Archive for 14 octubre 2014

Cuba: soberanía y futuro, y los bordes temidos de la alteridad.

Cuba: soberanía y futuro, y los bordes temidos de la alteridad.

Por: Alberto Abreu Arcia

Cuando el lector de Afromodernidades lea estas notas ya se habrán cerrado las puertas del primer coloquio “Cuba: soberanía y futuro”, una de las primeras acciones realizadas por el proyecto Cuba Posible, la cualreunió, durante dos días, a más de sesenta intelectuales provenientes de Cárdenas -ciudad sede- La Habana, Holguín, Villa Clara y Santiago de Cuba. Conceptos como: sociedad civil, ciudadanía, democracia participativa, crisis del modelo socioeconómico, soberanía popular, cambio… estuvieron entre los más escuchados y debatidos en el evento. Por ejemplo, Ovidio D´Angelo inició su intervención refiriéndose a “ciertos prejuicios y estereotipos” no sólo por parte de Estados Unidos sino también del propio Estado cubano con respecto al concepto de la sociedad civil. Posteriormente analizó cómo la complejidad del tejido social y la subjetividad de nuestra población constituyen, en la actualidad, los grandes desafíos que debemos encarar en los empeños por construir una sociedad civilizada, popular y emancipatoria.

También aludió a algunos datos, arrojados por investigaciones recientes, los cuales plantean que la quinta parte de las familias que conforman la sociedad cubana son disfuncionales, viven en un contexto de un fuerte deterioro socioeconómico y en condiciones de pobreza. Subrayó que las expectativas sociales de la población cubana, en el presente, solo se circunscriben a pensar en el hoy, “el diario”, en cómo yo puedo sobrevivir sin importarme el otro(s). Lo que plantea un reto monumental a la hora construir las bases de una soberanía, sustentada en la idea de ciudadanías inspiradas en la colectivización y solidaridad. A esto se añade, observó D´Angelo, el desgaste y descontextualización de organizaciones sociales como el Poder Popular y los C.D.R. las cuales se han rutinizado y perdido sentido. Con respecto al impacto que está teniendo en la sociedad cubana el nuevo escenario de apertura económica se preguntó: “¿Qué tipo de propiedad privada deberíamos estar proponiendo desde un enfoque socialista, emancipatorio en lugar de ese despelote abierto a cualquier opción que incluso se está dando con las cooperativas?” Y observó que se está haciendo muy poco para construir solidaridad.

Rafael Hernández, por su parte, desde la perspectiva de las ciencias políticas proponía un grupo de preguntas, al tiempo que demandaba del auditorio: respuestas. Éstas fueron algunas de ellas: “¿Cómo se ha fundado este equilibrio de poderes en Cuba? ¿Cuándo? ¿Ha cambiado este equilibrio de roles y poderes a lo largo de cinco décadas o es el mismo? ¿Hemos tenido etapas o hemos estado siempre igual? ¿Han evolucionado las normas y regulaciones que han regulado las funciones del sistema político?[…] ¿Es el sistema político cubano lo que la ciencia política llama un sistema abierto o cerrado? ¿Dónde termina el sistema político y comienza la sociedad?”

En las sesiones se habló (reflexionó) en voz alta y de manera clara, como de niños nos enseñaron nuestros padres que se debía cantar el himno nacional. Aquí, como dicen en mi barrio, se le llamó al pan: pan y al vino: vino. Algunas intervenciones se extendieron más de la cuenta. Más que preguntar dirigidas al panel o a los conferencistas devinieron en una especie de catarsis intelectual. Lo que demuestra la necesidad que existe entre nosotros de escenarios de este tipo, que permita la discusión lucida, abierta y respetuosa sobre los problemas más candentes de la realidad cubana.

