorial. El segundo se titula Osain de un pie (1964), de Ana Garbinsky, que, atendiendo a las convenciones de tipo genérico vigentes en aquellos años, aparece registrado como un libro de poesía, pero desde el punto de vista narratológico cumple con todas las exigencias de un volumen de relatos.

Para los autores antes mencionados estos libros constituyen su primer intento editorial, por lo que, independientemente de sus hallazgos, interrogantes y propuestas tanto ideoestéticas como estructurales, no pueden escapar a la falta de pericia propia de todo autor novel.

Más allá de que es un libro dedicado solo a la narrativa, ¿qué podemos encontrar de novedoso con relación a otras obras ya publicadas y que igualmente abordan el fenómeno cultural que significó El Puente?

–Mira, no solo me interesan los libros de cuentos, sino que los voy cruzando con la lectura de varios documentos, polémicas, testimonios recogidos a partir de las entrevistas realizadas a algunos de los miembros de El Puente y las críticas que recibieron estos libros de importantes intelectuales cubanos como Ambrosio Fornet, Virgilio Piñera, Calvert Casey, Mercedes Antón, Reynaldo González, Oscar Hurtado, Salvador Bueno, Armando Álvarez Bravo, y que se incluyen en los anexos. Lo que demuestra que se trata de libros y autores con gran visibilidad dentro de la cuentística emergente en aquellos primeros años de la década de los 60.

También aparecen en el anexo otros documentos inéditos como el Manifiesto, y una cronología de El Puente y su época. Por otra parte, me interesa discutir el criterio de periodización, los conceptos de vanguardia y posvanguardia literaria que los estudios literarios, dentro y fuera de Cuba, han empleado partiendo de la exclusión de estos textos y autores, así como las nociones de minimalismo y minicuento, que el discurso crítico sobre la narrativa cubana descubrió a finales de los 80 como si fuera algo nuevo, además de la cuentística escrita por las mujeres de El Puente, y las interrogantes e indagaciones en torno a la identidad sexo-genérica que sus escrituras vehiculan.

¿Es posible trazar una línea entre tu anterior libro y este nuevo?

-Desde luego, Los juegos de la Escritura o la (re) escritura de la Historia tiene entre sus intenciones examinar cómo se han movido los discursos normativos sobre el arte y la literatura posrevolucionaria. Incluso hay un capítulo dedicado a Ediciones El Puente, donde intento colocar a este grupo literario en el cauce de la historia literaria e intelectual de la cual formó parte y fue desterrado.

Es decir, ya venía trabajando en El Puente cuando apareció la antología de Barquet sobre la poesía de este grupo, un proyecto y un esfuerzo intelectual titánico, sin precedentes. Por esa fecha yo había presentado a la Editorial Letras Cubanas un proyecto bastante ambicioso, donde había invitado a colaborar a Barquet, Silvia Miskulin, María Isabel Alfonso, y a otros intelectuales de dentro y fuera de la Isla, ya fueran puenteros o que hubieran escrito sobre El Puente o algunas figuras del grupo.

El proyecto tiene siete secciones, una dedicada a lo memorístico con documentos inéditos sobre el grupo: cartas, palabras al recital de feeling y poesía, una crónica de este recital, el manuscrito original del proyecto de estatuto o reglamento de la constitución de la Brigada Hermanos Saíz (hoy, Asociación) y testimonios de sus miembros sobre aquellos años. Otra sección que reúne las notas de solapas y contracubiertas, reseñas críticas aparecidas en aquellos años sobre los libros publicados por esta editorial, ya fuera por los mismos puenteros o por otras intelectuales; otra con dos obras de teatro con una nota introductoria; la de poesía, con introducción y selección de Barquet; otra para los cuentos. La siguiente sección incluye fragmentos de las numerosas tesis de maestrías y doctorados que han aparecido fuera de Cuba. Finalmente, incluye fotos inéditas del grupo, portadas de todos los libros, la cronología y la ficha actualizada de sus miembros…

En fin, un proyecto muy ambicioso sobre documentos que estimo de un gran valor y que necesitan ser publicados en Cuba para iluminar un período urgido de claridad, y clave para recuperar nuestra totalidad como nación. Y para que el lector o el investigador se acerquen a El Puente a partir de su contacto con los textos originales y no desde referencias de segunda o tercera mano.

