Archive for 29 noviembre 2015

Afromodernidades

Rodríguez Feo/ Piñera: alianza literaria o el desmontaje del emblema hetero de la nación.[1]

Por Alberto Abreu Arcia

La historiografía literaria cubana ha consagrado buena dosis de esfuerzo e inteligencia a hurgar en las intríngulis que provocaron la ruptura de la amistad entre Pepe Rodríguez Feo y José Lezama Lima, la desaparición de Orígenes, y la consecuente emergencia de la revista Ciclón a la escena literaria cubana de la década del cincuenta. Mucho se ha especulado sobre el papel de Rodríguez Feo en ambas publicaciones, y sobre cuánto aportaron las poéticas contrapuestas de Lezama y Piñera a configurar el rostro definitivo de cada una de ellas.

Por otra parte, nuestros estudios literarios han tratado de explicar las diferencias entre Orígenes y Ciclón desde una perspectiva inmanentista que a menudo pierde de vista el hecho de que los discursos no emigran ni circulan por sí mismos como si estuvieran dotados de una movilidad propia, su producción, puesta en escena e interpretación son resultados, casi siempre, de las estrategias desplegadas por determinados grupos de intelectuales, y guardan estrecha relación con el modo en que ellos entienden los procesos culturales, los criterios de verdad, justicia, belleza, etc. Lo dicho hasta aquí, no es un teque de sociología literaria, sino explica por qué, en las líneas que siguen, voy a dejar a un lado los intersticios de estas trifulcas literarias, para acercarme a esta mancomunidad literaria entre Pepe Rodríguez y Virgilio Piñera, desde lo que considero sus tres aspectos fundamentales. 1) la re-invención del proyecto de modernidad cubano, 2) la erosión de las jerarquías patriarcales que edifican los discursos sobre la identidad nacional y la fantasía nacionalista de un sujeto nacional homogéneo, 3) la manera en que dicha alianza puso en jaque la representación del sujeto moderno en las letras cubanas, entendido como aquel un sujeto totalizador, teleológico, que habita en el logos. Al privilegiar los tópicos del erotismo, la glorificación de la carne, la homosexualidad y otras problemáticas relacionadas con las políticas del deseo, el cuerpo acechante, improductivo temidos por la sociedad burguesa de su tiempo como la perversión, lo abyecto.

Si en la primera parte, de mi trabajo intento, situar la aventura de Ciclón dentro de la historia intelectual de la nación cubana. En la segunda, voy a examinar cómo el editorial “Cultura y moral” aparecido en noviembre de 1955 en la referida revista se coloca como un intertexto que, desde su continuidad espacio-temporal, es releído por emergente discurso homosexual del proyecto literario Ediciones El Puente, y las complejas interrogantes que, desde una relación interdiscursiva, este editorial introduce en el mapa de las dinámicas sexuales de los primeros años de Revolución en relación con las tensiones entre sexualidad y revolución/ entre activistas del goce y el cuerpo revolucionario.

1 Texto leído en el coloquio Orígenes de un Ciclón, celebrado los días 11 y 12 de noviembre en el Centro Dulce María Loynaz y en la Ciudad Celeste (residencia de la familia Ibáñez en Mantilla, donde Virgilio Piñera animara una célebre tertulia). El mismo fue organizado por Norge Espinosa y concebido como espacio de recordación, homenaje y discusión acerca del legado del fundador de Orígenes y Ciclón: el editor, crítico, antologador y traductor José Rodríguez Feo.

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Afromodernidades

Soy, me pienso y hablo como homosexual negro. (IV y Final)

Por: Alberto Abreu Arcia

Carlos Uxó González en su libro Representaciones del personaje del negro en la narrativa cubana, al referirse a la generación de narradores conocida como Novísimos, que emergió a la escena literaria de la Isla a partir de la segunda mitad de la década del ochenta del pasado siglo, advierte un hecho que califica de “mucho más hondo, tanto más desconsolador”. Uxó lamenta que un movimiento literario como éste, que condujo a la literatura cubana por los senderos de la renovación temática y formal, que se proclamó anticanónico, antiestablishment, que abrazó la seducción postmoderna por los márgenes y la otredad no haya abordado las problemáticas de marginalización y discriminación racial de un grupo identitario como los negros. Casualmente en este período al que se refiere Uxó ocurre también la salida del closet del cuento cubano, y lo hace con una avidez casi adolecente por las pingas y la machanguería.

En las líneas que siguen me gustaría exponer algunos ejemplos que demuestran como las representaciones del cuerpo masculino del afrocubano que hace el sujeto blanco en la narrativa de los Novísimos, deliberada o inconscientemente, reproduce esta matriz colonial y racista a la que hacía referencia en el tercer post de esta entrega para afromodernidades. Estos textos narrativos, las escasas veces en que lo representan o refieren lo hacen asociándolo a sus “atributos” sexuales y a los escenarios abyectos de la prisión, la calle, el mundo prostibulario del pinguero, etc.