Sin embargo, mientras escuchaba con atención las diferentes intervenciones, no pude evitar varias preguntas relacionadas con el tema del coloquio y enunciadas desde mi posicionamiento como negro y homosexual. ¿Cómo ser audible mi voz, preocupaciones e interrogantes dentro de esa plataforma plural, de unidad dentro de la diferencia y de futuridad a la cual ha convocado Cuba Posible? A la hora de mapear conceptos como soberanía, ciudadanía y sus sucesivos avatares por el imaginario de la nación cubana: ¿describen negros, homosexuales, mujeres y otros sujetos deshitoriados el mismo itinerario que el resto de las identidades históricamente hegemónicas?, ¿acaso no fueron la noción de ciudadano moderno, las constituciones, los manuales de urbanidad, las gramáticas de la lengua, anclados en la ideología higienista de la modernidad, en control sobre los lenguajes corporales y el deseo otro, los dispositivos disciplinarios que desde los inicios del proyecto de modernidad latinoamericano confinaron a las márgenes, a los espacios residuales de la nación a estas identidades?, ¿a la hora de leer la historia de la nación cubana, la ciudadanía históricamente subyugada de estos sujetos no opera como un contradiscurso que revela lo que Calvert Casey llamó “la patriotería aristocratizante” de los padres fundadores de la nación?, ¿acaso en sus escritos no están codificados tanto sus intereses de clases como su imagen ideal y excluyente de lo nacional, contraria a la comunidad imaginada por las capas populares y subalternas de la sociedad? Y lo que todavía puede ser más preocupante: ¿Hasta qué punto las ciencias sociales y el pensamiento historiográfico cubano al hablar de pluralidad, diferencia, soberanía y respeto al otro continúa reproduciendo criterios de ordenamiento, clasificación y jerarquización de la razón occidental, y los paradigmas teóricos de la hegemonía: hablando en nombre de una historia única, lineal, totalizadora, y de un sujeto universal sin rostro, color de piel, que no toma en cuentas nuestras múltiples memorias de una nación formada en la diferencia colonial ?

En esta dimensión se movían las preguntas que formulé a Julio Cesar Guanche cuando, concluida su conferencia, solicité la palabra. Su respuesta fue más allá: se pronunció por la creación de un marco legal y jurídico que protegiera los derechos de estas identidades cuya ciudadanía ha sido históricamente subyugada. Reclamo que varios activistas contra la homofobia y la discriminación racial venimos realizando desde hace bastante tiempo.

Desde luego, Cuba Posible recién acaba de nacer. Mucho trecho tiene por andar, trabajar, soñar para, finalmente, ubicarse en esos espacios de representatividad, autoridad y reconocimiento, y convertirse en un enclave imprescindible para el dialogo y la confrontación sabia y responsable dentro de la comunidad intelectual cubana y la sociedad toda. Pero su alumbramiento ha sido un acontecimiento feliz y oportuno.

Finalmente, pienso que una contribución significativa del proyecto Cuba Posible al complejo imaginario social y político de este nuevo milenio estaría en trabajar porque que estas identidades y sujetos subalternos puedan hablar por sí y desde sí, contar sus percepciones sobre la ciudadanía, sus modos de ser democrático, articular el relato de sus memorias, y gestos de contrainsurgencia frente a un poder y una escritura de la Historia con mayúscula concebidos como blanco, varón, heterosexual, y hacerlos sin mediaciones ni el rol ventrílocuo del otro de la hegemonía.

También (aprovechando la vastísima experiencia acumulada en este sentido por el Centro de Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba durante estos años) Cuba Posible pudiera convertirse en un espacio facilitador del dialogo, las alianzas, negociaciones, y el diseño de estrategias conjuntas entre organizaciones como el CENESEX, el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente para las Américas y el Caribe (ARAAC), blogueros y otros proyectos comprometidos, al igual de Cuba Posible, con los pobres de la tierra, y que hemos decido amar y construir una nación con todos y para el bien de todos, pero desde el respeto a la alteridad.

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Coloquio Cuba: soberanía y futuro y el anhelo de edificar la Casa Cuba.

