Archive for 27 julio 2013

Afromodernidades

PIEL NEGRA, MÁSCARAS BLANCAS:

Un manifiesto de la esperanza revolucionaria (también) para el siglo XXI.

Por: RobertoZurbano

Al año siguiente es que aparece este, su primer libro, Piel negra, Máscaras blancas, que constituyó un grito en el pensamiento psicoanalítico por la argumentada descripción y descarnada denuncia de la persistencia del colonialismo racista y sus consecuencias en los sujetos negros colonizados por Francia. Hasta ese momento el psicoanálisis era una práctica exclusiva para las clases media y alta; era un novedoso enfoque donde la elusiva posición de poder del terapeuta le convertía, muchas veces, en un manipulador de su paciente. Con la publicación de este libro Fanon subvierte tales presupuestos, pues rompe la exclusividad de esa práctica al ponerla al servicio de los negros inferiorizados y asume una posición más cuestionadora del poder colonial, al indagar en las causas de la alienación de ese sujeto colectivo, colonizado, víctima de manipulaciones históricas, culturales y racistas. Su libro abre un debate sobre las fronteras de la ciencia, el rol del científico, la situación crítica del sujeto subalterno, los límites de la empresa colonial y su capacidad de renovarse a través de nuevas formas culturales de dominación.

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Afromodernidades:PIEL NEGRA, MÁSCARAS BLANCAS: Un manifiesto de la esperanza revolucionaria (también) para el siglo XXI. Por: Roberto Zurbano

PIEL NEGRA, MÁSCARAS BLANCAS:

Un manifiesto de la esperanza revolucionaria (también) para el siglo XXI.

Por: RobertoZurbano

Al año siguiente es que aparece este, su primer libro, Piel negra, Máscaras blancas, que constituyó un grito en el pensamiento psicoanalítico por la argumentada descripción y descarnada denuncia de la persistencia del colonialismo racista y sus consecuencias en los sujetos negros colonizados por Francia. Hasta ese momento el psicoanálisis era una práctica exclusiva para las clases media y alta; era un novedoso enfoque donde la elusiva posición de poder del terapeuta le convertía, muchas veces, en un manipulador de su paciente. Con la publicación de este libro Fanon subvierte tales presupuestos, pues rompe la exclusividad de esa práctica al ponerla al servicio de los negros inferiorizados y asume una posición más cuestionadora del poder colonial, al indagar en las causas de la alienación de ese sujeto colectivo, colonizado, víctima de manipulaciones históricas, culturales y racistas. Su libro abre un debate sobre las fronteras de la ciencia, el rol del científico, la situación crítica del sujeto subalterno, los límites de la empresa colonial y su capacidad de renovarse a través de nuevas formas culturales de dominación.

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Afromodernidades:Reflexiones sobre las trampas y engaños de “El estado actual de la lucha antirracista”. Por: Alberto Abreu

Reflexiones sobre las trampas y engaños de "El estado actual de la lucha antirracista". (A propósito del panel recientemente organizado por ARA en La Habana).

Por Alberto Abreu

El viernes 12 de julio en horas de la tarde asistí al panel: "El estado actual de la lucha antirracista" organizado por ARA en su capítulo cubano. Tenía mucha expectativa con relación a este encuentro, si tenemos presente que ARA está punto de cumplir su primer año de vida, (intento decir de trabajo). Por otra parte, todavía no se han apagado los ecos de los debates y reflexiones sobre la problemática racial cubana generados tanto en Cuba como en el extranjero a partir de la aparición del texto de Roberto Zurbano en el mes de abril en el The New York Times y los lamentables hechos que sucedieron a su publicación entre los que se encuentra la destitución de su autor del cargo que ocupaba en la Casa de las Américas, así como la contundente y apenas atendida, declaración de ARA en este sentido. Por estos motivos decidí viajar desde Cárdenas a La Habana para asistir al panel.

