Archive for 20 marzo 2010

Esperar por el Destino es mágico y patético

Juan Benemelis Viaje a Jamaica

Esperar por el Destino es mágico y patético. Entrevista  a  Juan Benemelis

Por: Alberto Abreu

Historiador y escritor. Graduado en Derecho Internacional e Historia por la Universidad de la Habana; Juan Benemelis, (Manzanillo, Cuba, 1942) fungió como diplomático. Premio de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de Ensayo UNEAC en 1978; también Premio de Historia de la Sociedad Cubano Árabe, en 1979. Ha publicado cerca de unos diez títulos sobre historia, filosofía y política entre los que se destaca: Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003). En la actualidad colabora con diversos medios y se desempeña como conferencista. Reside en los Estados Unidos.

En esta conversación Benemelis reflexiona sobre figuras como Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado, Maceo; sus encuentros con personalidades de la diáspora africana como Mandela, W Dubois, sus experiencias en el proceso de descolonización del África y sobre otros tópicos como el miedo al negro dentro de los procesos formativos de nuestra nacionalidad.

Perteneces a una generación que arriba a la vida intelectual cubana en una coyuntura de muchas tensiones, de luchas entre grupos, filiaciones estéticas, filosóficas… En medio un contexto político internacional, también, muy peculiar como los fue la década del sesenta. ¿Qué recuerdos perduran de aquellos años en que eran tan jóvenes? ¿En que medida fueron configurando o ayudaron a perfilar una conciencia de tu identidad como negro?

Fui al África en la década de los sesenta cuando se iniciaba el proceso de descolonización. A los 19 años me paré delante de la pirámide de Keops y quedé aplastado. En el Museo de El Cairo, caminando por las galerías de las estatuas de los faraones fue una revelación descubrir que casi todos eran negroides; ahí se desvaneció el Egipto de Hollywood, de Víctor Mature que había visto en películas. La segunda gran impresión fue la vastedad del Sahara.

Ghana era un hervidero de políticos africanos que luego se transformarían en los principales estadistas y pensadores del continente. Allí conocí  y departí con W Dubois, ya viejito con más de 90 años, cuando escribía su ensayo para la UNESCO. Dubois tenía un conocimiento vasto de la situación del negro en Cuba, y de él supe la importancia de la diáspora; hablaba un poquito de español. Allí estaban los antillanos que lanzaron la negritud, herederos de Padmore. Con Kenneth Kaunda, Hasting Banda y Julios Nyerere, que aún no eran presidentes, sostenía constantes discusiones políticas.  Todos los sábados acudía a la escuela del Partido de la Convención en Winneba, donde se reunía un pequeño grupo con el presidente Kwame Nkrumah, Kofi Batsa el teórico, los hermanos Diop, famosos africanistas, el camerunés Woungly Massaga un filósofo bantú. De ellos conocí el panafricanismo, la importancia de Africa para las Americas negras, los relatos de las civilizaciones africanas, las filosofías africanas, la política del socialismo africano.

Invitado por el Asnatehene, el rey, pasé temporadas en Kumasi, capital de los temibles guerreros Ashanti, que estaban prohibidos de exportar a las Américas. Conocí al yoruba Awolowo y de él supe la importancia civilizadora de los yoruba y sus diferentes culturas. El teatro de los Fante y Ewe, de los cuales aprendió Roberto Blanco, eran mis favoritos. Estuve en Timbuctú, en un viaje por carretera desde Accrá, por todo el borde sur del Sahara hasta Djenne. En Timbuctú visité la universidad milenaria de Sankoré y ví los manuscritos escritos por africanos de siglos atrás.

Durante un mes tuve alojado en mi casa a Nelson Mandela, que era una figura corpulenta y todas las mañanas practicaba boxeo. En Zanzíbar me hice amigo íntimo y personal de Mohammed Babu, luego vicepresidente de Tanzania. Fuimos a mercados de esclavas que aún existían. Babu era un afro-árabe influido por el naserismo. Babu me consiguió las famosas Crónicas de Kilwa, las originales, que me sirvieron para escribir el capítulo de Kilwa-Mombasa en mi Historia del Africa.