Coloquio Cuba: soberanía y futuro y el anhelo de edificar la Casa Cuba.

Por Alberto Abreu Arcia

En la noche de hoy 10 de octubre quedó inaugurado en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD-C) de Cárdenas el coloquio: “Cuba: soberanía y futuro”, auspiciado por el proyecto Cuba Posible. Rita María García, directora de la institución, en sus palabras de bienvenida señaló a la feliz coincidencia de la apertura del conclave con una fecha tan cargada de simbolismo para la nación cubana. Señaló: “Nuestro centro es una institución religiosa de la sociedad civil que desde hace más de 23 años viene realizando un trabajo a favorecer, como su propio nombre indica, la reflexión y el diálogo sobre diversos temas que son objetos de preocupación y de interés por parte de nuestra sociedad”. Y más adelante enfatizó: “Pretendemos confirmarnos como una plataforma de diálogo a través de la cual todas las personas de buena fe, como diría Martí: los que aman y construyen, puedan exponer con la mayor claridad posible sus consideraciones, criterios y propuestas en pro del mejoramiento humano”. Tras evocar cómo las nociones de soberanía y el futuro resultan tópicos de especial interés para la generalidad de la ciudadanía, exhortó a los participantes en el coloquio a profundizar en la complejidad de tales conceptos desde sus múltiples perspectivas.

Por su parte, Roberto Veiga, Coordinador General de Cuba Posible agradeció a los asistentes la confianza y el apoyo ofrecido desde hace años en sus empeños por entender la compleja realidad cubana de hoy, por: “definir sus más importantes desafíos y contribuir con el diseño de propuestas para resolver nuestros problemas”. Según Veiga: “En el transcurso de estos años hemos conseguido, entre todos, la confianza cubana y política capaz de facilitar el desempeño antes mencionados a través de un quehacer compartido entre cubanos con diversas opiniones y propuestas. Logramos experimentar la convivencia y la pluralidad, incluso que es posible pensar diferentes y trabajar juntos”. Manifestó que “nos orgullece ser convocados aquí por el anhelo de edificar la casa Cuba”. En los momentos finales sus palabras estuvieron dedicadas a resaltar lo que fue y sigue siendo la presencia siempre inspiradora del Monseñor Carlos Manuel de Céspedes entre nosotros.

El punto de partida para la discusión de esta noche fue la conferencia “La soberanía en el imaginario de la nación cubana”, pronunciada por Dr. Julio César Guanche, que se caracterizó por su carácter eminentemente propositivo y problematizador, algún poco usual en este tipo abordaje. En el texto leído por Guanche el tópico de la memoria de la nación, se entrecruzan con las nociones de soberanía y ciudadanía. Pero lo que más agradezco es su relectura del proyecto de nación cubano, y cómo el mismo ha articulado su percepción de la soberanía desde una relación tensa con la idea de ciudadanías y los diferentes modos del ser democrático generando exclusiones y construyendo subalternidades.

Para mañana sábado está previsto dos paneles y la presentación del número de la revista Espacio Laical, con un dossier sobre el tema del coloquio.

CINCO MINUTOS DE REFLEXION CONTRA EL RACISMO

CINCO MINUTOS DE REFLEXION CONTRA EL RACISMO

Una Propuesta en vísperas del Decenio Internacional de los Afrodescendientes

Por Roberto Zurbano

La población negra cubana es heredera de una historia donde esclavitud, marginación y racismo fueron realidades permanentes hasta 1959. La Revolución trajo un cambio mayúsculo para cubanos de cualquier raza, clase y condición social. Para los negros en particular, abrió un periodo cualitativamente superior, cuyos resultados se reconocen dentro y fuera de Cuba. El escaso reconocimiento del peso histórico del racismo y las desventajas históricas del negro en la sociedad cubana aun demandan análisis perspectivos que no deben aplazarse ante los retos del presente. La actual dinámica económica genera profundas desigualdades sociales que impactan fuertemente a estratos de escasos recursos en toda la isla. Entre dichos grupos, buena parte de nuestra población negra, heredera de viejas desventajas socioeconómicas, sufre hoy doblemente la marginación económica y social, al tener que enfrentar viejas y nuevas formas de racismo.