Este libro que acaba de ser anunciado por Aduana Vieja comenzó siendo un breve ensayo introductorio a los cuentos publicados por El Puente, que debía o debe aparecer en aquel proyecto inicial, pero me fui extendiendo y devino este libro. Sintomáticamente, no solo con los libros de cuentos, sino con la mayoría de los textos que publicó El Puente, ocurre algo muy revelador: es muy difícil, verdaderamente imposible, localizarlos en las bibliotecas de la Isla. No están, porque tal vez fueron recogidos en su momento. Lo que dificulta la búsqueda, pues tienes que apelar a coleccionistas privados, etc.

Algunos de estos libros pude consultarlos en mi viaje a los Estados Unidos, otros gracias a Barquet. Lo mismo pasó con muchos documentos publicados por José Mario como “La verídica historia de El Puente”, “Allen Ginsberg en La Habana” y “Novísima poesía cubana”, que son claves para entender la poesía y la historia de la lírica cubana de esa generación, los cuales Silvia Miskulin generosamente me hizo llegar desde Brasil con María Isabel Alfonso. A ello súmale lo agónico que resulta acceder a internet desde acá.

El libro fue publicado por Aduana Vieja, en Valencia, España. ¿Tienes previsto que en algún momento se edite en Cuba?

–Bueno, yo pensaba que la sensibilidad en Cuba no solo hacia El Puente, sino hacia estas problemáticas de la política cultural, historia intelectual y de las ideas en las décadas de los 60 y 70, había cambiado a partir de los debates generados por la “guerrita de los emails” y otros textos que habían visto la luz recientemente, como el dossier que preparó Roberto Zurbano para La Gaceta de Cuba, la antología de Inés María Martiatu sobre los dramaturgos de El Puente, la aguda reseña que escribió Zaida Capote para la revista Temas y el texto de María Isabel Alfonso también aparecido en esa publicación. Que se entendía la urgencia de la reflexión pública sobre estos temas, sin que mediara un límite entre lo decible y lo no decible, ni la supresión o represión de ciertos recuerdos malditos, ni el juego entre lo que se inscribe y lo que se borra.

Con ese ánimo lo envié a varios concursos literarios, que es la vía para que el libro saliera lo más rápido posible. Pero el intento no resultó. Silencio total. Entonces se lo propuse a varias editoriales fuera de Cuba. Algunas de ellas lamentaban, y creo que lo decían con sinceridad, no poder asumir el proyecto por el tema de la crisis económica. Finalmente, me decidí por Aduana Vieja, que tiene un catálogo y un perfil muy decorosos. Toda esta negociación de la que te hablo transcurrió en menos de dos días, entre el 7 y el 9 de enero del presente año. De todos modos, Letras Cubanas tiene aquel proyecto editorialmente ambicioso del que te hablé, que entregué en 2008 y por el que todavía estoy esperando respuesta sobre su aprobación o no. Pero, con relación a la pregunta que me haces: ¿publicarlo en Cuba? Claro que sí, esa fue no solo mi intención inicial, sino también el deseo de muchos miembros de El Puente. Aquí es donde hace falta, porque la reflexión y los estudios académicos sobre El Puente en España, Estados Unidos y otros países nunca dejaron de acometerse. Lo que pasa es que, ahora, Aduana Vieja tiene los derechos por cinco años sobre este libro.

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¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? (Segunda Parte y Final)

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina?

(Segunda Parte y final)