Fui al Dahomey, hoy Benin, con un afro-cubano defensor de los derechos del negro cubano, Felino René Goire. En Abomey, los sacerdotes de Changó me permitieron entrar en el santuario de Changó, una estatua de barro pequeñita. Sólo ellos pueden verla y consultarla, me hicieron ese honor. Allí vi, en casas particulares y pequeños museos, unas estatuas yorubas increíbles, más impactantes que las conocidas en los libros de arte.

Departí varias veces con Jomo Kenyatta. Pese a que estaba lesionado psicológicamente y era un alcohólico debido a que los ingleses, en sus años de prisión, le daban el agua ligada con ginebra, pese a su incoherencia, con sus ojos inyectados, me impactó como el africano más brillante de todos los que conocí. De él extraje conclusiones como que las independencias, la democracia, el socialismo, el marxismo, etcétera, no resolvían los problemas tribales, raciales y de minorías étnicas.

Luego de tales experiencias, en Cuba, a pesar de Utopía, veía cómo aún perduraba la discriminación racial y la falta de equidad. Desde entonces comencé a escribir sobre la historia del África. Regresé de mis viajes lleno de libros inéditos y de crónicas desconocidas. Aprendí que era imposible explicarse la trata, la esclavitud, la diáspora, la discriminación, la aculturación del negro en las Américas sin conocer al África.

-PARA LA ENTREVISTA COMPLETA SOBRE ESPERAR POR EL DESTINO- Juan Benemelis Esperar por el destino…

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EL NEGRO EN CUBA

EL  NEGRO  EN  CUBA[1]

Por: GASTON   BAQUERO

Uno de los tópicos favoritos del exiliado blanco cubano es de la inexistencia en Cuba, antes del comunismo, de conflictos raciales.

Como casi todos los tópicos ese del no racismo, de la no discriminación, del no conflicto, es falso. Es una utopía, un fragmento de la más bella utopía soñada por el género humano, la pretensión de que haya existido o pueda existir por ahora una convivencia pacífica, consolidada por la igualdad real y práctica de posibilidades y de derechos, entre razas diferentes en un mismo país.

Dondequiera que estén conviviendo dos razas, dos religiones, dos idiomas, dos culturas, dos niveles económicos distintos, hay segregación, hay discriminación, hay lucha de razas, y una de ellas tiende instintivamente a dominar a la otra para dejarla al margen de las posibilidades de bienestar, de acceso al poder, y de aseguramiento del porvenir.

Desconocer esto es desconocer la historia pasada y presente de la humanidad. Dicho de una manera simbólica, desconocer la lucha perpetua de unos hombres contra otros por apoderarse del mando y de la riqueza, es desconocer la trágica supervivencia del episodio bíblico de Caín y Abel.

Entre los hombres de una misma raza, de una misma religión, de una misma cultura, de una misma capacidad  económica, se reproduce también todos los días, en grande o en pequeño, cruenta o inocuamente, la tragedia de Caín y Abel. La presencia de ¨otro¨, distinto, extraño, desvía momentáneamente el instinto de agresión, trasladándolo del igual al diferente.

Si hay señales, diferencias visibles, pruebas de que no se pertenece al clan dominante, la lucha es más fácil, más justificada por parte de los beneficiarios, los agresores, y más sufrida por parte de las víctimas. Cuando los blancos – o los católicos, o los negros, o los protestantes, o los ricos, o los pobres- se quedan solos, acaban siempre mordiéndose, despedazándose entre sí para alzarse cada cual con la presa si es posible. Pero si quien se acerca al banquete, si quien pretende participar o está participando, es distinto, diferente- negro, judío, extranjero, de otra religión, de otro partido político, pobre, etc.-, todos los otros se unen (provisionalmente) para acabar con el intruso.

Esta es todavía la ciega ley de la vida, el instinto zoológico de conservación. Esto es así, en todas partes, porque el ser humano se encuentra aún en los albores, en los balbuceos, y muy débiles, muy tenues aún, de la condición humana. El hombre sigue siendo una fiera. Está saliendo apenas de la animalidad, de la reacción desnudamente zoológica, instintiva, brutal, ante los obstáculos del mundo.