Así encontramos que en su cuento “La espera”, Ronaldo Menéndez refiere la violación de un niño por un personaje conocido como “el Negro”. El relato “La Puerca”, que inaugura el libro de Ángel Santisteban, Los hijos que nadie quiso, el cual obtuvo el premio Alejo Carpentier (2001), se desarrolla en una prisión, una parte de ella está controlada por dos negros bugarrones: el Chepe y el Llanero Solitario. El cuento se inicia con la voz del narrador describiéndonos la siguiente escena: “Chepe se mantiene acostado en la litera con los ojos cerrados mientras se soba los huevos; a su lado, en el piso, hay un recluso que recién entró en la última cordillera, dice que es su esclavo y lo apodó Victrola” (7). Chepe se encuentra “de mal humor por culpa de un gordito tímido que también entró en la última cordillera” y que el Llanero Solitario le quitó, “y el muy gordito que se moría de miedo a ser devorados por tantos salvajes en esa jungla, aceptó entregarse a aquel King Kong, crítica Chepe, olvidándose que es tan negro como el otro”(8).

El relato de Jorge Ángel Pérez, “El retrato de Dorian Gey”, tiene la finalidad de impugnar el paradigma hetero de la nación. En una de sus líneas escuchamos al narrador las siguientes aclamaciones: “no hay nada como el falo de un cubano, y si es negro mejor”, y más adelante recomienda: “que se acueste con Foción, con el vasco Ferraluque o mejor con un negro, para que sepa lo que es un hombre”.

W, el libro de cuentos de José Miguel Sánchez, Yoss, aparece un personaje llamado Harley Salomón, quien es un negro bugarrón (si hasta tiene rima y todo). Según su autor, el relato: “Trata de uno de los tabúes de la literatura cubana, el tabú del bugarrón. Es decir, el homosexual activo viril, que no es lo que en Cuba se denomina una loca de carroza y, hablando en jerga le gusta dar pero que no le den”. (Uxó 247). Lo más irónico del caso es que tanto su autor como Uxó consideran que estamos ante un personaje de “especial importancia y trazado muy acertadamente”, que intenta reivindicar y revestir de toda dignidad la imagen del negro, rehuyendo de los estereotipos, y prejuicios (Uxó 230-31).

En el filme “Fresa y Chocolate” hay una escena que ilustra perfectamente esta problemática. Intentaré citarla de memoria. Diego, el protagonista, hace una alusión sobre las “habilidades” de los negros para delinquir, al tiempo que descalifica su talento para el orden simbólico. Ante esta situación, David asombrado y tan políticamente correcto le pregunta: “¿Eres racista?”. Diego, sonríe mordazmente, y le responde: “Yo, mejor que nadie se el valor de un negro”.

Estamos frente a un filme y un texto literario (“El lobo, el bosque y el hombre nuevo”) tenidos como emblemáticos por la hermenéutica homoerótica en Cuba. Aplaudido en todo el mundo por su discurso reivindicador de la homosexualidad, y sus inexorables posturas contra la intolerancia, la discriminación y en favor del respecto a la diferencia. Que intenta gestionar un espacio para la mariconería dentro del imaginario social y político de la revolución. Por lo que resulta llamativo que hasta el momento ningún investigador, dentro o fuera de la Isla, haya reparado en este tipo de representación del sujeto afrocubano la cual pretende justificarse a través del humor, pero que en el plano estético reposicionan determinadas prejuicios y estereotipos raciales arraigados en el imaginario popular, los cuales resultan irrespetuosos, no solo por sus trazados banales, carentes de complejidad social y psicológica, sino también porque en ella no hay una sola palabra o frase que remita a las causas históricas, políticas, sociales, económicas, culturales que históricamente han condicionado su status marginal y excluyente del negro dentro de la historia de la nación cubana; además se le construye solo como un objeto del deseo para el homosexual blanco, nunca como sujeto de conocimiento. Lo cual sugiere cierta complicidad de estos estudios homoeróticos con estas configuraciones segregantes y elitista que el mundo del homosexual blanco, letrado y el imaginario de la blanquitud hacen del afrodescendiente.

Igualmente, considero digno de atención el espacio invisible que ocupa el homosexual negro dentro de la genealogía del discurso homoerótico cubano. Lo anterior es comprensible, si atendemos al hecho de que, exceptuando el caso de Víctor Fowler (intelectual heterosexual y negro), el resto de los investigadores que se han ocupado del estudio de los textos lebian-gay cubanos, tanto en la Isla como fuera de ella, son blancos. Lo que me lleva a recelar del posicionamiento desde cual se han venido delineando estas cartografías. Claro que toda regla tiene su excepción: Jesús Barquet con sus acercamientos a la poética de Ediciones El Puente es una especie de avis rara dentro de esta constelación.