Es cierto que se ha roto el silencio sobre el tema y se reconoce oficialmente la creciente discriminación racial en Cuba, pero son insuficientes los argumentos y soluciones que apenas ofrecen instancias políticas, estatales, gubernamentales y no gubernamentales. No se trata de explicar a quienes nos dedicamos a abordar, en términos académicos, comunitarios o artísticos este asunto, sino se trata de respetar a esa población negra crecientemente pobre, marginada de los mejores puestos en el mercado laboral, de silenciada historia en los currículos escolares, maltratada por el cine y la televisión que solo reproducen estereotipos subalternos; se trata de reconsiderar esta masa negra con fuerte presencia entre la población penal, sobre-representada en los barrios marginales, con graves problemas de vivienda y salubridad, escasamente insertada en la nueva economía y subrepresentada en las aulas universitarias y los espacios de poder; en fin, víctima, simultáneamente de marginación, silencio, desigualdad y discriminación.

Como ciudadano cubano y luchador antirracista de izquierda expreso mi preocupación, compromiso y necesidad de luchar contra esta situación a través de los medios a mi alcance y con todas aquellas personas, grupos e instituciones que quieran sumarse a esta batalla por la dignidad de los grupos sociales más excluidos y discriminados. Teniendo en cuenta el proceso de re-estratificación social que tiene lugar en la isla, vale la pena repensar la lucha de clases como una opción política que implique nuevas alianzas, acciones solidarias, formas de participación critica y autogestión en la solución de los nuevos conflictos y problemáticas que las actuales dinámicas socio-económicas vienen produciendo en la isla.

A través del activismo social, observando, preguntando, anotando y debatiendo entre líderes y comunidades diversas identifico cinco prioridades en la lucha contra el racismo en Cuba. Con estos cinco puntos debemos atravesar nuestras comunidades, dentro y fuera de la capital, en busca de intercambio solidario, colaboración, crítica, propuestas y respuestas compartidas.

1-Educación: Insertar en los currículos escolares las problemáticas raciales, asumiendo la disposición de bibliografía, especialistas e instituciones con resultados investigativos (historiografía, antropología, genética, etc.) que se publican y debaten fuera de los circuitos docentes, comenzando con la preparación de los profesores y maestros. Así como insertar las historias de África, Asia y Medio Oriente.

2-Mercado laboral: Promover el acceso a puestos de trabajo que dignifiquen la capacidad profesional de trabajadores negros en importantes sectores económicos donde, evidentemente, son excluidos. Garantizar salarios dignos e implementar ayudas económicas a familias de bajos ingresos, así como vías de capacitación laboral para jóvenes residentes en barrios marginales.

3-Politicas públicas e instituciones dirigidas a promover la igualdad racial con eficacia: Definir instituciones y políticas que aborden las problemáticas raciales, significando los contenidos raciales que, entre otros, configuran el entramado de los conflictos económicos y sociales del país, con el propósito de enriquecer las estrategias y soluciones, haciéndolas inclusivas y transversales.

4-Transformacion de los medios de difusión masiva en espacios críticos y emancipatorios: Necesidad de dar voz y promover la participación responsable en el espacio público de nuestra diversidad. Debatir sobre las discriminaciones, a través de los medios y también en comunidades, escuelas, centros laborales y organizaciones de la sociedad civil. Este flagelo se oculta entre el silencio, la insensibilidad y la doble moral.

5-Ley antidiscriminatoria: Elaborar una Ley General contra las discriminaciones, pues los contextos (social, económico y político) han cambiado y la institucionalidad jurídica alcanzará un peso significativo en la regulación de la sociedad cubana. Encontrar nuevas formas políticas e institucionales de impedir las injusticias sociales que vienen apareciendo, así como detener la actual impunidad discriminatoria.