En esa cosa primitiva que es aún el mundo de los hombres (probablemente nuestra especie es, en el universo, la menos inteligente, la menos desarrollada, la menos racional de cuantas pueblan los mundos), no cabe pretender que actuemos como seguramente actuará el hombre dentro de diez siglos.

Lo humano del hombre está comenzando, es una lenta insipiencia, un tímido y minúsculo indicio de lo que llegará el hombre, el instinto impera sobre la razón. La cultura es aún un proyecto lejano, lejanísimo, porque la cultura no es otra cosa que la subordinación, el enrriendamiento de la animalidad, por la voluntad del hombre sobrepuesto y dominador de su bestia propia y personal.

En tanto no se alcance esta superación del sub-humano o pre-humano actual, es absurdo, es pueril, hablar de que amamos al prójimo, y de que en una ciudad fundada por blancos, los negros (o amarillos, o los rojizos) pueden vivir sin problemas, de igual a igual. Tampoco puede existir para los blancos en una sociedad fundada por negros. Eso no existe todavía, no ha existido jamás bajo la bóveda celeste.

Alemania parecía ser la nación más civilizada, más importante de la historia, después de la China antigua y de la Grecia del siglo y antes de Cristo. Allí habían nacido Goethe y Federico Nietzsche. Todo lo valioso que el hombre ha dicho en los siglos XIX y XX, se dijo primero en alemán. Sin embargo, fue allí, en la nación de las naciones, en la cuna y trono de la inteligencia, donde se produjo el estallido zoológico más humillante para el ser humano.

Ciertamente, el racismo de los nazis no era sino la última posibilidad que quedaba a la raza blanca para seguir ocupando el primer puesto en la brutal historia por donde ella se había paseado durante siglos como un vampiro insaciable. Pero la fiereza de Hitler le llevaba a devorar por igual a los judíos y a los blancos de otros países, que se habían tragado previamente a los negros, a los indios y a los chinos. Comiéndose a Francia, Hitler estaba, de paso, almorzándose las posesiones francesas en África y en Indochina; tragándose a Gran Bretaña, se merendaba de paso un imperio donde efectivamente el sol no se ponía jamás. Hitler quiso poner de acuerdo por la fuerza a los blancos, bajo su batuta, desde luego, y los blancos se coaligaron contra su único posible paladín. Hitler cayó, y la Europa colonialista e imperial murió con él.

Los negros, los chinos, los asiáticos de todo matiz (incluyendo en primer término el matiz ruso, como quería Spengler), asistían a aquella lucha de fieras entre blancos, con una sutil sonrisa. Adivinaban que la Europa blanca, colonialista, feroz, iba a ser sustituida provisionalmente en el poder mundial por una nación que tenía dentro el veneno de su disolución, que no podría jamás llegar a ser un imperio tipo Gran Bretaña, o tipo Francia, porque era una nación mestiza. Europa, por su ceguera, por sus guerras entre blancos, dejaba vacío el trono, y Norteamérica tendría que ocuparlo efímera  e ineficazmente, por una simple razón de vacío que se llena con el cuerpo más próximo, valga lo que valga, sirva o no sirva. Norteamérica estaba hecha con un mestizaje tal, con una mezcla de razas y de europeos resentidos de tanta entidad, que no les sería posible de ningún modo ocupar el puesto imperial de los europeos blancos. ¿Por qué? Porque Norteamérica no es una nación blanca. Procuró imitar a los europeos subyugando al negro, pero el negro ganó finalmente la partida.

Y la ganó porque Norteamérica no es una nación europea. Infortunadamente para la raza blanca; afortunadamente para las razas de ¨color¨). Alexis de Tocqueville, advirtió que dentro de cien años- es decir, ahora, hoy- ese país sería destruido por el conflicto racial, por la presencia y actividad de los negros. Adolfo Hitler le añadió a Tocqueville la observación de que Norteamérica se hundiría además por el lastre judío que lleva en las entrañas.

“Por más que vivo y trabajo entre paredes de cristal, no soy comprendido”.