Por: Alejandro Zamora Montes

Hay que tomar conciencia de que nosotros los desclasados, los económicamente marginados, tenemos una lucha que debemos enfrentar unidos. Blancos, negros, mulatos, chinos, etc. Y a partir de esa lucha, cada uno como hombre, como mujer, como religioso, cada cual con su orientación sexual, unir todo lo que nos une y apartar lo que nos disgrega. Entonces la contribución del rap es llevar a sus canciones, a sus expresiones, todo lo que pueda unir estas nuevas voces, este nuevo pensamiento, este nuevo afán por lograr una sociedad mejor. No una sociedad revolucionaria, porque respeto mucho esa palabra. En mi experiencia, tanto dentro como fuera de nuestro país, es difícil hallar verdaderos revolucionarios. Son pocos. Pienso que es la conciencia de que formamos parte de una sociedad cubana que forma parte de una sociedad más amplia, donde también, en mayor o menor medida o en diferentes direcciones, se está luchando por lo mismo que se está luchando en Cuba. Lo que yo le pido al rapero de Cuba es lo mismo que le puedo pedir a un rapero colombiano, chileno o norteamericano: luchar por la concientización de porqué debemos luchar y contra lo que tenemos que luchar. Porque muchas veces luchando contra nosotros mismos, nos equivocamos de objetivo. No ver que porque cuando una persona canta algo o crea un poema que puede ser considerado erróneo, sea un enemigo nuestro. Por eso la cuestión de la Articulación Regional Afrodescendiente de América Latina y del Caribe tiene un objetivo, un propósito. Ahora bien, materializarlo sí es difícil, porque siempre habrá escollos. Tú mismo me has hecho una pregunta ¿Qué es lo que deben hacer las raperas y los raperos en este sentido? Deben hacer lo que toda persona consciente de la situación social de nuestro país, de la crisis que estamos enfrentando, haría: luchar para que los errores del pasado no se repitan. Debemos llevar a cabo el pensamiento de José Martí, «Con todos y para el bien de todos». Como la historia de cualquier sociedad (y la nuestra no se excluye), nunca ha sido para el bien de todos, sino para el bien de los que están en el poder. Para ellos todo, para los que nos hemos quedado afuera, nada. Debemos luchar por hacer realidad pensamientos muy románticos, muy lindos, que han quedado en nuestra historia. El racismo es uno de los fenómenos más lamentables de este siglo. Que lo viven y padecen no solamente los de raza negra. Nosotros estamos involucrados dentro de esta lucha por nuestros ancestros africanos, pero habría que ir a otros continentes para ver cómo se manifiesta esta problemática racial. Que a veces no es racial, sino que aparece como un problema étnico. Es un fenómeno complejo, porque recordemos que las grandes guerras civiles en África han sido por divisiones étnicas. Pero también detrás de estas guerras existen intereses de tipo económico y político. Estas guerras son provocadas por el control de estas dos últimas dimensiones. Todo esto que he venido hablando contigo, no está al margen del poder de las grandes transnacionales. Es como reza el dicho: «Divide y vencerás». Esas son las cosas que hay que visualizar, cuál es el enemigo común de todos nosotros. Y dentro de eso, analizarlo en cada país, con sus peculiaridades.

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Nuevo libro sobre las Ediciones El Puente (La cuentística de El Puente y los silencios del canon narrativo cuban o.)

Literatura cubana e hispanoamericana, ensayo, filosofía, arte, estudios culturales…

LA CUENTÍSTICA DE EL PUENTE
Y LOS SILENCIOS DEL CANON NARRATIVO CUBANO
Alberto Abreu Arcia
PVP: 22,00 euros Comprar [5% de descuento sólo en Publiberia Libros]
Descuentos especiales para universidades, bibliotecas e instituciones científicas.
Envíos nacionales gratis
Aduana Vieja, Valencia, 2014
ISBN: 9788496846463

Ediciones El Puente (1961-1965) fue uno de los primeros proyectos literarios independientes nacido en Cuba durante los años sesenta. Un espacio al margen de las nuevas instituciones culturales creadas por la entonces naciente revolución, y destinado a publicar a autores jóvenes y desconocidos, la mayoría de ellos negros, homosexuales y provenientes de los sectores sociales más humildes. Tan rápido como surgió, el grupo de escritores, que defendía la creación desde una posición autónoma con respecto a las intransigentes líneas estéticas oficiales, comenzó a ser señalado y censurado por sus posturas supuestamente “contrarias” a la ideología revolucionaria.
Una época donde ser gay, escuchar música en inglés o mantener correspondencia con intelectuales extranjeros podía conllevar no solo la humillación pública y recibir todo tipo de agravios, sino la detención o incluso el internamiento en campos de “reeducación”.
El presente ensayo se adentra por las enrevesadas e irracionales tramas de censura y marginalización que entretejen literatura y política en la Cuba de los sesenta, tomando como punto de partida los libros de cuentos publicados por El Puente, quizás el lado más desconocido y menos estudiado de este grupo. Un ejercicio crítico e historiográfico imprescindible para comprender el decursar posterior de la narrativa cubana.

Alberto Abreu Arcia (Cuba, 1961). Narrador y ensayista. En 1988 publicó el volumen de cuentos El gran mundo. Su ensayo Virgilio Piñera: un hombre, una Isla obtuvo el Premio Enrique José Varona, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (2000). En 2007 su libro Los juegos de la escritura o la (re) escritura de la Historia ganó el premio literario Casa de las Américas en la modalidad de ensayo artístico-literario. También tuvo a su cargo la antología de Nelly Richard: Crítica cultural, latinoamericanismos y saberes al borde (Fondo Editorial Casa de las Américas, 2011), entre otras publicaciones.