Propongo un debate enriquecedor sobre esta propuesta y a sumar personas, grupos e instituciones dispuestas a construir el Movimiento Anti-racista Cubano, en fin … el MAR, un gigante, abierto y democrático movimiento social que llegue a la conciencia y a las bases de nuestro proyecto social y rechace abiertamente toda forma de discriminación y racismo dentro y fuera de Cuba. Construir una sociedad próspera en un mundo hostil (económica e ideológicamente hablando) no puede convertirnos en ciudadanos indolentes e inconscientes de nuestra misión reivindicativa y solidaria, como sujetos participes de un proceso transformador que debe ser más crítico, justiciero y creador en estos tiempos. Si permitimos que el actual desgarrón económico llegue a las bases éticas e identitarias de nuestra sociedad, perderemos todos: negros, blancos y mestizos, mujeres y hombres, niños y ancianos, cubanos todos, dentro y fuera de la isla. Estas cinco tareas podrán convertirse en el punto de partida de una ciudadanía digna y una sociedad de mayor justicia social para todos los cubanos.

10 de Octubre del 2014, desde Centro Habana, Cuba

Roberto Zurbano

Afromodernidades

Cuba Posible, invitación al Coloquio Cuba: soberanía y futuro.

Por: Alberto Abreu Arcia

El pensamiento sobre lo social en la Cuba del nuevo milenio ha estado atravesado por un grupo de gestos que erosionan, cuestionan e interpelan el monologuismo del discurso oficial cubano. Gracias a la proliferación de un grupo de circuitos alternativos y modos de enunciación que inspirados por las nuevas tecnologías han asumido la tarea de pensar, desde múltiples perspectivas, los recodos e intersticios de la compleja y contradictoria realidad cubana de hoy, a delinear e imaginar una futura sociedad civil, al margen de los lugares comunes, la ausencia de interrogantes, problematización y los silencios que caracterizan a la prensa cubana. Si bien es cierto, que hasta el momento, la mayor peso de estos enclaves se localizan en las redes sociales (blogs). No se puede negar, que ellos han permitido abordar con desenfado un grupo de temas candentes y actuales al margen de la frugalidad y ciertos protocolos que caracterizan su análisis, no sólo en los medios de comunicación, sino también en el ámbito académico.

Digamos, a simple vista, que uno de los rasgos que tipifican a estos espacios es su voluntad plural, ecuménica, de ahí que la preocupación por la memoria, la inclusión y por recuperar la totalidad de la nación cubana se coloquen en ellos como una preocupación central.

En medio de este escenario circuló, hace unos días, por las redes sociales la noticia que el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD-C) -de denominación presbiteriano y radicado en la ciudad de Cárdenas- había dado a conocer su proyecto Cuba Posible, el cual aspira a convertirse una plataforma de intercambio para el fomento de una visión económica orientada al desarrollo y al bien común; el apoyo a las iniciativas que pretendan avanzar hacia una democracia más plena; y la consolidación de una relación de paz y cooperación entre Cuba y el mundo. Por lo que convocaba a todas aquellos cubanos comprometidos con la soberanía nacional y ciudadana, la justicia social, la esperanza, el compromiso con los débiles y la no violencia. Presupuestos, que enunciados de ésta manera resultan fácil, sin embargo en la realidad social que vive la Isla constituyen el nódulo hacia el cual convergen tramas y correlatos nada fáciles de dilucidar relacionadas con políticas públicas excluyentes, la problemática racial y de género, la cuidadanía, la memoria sepultada de la nación, el fenómeno de la diáspora, las amplias desigualdades en el nivel de vida de la población hasta la aparición de nuevos prácticas, imaginarios y sujetos que se desenvuelve en un escenario post-tradicional y postnacional, propios de una Cuba que se piensa y se imagina desde muchos puntos del planeta, como diría Interactivo: En París o en Nueva York, La Habana está en todas partes. De ahí, que uno de los principales retos que tiene el proyecto Cuba Posible, es sacudir los anquilosadas modelos de pensamiento y prejuicios que lastran al discurso académico, que en ocasiones resultan desfasados para un mundo lleno de relatos post., o demasiados aristocráticos a la hora de pensar la calle, la realidad del hombre de a pie con su saber de gente.