Se pudiera argüir que la producción de escritores y artistas homosexuales negros que hablan por y desde su cuerpo diferenciado sexual y racialmente -al margen del poder de enunciar y de hablar por el otro, que históricamente ha detentado el letrado blanco en Latinoamérica- resulta escasa, más bien nula. Es cierto, como también lo es el hecho de que en innumerables autores hispanoamericanos lo que más ha seducido a la crítica a la hora de rastrear esas marcas homoeróticas es el juego discursivo e intersticial entre lo que se dice y lo que se calla o desplaza. El amor que no osa decir su nombre. Lo que no ha pasado a la hora de leer las obras de los creadores negros, aunque de entrada sepamos que estamos ante un maricón asumido. Lo que viene a enfatizar esta exclusión. Hace pocos días conversando sobre esta problemática con Norge Espinosa y David Tenorio, me comentaba el primero de ellos, las posibles marcas de una pulsión homoerótica encontradas durante su lectura de un poema de Gastón Baquero.

Volviendo a estos mapas culturales sobre las sexualidades disidentes en el arte y la literatura cubana, en ellas no hay una sola palabra de repulsa o cuestionamiento a la representación marcadamente estereotipada que el sujeto homoerótico blanco construye del homosexual o bisexual negro. En estos casos el silencio de la crítica y su incapacidad para percibir este hecho opera como una tachadura. El racismo, como cualquier tipo de discriminación, pasa por el no-reconocimiento o el reconocimiento distorsionado del otro. No solo se produce cuando se le injuria verbalmente, sino también cuando -directa o indirectamente- se le invisibiliza o se construye una imagen limitada o desvalorizada de un grupo social.

Son estas, entre otras tantas, las razones que en el reciente debate sobre la pertinencia o no de la teoría queer en el contexto cubano que sostuvimos Alberto Roque, Sandra Álvarez (negracubanateniaqueser) y yo en las páginas del blog proqueer, llevaron a la bloguera negracubanateníaqueser a plantear: “Yo, feminista negra radical jamás uso el termino queer ni me hago partícipe de esa corriente de pensamiento. En mi modestísima opinión es más de lo mismo, un concepto creado desde la blanquitud de clase media, económicamente empoderada y urbana, que por demás está siendo deconstruido desde el pensamiento decolonial, el feminismo comunitario, etc.” http://aroqueg.cubava.cu/por-que-proqueer/#comment-35 Al introducir en estas discusión el paradigma teórico decolonial, con sus nociones de colonialidad, transmodernidad, diferencia colonial, colonialidad del saber, el cuestionamiento de la historia europea como Historia Universal, re-dimensiona teórica y epistemológicamente este debate.

A partir de lo dicho hasta aquí, es posible entender por qué, -como expresé en otro texto “Ser queer en Cuba o el frívolo coqueteo con la desmemoria” publicado recientemente en este blog- el filme Conducta impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal se coloca como un documento inaugural en este tipo de mirada otra, reivindicadora del homosexual afrocubano. Allí, los cuerpos racialmente y sexualmente diferenciados de Juan Lazo y Caracol -un@ travesti del Oriente de la Isla- están atravesados por un sinnúmeros de discursos y contranarrativas insurgentes, no solo de raza y género, sino también políticas, religiosas, de tensiones entre hegemonía-subalternidad, oralidad-escritura, lo culto-popular provenientes de los escenarios sórdidos y convulsos de la calle en los que se desenvuelven estas sexualidades populares y que cuestionan la fantasía de la existencia de una identidad nacional sin conflictos.

Me interesa confrontar ésta representación que hace el intelectual blanco del cuerpo sexual del hombre afrocubano, expuesta en los ejemplos mencionados a principio de este texto, con estos otros casos donde el maricón negro habla por sí y desde sí.

Propongo detenernos en los fragmentos del libro de poemas Premonición (1963) de Gerardo Fulleda, incluidos en la antología Segunda novísima de poesía cubana, preparada por José Mario y que se encontraban entre los libros en proceso de edición que fueron confiscados en 1965 al cierre de Ediciones El Puente. En ellos el amor y el deseo homosexual, se insertan dentro del convulso panorama político y social que vive el país en los tres primeros años de Revolución. Por momentos, el lector presiente que las fuerzas transformadoras de aquel hecho social se homologan y confunden con las potencias transgresivas del deseo homosexual. El poema de Fulleda posiciona un universo de estéticas deseantes y descentradas en el interior del deseo político. Al tiempo que grafica las posturas utópicas y las expectativas del emergente discurso homosexual con respecto a la izquierda política en los primeros años de Revolución. Premoniciones, está fechado en 1963, es decir cuando todavía no se han aflorados las severas tensiones entre homosexualidad y revolución/ entre activistas del goce y el cuerpo revolucionario.