Antonio  Maceo

-PARA EL ARTICULO COMPLETO SOBRE EL NEGRO EN CUBA- Gaston Baquero El Negro en Cuba


[1] La enciclopedia de Cuba.   Tomo   5 Playor. S.A.  Madrid, 1974

El bello arte de ser y los juegos carnavalesco de la negritud.

Tomás González:   El bello arte de ser y los juegos carnavalesco de la negritud.

Por Alberto Abreu

En el mapa de la dramaturgia cubana contemporánea el nombre de Tomas González es, sin objeción alguna, una voz imprescindible y la más desatendida. El hecho no me sorprende. Desafortunadamente, sobre estas paradojas y olvidos se articula una región significativa del campo cultural cubano.

Guionista de dos cintas memorables dentro de la filmografía cubana: De cierta manera, de Sara Gómez y La última cena, Tomás Gutiérrez Alea. Tomás es uno de nuestros autores teatrales más prolíficos. Creador, además, del Método de Actuación Trascendente que lo sitúa como una de las sensibilidades más inquietas y osadas de la escena cubana. En el se reciclan creativamente las conquistas y postulados teóricos-práctico de Stanislavski, Lamba, Grotowski, Living Theater…

El mismo busca explorar los dispositivos más insospechados del cuerpo y la memoria en bailarines y actores como parte de su entrenamiento para las representaciones dentro del llamado Teatro Ritual Caribeño. Ha señalado una de las más activa promotoras de su obra, me refiero a la crítico Inés María Martiatu

Por la apariencia excéntrica, con que encara los nuevos descentramientos culturales y otras conductas que se derivan del ser y el existir finisecular. Este método tiene sus anclajes en el perfornmance. Aceptado esto último, corresponde, entonces,  preguntarse sobre los modos en que el mismo asimila, re-lee los gestos performáticos de Joseph Beuys,  o por la forma en que articula (en un nivel filosófico, estético) zonas de contacto con aquellas memorables  acciones plásticas protagonizadas por el nuevo arte cubano en la segunda mitad de la década del ochenta. En fin: lo que me interesa de este autor es su  sensibilidad y su gesto escriturario. Su status  precursor dentro de una cartografía erosionadora de los modelos culturales establecidos. En la que su poética se ubica como un enclave donde se conjugan ciertos tic del absurdo piñeriano, los postulados del Teatro Ritual Caribeño, los gestos más desacralizadores, carnavalesco, del arte nuevo cubano: el bad paitting, el espiritu ritual de los performance de Tania Bruguera. Y la postura que ante los lenguajes corporales asumen novelistas como Pedro Juan Gutierrez  y Jorge Ángel Pérez.

Lo que nos lleva a considerar la significación de este método de actuación y de su dramaturgia más allá de las tablas y dentro de una dimensión más amplia dentro del campo cultural cubano de estos finales o/y principios de milenio. Nos aboca a otros posicionamientos, otros espacios de riesgo para pensar el teatro ritual caribeño. Propio de una región donde se entrecruzan el imaginario popular, la memoria pública y privada con algunas zonas del insconciente colectivo, la antropología, la religiosidad afrocaribeña, la oralidad. Así como con el carácter ritual que desde su inicio acompañó los ímpetus del performance, sus anhelos por conectar el arte con el flujo de la vida, su ruptura con las nociones restringidas de lo artístico; su aura dionisíaca y delirios por excavar en los origines rituales del arte: la máscara, la representación, la música, la danza. El descentramiento de las fronteras espacio-tiempo, entre actor y espectador, lo publico y lo privado…Hablo también de reconfigurar nuestra memoria cultural más inmediata. Articular miradas críticas que difuminen esas parcelaciones que confinan las lecturas y conceptualización de las prácticas y  representaciones simbólicas a la especialización del discurso crítico.

Inés María Martiatu, la más apasionada promotora de su obra, en su ensayo “Taller de Actuación Trascendente: El nacimiento el un método” Lleva un diario pormenorizado de aquellas sesiones realizadas hace años en la comunidad de Machurrucutu. Observadora atenta, sagaz, no pierde de vista un detalle. Su mirada todo lo registra. Tiene la convicción de estar asistiendo a un suceso sin precedentes para el teatro antropológico en Cuba y América Latina. Y quiere dejar constancia.