Hago este recuento porque recién esta tarde me ha llegado la invitación para participar en lo que tal vez sea una de las primeras acciones del proyecto: Cuba posible, me refiero al Coloquio Cuba: soberanía y futuro a desarrollarse los días 10 y 11 de octubre en Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, en Cárdenas. El evento se iniciará con una conferencia titulada La soberanía en el imaginario de la nación cubana, a cargo de Julio Cesar Guanche, también se anuncia la realización de dos paneles sobre el mismo tópico donde intervendrán Esteban Morales, Rafael Acosta de Arriba, Jesús Arboleya, Ovidio D´Angelo, Rafael Hernánde y Berta Álvarez, mientras la conferencia de clausura estará a cargo de Aurelio Alonso, quien disertará sobre algunos aspectos que sostienen la soberanía sobre los cuales resulta más fácil el consenso y otros sobre los cuales resulta más difícil el acuerdo

Afromodernidades, como siempre, estará allí para informar a los lectores de este blog, sobre este coloquio y compartir algunas impresiones del mismo.

ARAAC 24 meses después: una propuesta de trabajo, un momento de revisión, una reflexión compartida.

ARAAC 24 meses después: una propuesta de trabajo, un momento de revisión, una reflexión compartida.

Por: Roberto Zurbano

El próximo mes de septiembre se cumplirán dos años en que fundamos en La Habana el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente para las Américas y el Caribe (ARAAC), cuyo funcionamiento aun deja mucho que desear si pensamos en que uno de sus objetivos es sumar las personas, proyectos e instituciones cubanas que así lo deseen al ideario y el activismo antirracistas. Más allá de algunas declaraciones, paneles de trabajo e intercambio, reuniones ejecutivas e intentos organizativos no se ha logrado aun horizontalizar la labor hacia una membrecía de personas y organizaciones a través de todo el país ni hacer una propuesta táctica y estratégica que nos permita insertarnos en comunidades reconocidas o no, en algunas instituciones importantes, así como dar una legitimidad publica y sistemática a nuestra labor.

Nuestras posibilidades de articulación son escasas, insertas en los pocos proyectos que funcionan gracias a la verticalidad de sus líderes o al compromiso de algunos activistas con su trabajo comunitario, artístico, intelectual o de promoción sociocultural. La ausencia de convocatorias sistemáticas, un órgano de divulgación y la desconexión con otros capítulos y líderes de la región son grandes tareas pendientes, así como la celebración de actividades masivas que coloquen algún tema antidiscriminatorio en medios de difusión, instituciones sociales o en el debate político de las problemáticas raciales del país o la región. Estas carencias no solo corresponden a ARAAC, pues son compartidas por otras organizaciones o grupos antirracistas anteriores y actuales, lo cual nos hace pensar que la articulación es una necesidad básica para alcanzar los objetivos más sencillos de la lucha antirracista en Cuba. Por otro lado, las alianzas de trabajo deberán ser una de las estrategias esenciales para articularnos desde dentro y hacia afuera de organizaciones similares u otras que posean al menos un mínimo interés antidiscriminatorio en sus agendas o perfiles institucionales.