Cuando llegué la pequeña sala estaba abarrotada, como no conseguí asiento me hice de un lugar junto a la escalera, al final de la sala. Lo que finalmente agradecí, pues me brindaba la posibilidad de tener una perspectiva más objetiva e imparcial sobre la reunión y las diferentes posiciones que allí concurrían. Para tener una idea de esto último, basta de decir que la sala estaba integrada por un público heterogéneo, entre los que reconocí a algunos académicos, artistas, miembros del Comité Ciudadano por la Integración Racial, líderes comunitarios, dramaturgos, miembros del movimiento de rap cubano, algunos investigadores norteamericanos y también rostros jóvenes, que por sus preguntas e intervenciones comprendí que recién se estrenaban en este tipo de debate.

Roberto Zurbano, quien en esta ocasión fungía como moderador, presentó el panel integrado por Dmitri Prieto Samsonv (escritor y abogado, quien atiende en ARA el eje de derechos humanos), los otros panelistas eran Gisela Aranda, Tato Quiñones y Tomás Fernández Robaina.

Sin embargo, (más allá de las catarsis de siempre sobre las mismas problemáticas, reclamos, demandas y de las acciones e intervenciones en el espacio social emprendidas de manera individual o de proyectos aislados, cuya relatoría no estaba exenta de ciertas pretensiones del protagonismo), la reunión se caracterizó lamentablemente se caracterizó por la ausencia de propuestas. Las reflexiones más interesantes, lejos de tener un carácter propositivos, fueron aquellas relacionadas con el lugar de ARA y su lucha dentro de la emergente sociedad civil cubana, y otras interrogantes sobre el status legal del racismo en la Cuba actual y la necesidad de reclamar leyes en este sentido. Inquietud o demanda que, en los últimos años, se torna recurrente en este tipo de discusiones. Pero que en esta ocasión vino acompañada de testimonios tangibles, como fue la denuncia que hizo la rapera Magia López de un texto cuya escritura está poblada de verdaderas marcas racistas, el cual acaba de ser publicado por la revista La Calle del Medio en su último número (no.60, abril del 2013). En " ¡Gonza Benyonce!", así se titula el texto de marras, su autor Charles Morales García, compara a Jay-Z con un vendedor de aromatizante de Centro Habana, más allá de su prescripción higienista, aristocratizante de los personajes e imaginarios de lo popular," ¡Gonza Benyonce!" vehicula una percepción estigmatizante el cuerpo racializado negro. Ahora, que semejante tipo de texto se publique, circule y difunda, entre nosotros, en una publicación oficial y de amplia circulación viene a confirmar la impunidad y el desamparo ciudadano del sujeto afrocubano ante tales prácticas racistas y la urgencia por exigir leyes que nos protejan en ese sentido. Otros testimonios ofrecidos por los participantes en esta reunión estuvieron relacionados con policía, quien tradicionalmente figura entre las principales instancias en este país, que práctica y reproduce el racismo. Los participantes expusieron varios casos de este tipo de arbitrariedades con un carácter racial discriminatorio, ya recurrentes, cometidas por la policía sobre todo con adolescentes negros.

Como ven, a punto de cumplir su primer año de vida, ARA no ha logrado la visibilidad y representación necesaria para incidir en el complejo y cambiante espacio político, económico y social cubano de estos días. A mi entender le ha faltado la agresividad, que caracterizan a los movimientos auténticamente populares como el rap, el hip hop para incidir en el espacio público y sus transformaciones. Quizás por su cercanía al espacio político, sus acciones se diluyen y empantanan en eternas reflexiones sobre qué, el cómo y el momento oportuno, adecuado para decir las cosas. Pero resulta el qué, el cómo y el momento oportuno son también construcciones retóricas propias del saber letrado y de su manera de construir y pensar los fenómenos y lo "real", pero lo R E A L está por encima de nosotros, escapa a toda construcción desde la cual intentamos aprehenderlo. Algo verdaderamente paradójico cuando se lidia con fenómenos y prácticas subalternas cuya lógica y dinámica es otra, siempre se mueve por el afuera de los marcos analíticos del saber y los salones académicos, porque habita en las calles con su saber de gente. Habrá que desprenderse de esa manía hegemónica, que siempre nos ha caracterizado, de fiscalizar, normar y dictar el rumbo, las pautas de lo popular: sus sujetos, prácticas e imaginarios, entender que sus procesos, como demuestra Canclini y los estudios culturales, tienen su vida e historia autónoma. De ahí, que tales movimientos siempre marchan delante del pensamiento, le imponen una especie de handicamp.