-PARA EL ARTICULO COMPLETO SOBRE EL BELLO ARTE DE SER- Tomás González: El bello arte de ser y los juegos carnavalesco de la negritud.

CONTRA LA FALSA CRÍTICA: UNA RESPUESTA CON GUANTES (DE SEDA)

Arturo Arango comienza su “crítica” a Los juegos de la escritura o la reescritura de la historia, ensayo de Alberto Abreu, con una  interesada referencia a la llamada “guerrita de los e-mails”,  suceso durante el cual decenas de artistas y escritores cubanos se pronunciaron en contra de aquella tendencia dogmática de la política cultural cubana que, de vez en cuando, parece emerger, pues alcanza formas muy sutiles en las cabezas menos contaminadas y en  inesperados momentos. A veces, también en nombre de los valores más revolucionarios y antidogmáticos, tal y como reconozco en la extensa reseña de Arango.

El libro de Abreu elude todo afán de protagonismo, de queja o de cátedra, tres de las causas que convirtieron a la “guerrita de los e-mails” en la imposibilidad de una estrategia  participativa para hacer del ejercicio crítico un espacio permanente en nuestros mayores medios de difusión, más allá de los reales logros, consensos y sesiones críticas que han logrado sostenerse hasta hoy. Se trata de un libro de ensayo, Premio Casa de las Américas 2007, otorgado por un jurado que no sólo integraba Víctor Fowler, sino también el mexicano Víctor Barrera Enderle y la argentina Claudia Gilman, estudiosa de las relaciones entre la intelectualidad y el poder en América Latina, quien ha dedicado algunos textos a dicha problemática en la Isla. Este libro no necesitó ponerse al día con la llamada “guerrita electrónica”, porque había profundizado en las causas que configuran, más allá de batallas ganadas y perdidas, la historia de la crítica cultural cubana del último medio siglo.

Arturo arremete con todas las argucias y contra-argumentos que su entrenada condición de polemista le otorga para devaluar este libro, que debe ser criticado como cualquier otro, y también por su aliento discutidor y por las tesis que maneja, resultado de una investigación documental,  fundamentada en diversos presupuestos teóricos que aplica en  los distintos análisis conceptuales del campo artístico y –en particular- de los discursos críticos en Cuba. El libro se escribe en el mismo tiempo de vida de sus protagonistas, en un periodo lleno de complejidades ideológicas y en un espacio no demasiado amplio como creemos, que es el campo de las relaciones y de las posibilidades que configuran organizaciones, instituciones, publicaciones y otras formas de la promoción y el diálogo. Este es el espacio que cubre el ensayo, un campo cultural cuyas fronteras, limitaciones temporales, normativas y permisibilidades han marcado la vida de cada grupo, tendencia estética, ideológica, política y existencial.

Los juegos de la escritura… revisa y evalúa las bases ideológicas y estéticas de una historia muy reciente –cabría decirse, muy caliente- de las ideas críticas en el último medio siglo cubano. Y con frecuencia en este libro aparecen, además, nombres propios, fechas, páginas, errores, disimulos, retractaciones y componendas, pero todo ello se demuestra no sólo a través de los análisis del autor -que considero atinados, pero de los que cualquier otro estudioso pudiera prescindir-, sino también, y sobre todo, a través de documentos, sucesos y declaraciones firmadas y afirmadas por los propios protagonistas. Este es uno de los valores más contundentes del libro, pues Abreu es capaz de revisar la historia de nuestros dogmas culturales, caracterizar sus discursos críticos, identificar sus protagonistas, sus espacios y momentos de mayor expresión y sus consecuencias posteriores, correlacionando todos estos sucesos, grupos y declaraciones públicas en una lectura contemporánea muy valiosa para nuestra memoria crítica, para nuestra política cultural  y para nuestra  práctica ética.

-PARA EL ARTICULO COMPLETO SOBRE LA FALSA CRITICA-

CONTRA LA FALSA CRÍTICA

Tomás Fernández Robaina reflexiona a propósito del Centenario del P.I.C.