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Afromodernidades

Afromodernidades publicará en dos partes esta larga conversación entre Alejandro Zamora Montes y Tomás Fernández Robaina, donde entrevistado y entrevistador se adentran por un grupo de problemáticas, carencias y vicisitudes del movimiento de rap cubano apenas atendido por la crítica. La Agencia de Rap Cubano, el inesperado cierre de la revista Movimiento, el racismo, la homofobia, el sexismo, la representación de las identidades gay y lésbicas en las canciones de rap, la industria cultural, la institucionalización y su incidencia en la fragmentación del movimiento de rap cubano son discutidos aquí con una franqueza y mirada poco usual dentro de la crítica cultural cubana.

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina?

Por Alejandro Zamora Montes

En aras de intentar ser lo más justo posible y sin pretensión alguna de absolutizar, creo que nadie podría dudar a estas alturas que Tomás Fernández Robaina (Tomasito) es el intelectual cubano que más ha luchado (y lucha) por el movimiento hiphopero en Cuba. Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología por la Universidad de La Habana. Profesor Titular del Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional José Martí. Asesor del Instituto de Antropología. Investigador. Ha publicado más de un docena de obras, entre las que se encuentran: El negro en Cuba, 1902-1958, Cuba. Personalidades en el debate racial, Recuerdos secretos de dos mujeres públicas, Bibliografía de Estudios Afrocubanos, La prosa de Guillén en defensa del negro cubano, entre otras.

Alejandro: ¿Quiénes componen básicamente estos sectores, a su modo de ver?

Tomás: En primer lugar, todo este fenómeno proviene de una cultura de la desigualdad, de la pobreza, de la necesidad, de los que históricamente por una u otra razón, han sido marginados. Es muy interesante observar cómo en el movimiento rapero cubano surge una canción rapera, lésbica, defensora de los derechos de la mujer, interpretada incluso por raperas que se reconocen abiertamente lesbianas. Otras no, pero la defensa de los derechos de la mujer es muy fuerte en ambas. Sin embargo, una de las cosas que yo siempre señalo como una deficiencia dentro de este movimiento, es la presencia de prejuicios. Yo todavía no he oído una canción donde un rapero se asuma como gay, de hecho; no conozco ningún rapero gay, pero tampoco conozco a ningún heterosexual que haya asumido la voz del gay en la canción rapera. Esto siempre me ha llamado la atención, pues marca una peculiaridad existente en este movimiento que proviene básicamente de sectores populares, no voy a decir totalmente marginales, pero que son sectores muy machistas, homofóbicos, sexistas, que ven a la mujer como un objeto sexual. Pienso que en la actualidad ha habido un cambio muy interesante en ese sentido. Recuerdo que en algunas ocasiones, en el espacio cultural Delirio Habanero, hubo raperos que empezaron a interpretar canciones con contenido homofóbico y siempre había alguien que señalaba que eso no era correcto, pensando en la sensibilidad y el respeto del público, de las audiencias. Pienso que eso es un logro grande dentro del movimiento rapero en Cuba, lo cual no significa que la homofobia haya desaparecido dentro del seno del mismo. Por lo tanto, pienso que se debe seguir trabajando para mejorar en este sentido.

Alejandro: Existe un subgénero dentro de la cultura Hip Hop que prácticamente se desconoce en nuestro país, incluso dentro de las filas del propio movimiento. Estoy hablando del Homo hop. Reconocidos artistas norteamericanos como Cazwell o Frank Ocean, han reconocido públicamente su homosexualidad. Incluso la prensa especializada estadounidense ha reconocido a Frank Ocean como un genuino exponente de un estilo novedoso dentro del Hip Hop: el PBR & B o R&B alternativo. Quisiera profundizar un poco más en este tema: ¿No resulta contradictorio que impulsores de este movimiento (emancipador, transformador por naturaleza), tengan esas concepciones sexistas, machistas, homofóbicas? ¿A qué cree que se deba esto?

Tomás: Debo aclarar que esto no es un fenómeno privativo de nuestro país, sucede en cualquier sociedad. La nuestra se rige por las mismas leyes dialécticas e históricas presentes en todas las sociedades. Nosotros hemos sido educados (negros y blancos) en una educación eurocéntrica, católica o cristiana, pero siempre en una sociedad muy religiosa.

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