La declaración emitida por ARA, a raíz de la reacción suscitada en Cuba por la aparición del texto de Zurbano en el The New York Times, pudieran ser un ejemplo de otras acciones o pronunciamientos similares que ARA pudiera realizar ARA a propósito de estas prácticas discriminatorias que ocurren a diario ante nuestros ojos, con el objetivo de ir cambiado la correlación de fuerzas que prevalece en el espacio socio-político y perfilar su propia identidad, su solidaridad y el compromiso de marchar al lado de la gente de a pie en esta lucha.

También le urge dejar atrás el recurrente habanocentrismo heredado del fundamento colonialista de "ciudad letrada". Entender cómo operan estas prácticas en otros contextos y espacios no-capitalinos. Dejar de hacer de esta lucha un fenómeno propiamente de los salones intelectuales habaneros, y dotarlo de una dimensión nacional.

Por último, quisiera llamar la atención sobre varios contrasentidos que pudieran derivarse del discurso académico insertado en ARA. Sobre lo cual me saltan muchas interrogantes y preocupaciones. Por ejemplo, si ha sido la academia y el propio discurso historiográfico los productores y legitimadores históricos de la exclusión racial y de su condición negativa, subalterna. En este sentido, no basta con estar presente en ARA, es necesario volverse contra ese mismo saber académico, descolonizar esas herramientas analíticas, categorías, conceptos eurocentristas que nos secularizaron como subalternos y en el cual, todavía hoy, somos formados y en cuyos circuitos trabajamos respondiendo a mucho de sus protocolos. (Eso que Nelly Richard llama la antidisciplina, transdisciplina y el redisciplinamiento). Frente a este pliegue o dualidad, me pregunto: ¿cómo entender desde este posicionamiento de sujetos disciplinados el papel de contradiscurso o contranarrativa que históricamente a tenido lo negro, frente al saber letrado, frente a esa filosofía de la historia, y las categoría y herramientas analíticas que todavía se enseñan y prevalecen en nuestra academia? Hablo de ir construyendo un lenguaje y pensamiento que esté en coherencia con el carácter hereje, dislocador de nuestra afromodernidad, inventar nuestros propios marcos interpretativos y categorías analíticas, construir nuestro propio relato de la historia, en lugar de estar gestionando y reclamando nuestra espacio, como un apéndice de esa historia oficial que nos subalternizó porque se construyó siempre mirando y siguiendo a Occidente. El cauce de nuestra historia, su temporalidad fueron otros, ellos mismos nos obligaron a marchar por los afueras, nos construyeron como lo que no se integra, lo bárbaro, lo incivilizado, lo que es necesario blanquear, disciplinar para poder entrar en sus marcos analíticos. ¡Oh, no, Olofi! Que nuestro saber otro, siga marchando y siendo explicado desde ese afuera, que reconstruya los sitios dispersos de su memoria violentados por el olvido de esa historia oficial, pero para ello debe inventar su propio lenguaje y terminología, resistirse a todo intento de la academia por convertirnos en objetos dóciles de estudio para continuar oxigenándose. Por eso ¡ojo! Hablar en la televisión de la presencia importante del negro en la historia de Cuba y en la formación de la nación así a secas, enseñar la historia de África en la secundaria sin analizar el lugar interpelador y erosionador de la presencia negra en ese proyecto de nación y modernidad excluyente, y eurocentrista y sin señalar como este para ir construyéndose tuvo que inventar al negro como el lugar de la basurización y de la barbarie, sería caer en una trampa. Pero para evitar esto habría que empezar por desmontar el actual estatus y los estamentos teóricos que imperan ennuestras ciencias sociales, con una academia que mira con recelo y resistencia a los estudios poscoloniales, subalternos, decoloniales y todo lo que huela a la post. Donde muchos académicos que durante años legitimaron este tipo de lecturas, interpretaciones y discursos subaltenizadoras, ahora figuran como protafonistas en los foros y debates sobre racialidad con un discurso que intentar travestirse. Sin embargo, ahí están sus libros rindiendo culto, reactualizando para el presente las “contribuciones” al “pensamiento” de la nación hecha por esa genealogía de patricios ilustres fundadores de la nacionalidad cubana, donde silencian o desplazan a un segundo o tercer plano su lado racista y esclavista.