TOMAS FERNANDEZ ROBAINA Agencia de rap

Tomás Fernández Robaina reflexiona a propósito del Centenario del P.I.C.

Por: Alberto Abreu

Hace poco fui a visitarlo a la Biblioteca Nacional  José Martí donde labora como especialista del Departamento Bibliografía Cubana. Andaba de tránsito por la Habana y no quería irme sin saludarlo. Llegué fatigado por el calor. En la recepción me informaron que bajaría en un momento. Espere unos minutos en el lobby mientras fisgoneaba, a través de la puerta de cristal de una de las salas, los lienzos de una futura exposición: sin colgar, desordenado por todo el local. Mientras llegaba decidí gozar de la brisa que, corría por la puerta principal. Y volví a colocarme justo a la entrada. Fue entonces lo veo avanzar en dirección a mí, sonriendo con malicia. Su figura minúscula desplazándose con admirable ligereza como regenteando, por los amplios pasillos de aquella institución, persistente, infatigable.

Luego de intercambiar chismes, libros, referencias… le hablé de mi intención de entrevistarlo a propósito del centenario de la constitución del Partido Independiente de Color. Después de tantas llamadas, llegó finalmente por e-mail las respuestas a mi cuestionario. Mi entrevistado: Tomás Fernández Robaina es autor, entre otros volúmenes, de Bibliografía de estudios afrocubanos (1969), Índice de revistas folklóricas (1971), La prosa de Guillen en defensa del negro cubano(1982),Recuerdos de dos mujeres públicas (1984), y de un libro que se ha vuelto de imprescindible consulta: El negro en Cuba (1990). Recientemente la colección Echú Bi de la Editorial Ciencias Sociales acaba de poner en el mercado la segunda edición de su libro: Hablen paleros y Santeros.

Cumplido este protocolo de la presentación haré entrar de inmediato al lector en la escena de esta entrevista.

Tratándose de ti y como estamos celebrando el centenario de la fundación del Partido Independiente de Color comencemos con una pregunta ineludible: ¿Desde la perspectiva de los cien años transcurridos cuál cree que haya sido el principal aporte del PIC  a las luchas del movimiento negro y la historia de Cuba?

La mayor contribución del Partido Independiente de Color (PIC) al  movimiento social de los negros, y a la historia de Cuba, en particular, fue haber mostrado la opción política independiente como una alternativa importante en la lucha contra la discriminación racial de la cual eran víctimas. Este hecho marca la madurez política de los que integraban un sector del movimiento ya mencionado. En el acta de constitución de dicha organización se expresa nítidamente que su propósito: no integra odio, ni animadversión hacia nadie, que todos los cubanos tienen el derecho de apoyarnos o combatirnos, pero que nosotros inspirados en una obra alta y generosa, tenemos  el deber de mantener el equilibrio de todos los intereses cubanos, y que la raza negra tiene el derecho de intervenir  en el gobierno de su país  no con el fin de gobernar a nadie, sino con el propósito  de que se nos gobierne  bien. (Previsión 15 sept., 1908)

Por supuesto, las contradicciones e intereses económicos y políticos de los blancos y negros cubanos que, ya disfrutaban de determinados espacios laborales, y sociales fueron elementos decisivos para que la alternativa estenozista fracasara rotundamente. Esa opción política no volvió a ganar adeptos y por lo tanto desapareció del discurso reivindicador del movimiento social del negro cubano  de antes y después de 1959.

¿Cuáles siguen siendo las zonas oscuras y de prolongado silencio en la historiografía oficial cubana a la hora de abordar este tema?

La trascendencia de la fundación del Partido Independiente de Color,  para el movimiento social del negro en Cuba y en América, no se ha destacado por nuestra historiografía, porque no ha  reconocido la relevancia de tal hecho. No  se ha divulgado ni debatido, de manera amplia, el programa político social; y en igual medida el pensamiento que se conoce de Estenoz y de algunos voceros del PIC quienes reflejaron en sus escritos, la ideología patriótica, de integración social y de igualdad de derechos para todos los cubanos. El re-conocimiento de tales textos (aparecidos principalmente en Previsión, y Reivindicación, y en otros órganos de prensa) aportan los elementos que demuestran, de modo objetivo, las justas razones que animaron la existencia del PIC. Y, por lo tanto, evidencian que los racistas no fueron los Independientes, sino quienes los acusaban de serlos por querer hallar un camino para lograr una patria más martiana: con todos  y para el bien de todos. Sin descuidar la especial atención a los históricamente marginados del disfrute de todos los derechos sociales.