Creo que los métodos organizativos y estratégicos no han funcionado con la pertinencia que esperábamos y las formas demasiado horizontales de compartir las responsabilidades personales y colectivas no han sido prácticas. Debemos desformalizar y darle una energía diferente al trabajo público de ARAAC, lanzar, coordinar, divulgar y poner en práctica las decenas de ideas excelentes que se nos han ocurrido no caracteriza aun nuestra labor organizativa, ni hemos potenciado las posibilidades personales y de los equipos de trabajo en una agenda pragmática, consecuente y activa que sistematice –en calidad y quizás, en cantidad- la información, el trabajo orgánico y las acciones públicas, de manera que se impone un reajuste de dichas prácticas ejecutivas en función de las tareas y de las personas, y no solo de una o de la otra. Las personas deben definir mejor su campo de trabajo y de responsabilidades, así como mantener un flujo de información constante para el intercambio y el aporte de todas las personas que quieran colaborar con ARAAC.

Para quién se trabaja debe ser una pregunta a responder en cada momento. Para qué se trabaja debe ser un principio muy claro. Cuándo se trabaja, con quien, donde, con qué alcance y cuales alianzas deben ser cartas a tener en cuenta en cada acción de ARAAC. Cuándo y para qué son también preguntas muy prácticas. Identificar las estrategias con las respectivas tácticas hace que lo más importante sea la misión a realizar, por encima de quien, como, donde y cuando. Si los principios y la estrategia están claros, entonces las acciones deben definir nuestro trabajo de modo sistemático y puntual.

Un mecanismo de rectificación, revisión o rendición de cuentas debe establecerse, así como un balance periódico del trabajo individual y colectivo. Hemos perdido varios compañeros valiosos del ejecutivo y de los ejes, por incoherencias, protagonismos y una falta de reconocimiento a la capacidad y entrega de todos y cada uno de nosotros en esta gran tarea. Creo que es un lujo que no podemos seguir dándonos, sobre todo cuando no se informa adecuadamente lo sucedido con tales compañeros, ni analizamos cómo evitar repetir los errores y las deserciones.

Estos errores lo sufrieron todas y cada una de las organizaciones antirracistas cubanas dentro y fuera de Cuba. No son nuevas y es posible aprender de errores antiguos y recientes, nuestros y ajenas, en la lucha por enfocarnos en una lucha antirracista coherente. Es una labor difícil, pues es un tema apenas aceptado por personas, grupos sociales, instituciones sociales y políticas, así como es objeto de manipulación política, descontextualización, aplazamiento o disminución de su prioridad social, así como los prejuicios propios del tema. Si en la nueva institucionalidad cubana no ha aparecido una visión oficial, practica y definida, sobre este tipo de problemática social tiene que ver con las razones anteriores, pero también con la falta de un diálogo nacional y con la manera, aun prejuiciada, paternalista o vergonzante, con que se sigue tratando este tema. Parte de esa responsabilidad es nuestra, así como parte de las soluciones también nos competen. Si somos parte del problema, dicen los chinos, somos parte de la solución.

Me gustaría intercambiar, desde la responsabilidad y el respeto y no desde la culpa, sobre nuestras insuficiencias, desacuerdos, acuerdos y perspectivas. Preferiría más allá de excusas, inculpaciones, resistencias y justificaciones, acertadas o no, reflexionar sobre por qué nos siguen faltando propuestas útiles, visibles, participativas y críticas que hagan de nuestra agenda, de nuestra conciencia y de nuestras acciones, no un campo de satisfacciones personales o conflictos de tercera importancia, sino maneras de sumar, intercambiar, explicar y convocar a todos los cubanos, de todos los colores a sumarse a una lucha común, más allá de los intereses personales y de grupos, donde nos reconozcamos en diversas tareas comunes, que desarrollen maneras sencillas de intervenir en la realidad cotidiana y nuevas formas organizativas para hacer cumplir nuestra misión pública. Nos toca abrir un poco más nuestros espacios de divulgación, justicia y legitimación. Le corresponde a ARAAC hacerlo de frente y junto a discriminados y discriminadores, en un diálogo crítico y constructivo de esa identidad ciudadana diversa que aun aspiramos.

Afectuosamente,

Roberto Zurbano