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ERIK OLIVERA PINTA EN SUEÑOS RITUALES DE RESISTENCIA

Por: Roberto Zurbano

El retrato sigue siendo, para el pintor contemporáneo, uno de los recursos con que mejor puede revelar la condición humana, no solo en los términos de la individualidad que posa o es elegida por el artista que ha encontrado en un rostro o una mirada, el alma de otra persona; sino porque, excepcionalmente, el retrato puede ser ese profundo espejo que convierte la biografía de una persona en certeza reveladora de alegrías y sufrimientos, más allá del propio rostro. Si el retratado es aquella persona a la que no solemos encontrar usualmente en un recorrido por las salas de arte, la osadía del pintor se sostendrá a contracorriente, subvirtiendo algún canon, explorando otros y construyendo el suyo propio en el curso de una historia llena de ejemplos ya imperecederos.

Erik Olivera Rubio es consciente de tal subversión; sus retratos nos muestran un mundo poco complaciente, bien alejado de esa pintura ornamental que produce una paz desentendida del Universo: belleza esperada y tranquila que hace reposar tantas miradas y mentes… Los rostros de Erick suelen perturbar dicha tranquilidad; son apenas retratos y alcanzan la incandescencia de ciertos paisajes urbanos en el hervor del mediodía, la intranquila serenidad de un haikú, la profunda gracia de un refrán yoruba y el melódico desgarrón de un blues. Y han nacido de un singular proceso en el cual el propio pintor “elige” a sus retratados, invocándoles o viéndoles pasar en sueños; así saltan al pincel y al lienzo, cual figuras autónomas que traen su propia historia, la claridad de una “misión” y hasta sus nombres propios.14

¿Quiénes son los sujetos que aparecen en estos perturbadores retratos? Gente común, tanto que les ahoga la pobreza, la tristeza o la obscuridad y saltan a los ojos y las manos del pintor. Personas reales e imaginadas, que devienen personajes, máscaras y arquetipos de una compleja realidad socio-cultural: las religiones cubanas de origen africano. Dichas religiones han generado un imaginario visual cuyo fundamento reside en una extraña relación con lo cotidiano, en un singular modo de dialogar hombres y deidades, mientras rompen la linealidad del tiempo, combinando lo que ya sucedió o está por ocurrir, con lo que está pasando ahora mismo: Aquí dialoga lo simple y lo trascendente, lo visible y lo invisible. Esa dualidad suele abundar en las culturas del llamado Atlántico Negro; son culturas mezcladas en su filosofía y en su religiosidad; urgidas de hacer visible su belleza y legitimar sus valores. Culturas nuevas nacidas en esta parte del mundo, producto de la violación y el escamoteo de la condición humana a sus mujeres y hombres. No son simples retratos si tanta ausencia y dolor les acompaña.