-PARA LA ENTREVISTA COMPLETA CON TOMAS FERNANDEZ ROBAINA- TOMAS FERNANDEZ ENTREVISTA

Bienvenidos a Afromodernidades!

Afromodernidades, así se titula este blog, de Alberto Abreu que pretende conducirnos por esos parajes que el discurso y el poder hegemónico de la blancura ha tenido como residual: el lado execrable de la modernidad occidental.

En este sentido Afromodernidades desea buscar nuevas alternativas teóricas que permitan pensar la cultura, la historia, desde una voluntad inclusiva, democratizadora y desde las continuas deconstrucciones del orden simbólico dominante: blanco, varón, heterosexual y letrado.

Afromodernidades, aspira a ser un puente que permita el acercamiento y la reflexión a esa modernidad subalterna, y sobre quienes, desde ella, alzan su voz tratando de colocar sus reclamos en los escenario políticos de debates no sólo afrocubanos, sino también afrocaribeños y afrolatinoamericanos. Reclamos, interpelaciones, interrogantes que nos hablan de cimarronajes, utopías y reivindicación cultural e histórica.

Abrimos con la polémica que, en este sentido, suscitó el libro: Los juegos de la escritura o la (re)escritura de la Historia, de Alberto Abreu. (Premio Casa de las Américas en ensayo artístico literario 2007). Las que recogemos en la sección Debates afroculturales.

En la sección de Entrevistas, Tomás Fernández Robaina conversa sobre el Partido Independiente de Color. Mientras Juan Felipe Benemelis, lo hace sobre los silencios historiográficos en relación con la contribución de los negros y mulatos al proceso de formación de la nacionalidad cubana: figuras como Josè Martì, Antonio Maceo son revisitadas en esta entrevista. Por su parte el poeta afrocubano Rito Ramòn Aroche conversa sobre su poesía y nos revela aspectos interesantes del campo literario cubano de estas últimas décadas.

Los conflictos que se derivan de una doble marginalidad: homosexual y negro se  convierten en el centro de los cuentos y novelas de Alberto Abreu, que aparecerán en la secciones Los juegos de la escritura.

En la siguiente sección, que hemos titulado La (re)escritura de la Historia, incluiremos aquellos estudios que, desde una perspectiva multi/pluri/transdisciplinaria, se adentran por los instersticios de los relatos sacralizados de la historia oficial, deteniéndose en sus fisuras, tachaduras, y olvidos. Para esta ocasión daremos a conocer”El negro en Cuba” un ensayo seminal y poco divulgado del intelectual cubano Gastón Baquero. además de un sorprendente capítulo del libro inédito de Juan Felipe Benemelis: El miedo al negro, donde examina las prácticas de eugenesia con fines de blanqueamientos racial llevadas a cabo en Cuba durante las segunda y tercera década del siglo XX. .

En la sección Reseñas, encontrarán una amplia mirada a libros: Bufo y Nación, selección prólogo y notas, de Inés María Martiatu, así como a Campos cruzados, saberes al borde, crítica cultural y latinoamericanismo, de Nelly Richard publicado por la colección cuadernos del Fondo Editorial Casa de las Américas. Y a la compilación, de Juan F. Benemelis: La memoria y el olvido. Syllabus Afrocubano.

Las obras del pintor afrocubano Carlos Miguel Oliva, uno de los discursos visuales más consistentes y lucidos dentro de la plástica cubana de cubana contemporánea serán una de las revelaciones que nos hará la sección Visualidades.

Esto esperamos que sea Afromodernidades, un blog para pensar los imaginarios de la racialidad negra  desde su naturaleza subversiva, desmanteladora de las grandes narrativas de la modernidad occidental.