Las obras de Erik Olivera también recuerdan las fotos de Walker Evans atravesando la isla en los años veinte del siglo pasado, mas no en el enfoque antropológico de aquel, sino en la búsqueda paciente de sus retratados, en el modo de llegar a sus rincones e iluminar sus hábitos. Ambas obras tratan la manera en que el hombre negro vive y se expresa: Hay una dureza en sus rostros y en sus ojos anida una ternura, hija del desamparo, se muestra la desnudez de una sabiduría aprendida con dolor y podemos escuchar la sonrisa que reconoce y asume un destino, así como otros sentimientos arropados por la música, la religión y el deseo. Son las mismas personas, pero con Erick asistimos a una conversación triangular entre la Historia, lo Religioso y lo Cotidiano; espacio triangular donde tienen lugar varios rituales de afirmación y supervivencia. Vamos, con ellos, disfrutando un spirituals, un góspel, un soul; desde lo coral hasta esa voz solitaria, ronca y armoniosa, al estilo de un apkwon como Lázaro Ross, que despierta a todos los egguns, y a cada uno de estos retratos para insertarlos en la Historia desgarradora de aquellas almas que atravesaron los mares gimiendo y cantando, atados y humillados para ser vendidos en cualquier puerto del Nuevo Mundo.

Estos retratos están llenos de seres ancestrales, pero también de hombres y mujeres que ahora mismo caminan por cualquier calle cubana o caribeña. Negras y negros que avanzan desde el margen de la Historia, con esa particular gestualidad que exhiben estas pinturas de cierto barroquismo y contenido simbolismo, identificándole con una u otra deidad, pero muy sobriamente, sin folklorismos y también sin aquellas afectadas poses con que Landaluze, Mialhe o Laplante caricaturizaban y reducían aquellas primeros negros en la historia de la pintura cubana. No hay aquí folklor ni altisonancia o queja algunas, sólo una prueba testimonial: Rostros que sobreviven, encarando a la Historia.

Son los rostros de una Diáspora Negra que, desde su dignidad, nos observan y nos advierten sobre los modos en que una cultura se afinca a sus raíces, sobrevive y crea nuevas formas de identidad. Tienen una mirada muy aguda, una piel apenas cubierta, un pelo enredado en su propia historia y varios rostros contando, cada cual, sus anécdotas, sus mitos, su realidad y su trascendencia. Erick nos muestra, con impecable técnica, el itinerario inconcluso que atraviesa la oscura piel de estos seres que pueblan su galería de retratos; nos lanza, de una sola vez, en dos direcciones: hacia el pasado y hacia el futuro. Es una doble conversación: simultaneidad del sufrimiento y la esperanza. Y en medio de todo, se ha instalado este pintor puntilloso y consciente, ofreciendo más preguntas que respuestas sobre aquellas y aquellos que ha detenido en sus lienzos y cartulinas.

Erick Olivera mezcla rasgos de hombres y dioses, que terminan siendo demasiado reales y comprometidos con las desgarradas luchas cotidianas de una atormentada Cuba siglo XXI, como para obligarnos a que nos reconozcamos en muchas de sus obras. Y no será un reconocimiento complaciente, habrá resistencia, negaciones, dolorosas preguntas y trances provocados por la memoria histórica, familiar o religiosa; son los rituales de la resistencia, por eso hemos llegado hasta aquí y sabemos cuánto falta aun para encontrar los nuevos caminos y tocar el cielo. Finalmente, estos retratos no son más que puertas y ventanas a nuestra realidad presente y futura, un espacio de auto contemplación, un espejo cortante, gritando un dolor que no queríamos escuchar ni ver: Ahora, ellos saltan de sus marcos y nos acompañan, somos nosotros… comienza otro ritual, otra conversación sobre el grado del Sufrimiento que ignora de donde viene la fe, o lo que es mejor, sobre los grados de la Conciencia y de la desgarradora belleza de nuestra Historia.

Octubre 4 y 2010, Día de San Francisco de Asís (Orula).

En el Callejón de Hamell, Centro Habana

Roberto Zurbano Torres

Ensayista y crítico cultural.

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Afromodernidades: Fragmento de novela de Inés María Martiatu (inédito)

Entre los proyectos que Inés María Martiatu deja inconcluso al morir, se encuentra esta novela que inicialmente tituló: Volver a La Habana. Se trata de un obra poblada de personajes entrañables donde la música, las diferentes historias de vida de los negros y negras que habitan en Cuba y el Caribe, se articulan a través de los continuos desplazamientos e itinerarios de sus protagonistas: entre ellos una mujer negra, marcada por el desarraigo y lo diaspórico, por una transnacionalidad que, como afirma Glissant, están en los orígenes mismo de nuestra condición de pueblo o comunidad que ha padecido la angustia del trasbordo. Aquí están un pedazo de la historia de Cuba y de su cultura por las cuales trabajó de manera incansable, sobreponiéndose cada mañana a las limitaciones y el dolor físico, en condiciones que estaban muy lejos de ser las más idóneas.

Con la publicación de este fragmento de novela, y de otros textos suyos Afromodernidades desea recordarla.

Volver a La Habana.

Por: Inés María Martiatu

Para la orquesta de Chico Jiménez, el mulato trompetista puertorriqueño, Lola fue una verdadera adquisición. Habían recorrido muchos lugares de los Estados Unidos actuando en los modestos teatros latinos y en las sociedades de gente de color.

Una noche tocaban en el Club Martí-Maceo de Tampa. El salón con el escudo de Cuba en armas y la bandera al fondo estaba repleto de gente. El solo hecho de estar allí, de que se escuchara esa música encendía el patriotismo y el entusiasmo de los bailadores. Trabajadores, descendientes de los que habían llegado allí esperanzados y luchado por una Cuba Libre, los que escucharon quizá la prédica de José Martí y la de la patriota negra Paulina Pedroso. Lola cantaba Quirino con su tres, tomado del repertorio de Rita Montaner, la mulata de oro que la había deslumbrado una vez en La Habana con su magia. A ella, debía la decisión de cantar, de seguir su destino. Quirino con su tres. Al ritmo del bongó movía la cintura ceñida con un pañuelo amarillo. Los hombros, el cuerpo todo DE X se estremecía con el sonido estridente de la trompeta de Chico Jiménez. A un repique del bongó dejó caer un hombro con toda intención y fue el delirio. Quirino con su tres. Coreaban. Quirino con su tres, repetía Lola y entonces ocurrió algo indescriptible. Dejaron de bailar y se quedaron mirándola, escuchándola. Lola sintió que era feliz. Quirino con su tres.

Afromodernidades. “Volver a La Habana” por: Inés María Martiatu

Entre los proyectos que Inés María Martiatu deja inconcluso al morir, se encuentra esta novela que inicialmente tituló: Volver a La Habana. Se trata de un obra poblada de personajes entrañables, donde la música, las diferentes historias de vida de los negros y negras que habitan en Cuba y el Caribe, se articulan a través de los continuos desplazamientos e itinerarios de sus protagonistas: entre ellos una mujer negra, marcada por el desarraigo y lo diaspórico, por una transnacionalidad que, como afirma Glissant, están en los orígenes mismo de nuestra condición de pueblo o comunidad que ha padecido la angustia del trasbordo. Aquí están un pedazo de la historia de Cuba y de su cultura por las cuales trabajó de manera incansable, sobreponiéndose cada mañana a las limitaciones y el dolor físico, en condiciones que estaban muy lejos de ser las más idóneas.

Con la publicación de este fragmento de novela, y de otros textos suyos Afromodernidades desea recordarla.

Volver a La Habana. [Fragmento de la novela honónima.]

Por: Inés María Martiatu

Para la orquesta de Chico Jiménez, el mulato trompetista puertorriqueño, Lola fue una verdadera adquisición. Habían recorrido muchos lugares de los Estados Unidos actuando en los modestos teatros latinos y en las sociedades de gente de color.

Una noche tocaban en el Club Martí-Maceo de Tampa. El salón con el escudo de Cuba en armas y la bandera al fondo estaba repleto de gente. El solo hecho de estar allí, de que se escuchara esa música encendía el patriotismo y el entusiasmo de los bailadores. Trabajadores, descendientes de los que habían llegado allí esperanzados y luchado por una Cuba Libre, los que escucharon quizá la prédica de José Martí y la de la patriota negra Paulina Pedroso. Lola cantaba Quirino con su tres, tomado del repertorio de Rita Montaner, la mulata de oro que la había deslumbrado una vez en La Habana con su magia. A ella, debía la decisión de cantar, de seguir su destino. Quirino con su tres. Al ritmo del bongó movía la cintura ceñida con un pañuelo amarillo. Los hombros, el cuerpo todo DE X se estremecía con el sonido estridente de la trompeta de Chico Jiménez. A un repique del bongó dejó caer un hombro con toda intención y fue el delirio. Quirino con su tres. Coreaban. Quirino con su tres, repetía Lola y entonces ocurrió algo indescriptible. Dejaron de bailar y se quedaron mirándola, escuchándola. Lola sintió que era feliz. Quirino con su tres.

Volver a La Habana.doc

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Falleció la escritora y crítica teatral Inés María Martiatu

Publicado el Sábado, 06 Julio 2013 02:06

Café Fuerte

La escritora e investigadora teatral Inés María Martiatu Terry falleció el pasado miércoles en La Habana, a los 71 años.

Martiatu -Lalita, como era conocida entre sus allegados- desarrolló una de las obras más singulares y trascendentes en el campo de los estudios afrocubanos, distinguiéndose tanto en la investigación de la influencia africana, la discriminación racial y las relaciones interraciales, como en la creación literaria, y los aspectos mitológicos que han enriquecido el teatro nacional.

Su aporte en la teatrología y la crítica teatral sobre asuntos afrocubanos por los últimos 20 años es sustancial.

Nacida en el seno de una familia de profesionales negros, Martiatu estudió música en el Conservatorio Municipal de La Habana, hoy “Amadeo Roldán”. En 1960 formó parte de los alumnos del Seminario de Etnología y Folklore del Teatro Nacional de Cuba que dirigió el profesor Argeliers León.

Obtuvo también la Licenciatura en Historia por la Universidad de La Habana.

Dedicación al tema negro

Era asesora de la Cátedra de Estudios Africanistas “Argeliers León” del Instituto Superior de Arte de La Habana y colaboradora de la Fundación “Fernando Ortiz”. Además, formó parte del Consejo de Expertos del Consejo Nacional de Artes Escénicas y de la Asociación Internacional de Críticos de Teatro.

Además de su permanente labor como crítica, prologuista y editora de libros, en los últimos años mantuvo una importante actividad en la promoción de los temas que la obsesionaban a través de los blogs AfroCubanas y Teatro Afroamericano.

Como escritora participó en el Congreso de Mujeres Escritoras Caribeñas de Habla Hispana en Nueva York en 1998. Sus narraciones aparecieron recogidas en el volumen Over the Waves and other Stories/Sobre las olas y otros cuentos, publicado por University of Chicago Press en el 2009.

Su ensayo "¿Y las negras qué? Pensando el afrofeminismo en Cuba", obtuvo Mención en el Premio Casa de las Américas 2012, presentado a la edición extraordinaria del concurso sobre a presencia negra en la América contemporánea.

Entrañable amistad

Martiatu estuvo encargada de la selección y prólogo del Teatro (1989) y los dos volúmenes deTeatro Escogido (2006 y 2009), de Eugenio Hernández Espinosa, uno de los grandes dramaturgos cubanos contemporáneos con quien compartió una entrañable amistad por largos años.

Se consideraba una especialista de la obra de Hernández Espinosa y de su obra más conocida, María Antonia, sobre la que realizó la recopilación Una pasión compartida: María Antonia (ensayos) en el 2004.

Otros títulos que recogen su labor creadora son Algo bueno e interesante (cuentos, 1993), El rito como representación. Teatro ritual caribeño (ensayos, 2000), Remolino en las aguas y otras obras de Gerardo Fulleda León (selección y prólogo, 2004), El bello arte de ser. Antología de teatro de Tomás González (2005), Wanilere teatro, antología de teatro mitológico y ritual (2995) y Bufo y Nación. Interpelaciones desde el presente. (ensayos, 2008).

Su cadáver será velado en la Funeraria de Calzada y K, en el Vedado, este sábado desde las 10 a.m. Su sepelio está fijado para la 1:45 p.m. en el Cementerio de Colón.