La fotografía de René Peña, desde su pericia factual y estética, ha sido la que mejor ha recreado la intersección de los ejes de identidad sexual y etnicidad marginal. Y lo ha hecho con una fuerza esplendente y una teatralidad subversiva, que socava viejos esencialismos. Peña usa su propio cuerpo como soporte o lienzo de estas representaciones. El cuerpo sexuado del negro, desde su otredad étnica, es el lugar de subversión y resistencia hacia donde concurren un sinfín de discursos y tópicos que van desde la transexualidad, el travestismo, la ambisexualización, los estereotipos sobre la sexualidad del negro, las relaciones interraciales, hasta la parodia o el juego intertextual con el discurso de la tradición teórica negra como ocurre en su serie “Piel negras, cosas blancas”, del 2001

Durante mi lectura de Todo parecía, la antología de poesía cubana de temas gays y lésbicos, editada por Jesus J Barquet y Virgilio López Lemus, la cual contiene a más de 40 autores contemporáneos, de varias generaciones, que residen en la Isla y en el extranjero, pude percatarme que de un hecho. Mientras el resto de los poemas, el sujeto lírico se movía en un entorno íntimo, cargado de referencias y juegos intertextuales a los archivos de la historia de la literatura occidental. Como si la práctica homosexual tuviera ese carácter irremediablemente privado, desprovisto de agencias, que solo importa a la literatura. En el caso de los poetas afrocubanos: Gerardo Fulleda, Julio Mitjans, y Roberto Carlos Fournier Kindelán el sujeto lirico se desplaza por el espacio público, el lenguaje apela a continuas referencias no letradas como son: las expresiones del argot callejero, citas de canciones del filing, y otros elementos propios del imaginario nacional popular.

El poema de Julio Mitjans “Los negros galantes”, la mirada deseante del sujeto lírico se mueve contemplativa, como el lente de una cámara de cine, por el tumulto solitario de los negros que pernoctan en el puerto, las esquinas, el mercado, la autopista. “El gesto infinito de sus músculos/enhebra, acecha el deseo de cada quien”. En el texto el deseo homosexual reposiciona determinadas coordenadas de exclusión histórica de la diáspora africana: “esa puñalada arde y no sabemos dónde”. El homosexualismo se convierte en sinónimo de nacionalismo, al colocar la reivindicación social y estética del negro dentro de un imaginario nacional: “Árbol perenne, negros/ juntos caen de sus ramas sombras y pensamiento/ acaso no puedes o no quieres entenderlos/ cuida que no te falte ese fuego/ aunque solo sea la encrucijada/no hay más remedio”.

Este acto de recrear la calle, el nocturno flamear, los itinerarios nómadas propios de la vida homosexual con sus escenarios de pasarela y modos públicos de vivir la homosexualidad, también están presentes en el joven poeta guantanamero Roberto Carlos Fournier Kindelán, cuyos textos conocí gracias a Jesús Barquet. En el discurso de Fournier Kindelan hay ciertos guiños al realismo sucio, cierta predilección irreverente por la palabra soez y maldita del populacho, un lenguaje que se regodea en la gestualidad sexual, la teatralidad, el sadismo. El cuerpo entregado a la experiencia de lo escatológico. Estos elementos llegan a determinar la construcción del poema: el ritmo, su aridez coloquial y su preferencia por lo anecdótico. La cita intertextual es empleada como mecanismo de subversión paródica y carnavalesca que continuamente trastoca la estabilidad del sujeto y toda concepción esencialista de la identidad homosexual.

Escuchémoslo:

ESTUDIO 0

No dejes las manos tranquilas. Ponlas aquí, en mi cintura. Eso. ¡Éee kelekuá! Ni se te ocurra cogerme, atrás todavía. Después tú sabes. El polo negativo. Despacio, suave. Que no te den flojeras a última hora.

Quítate esa letra, baja hasta el piso. Agresivo. Date un trago largo.

A trucu trucu. Eso te vuelve loco. El remeneo. Romper la entretela.

Qué salsa. Tiene picante… hace falta temple… No hables de poesía. Te va a pasar igual. El joven verde se fue en blanco. El Pre y luego el Ejército. Manuela, Esperanza, Soledad… Ríete, ríete… ¿Qué no te hablo claro? Manoseo, brother, ma-no-se-o. Ni se te ocurra tocar atrás. El polo negativo. Empínate del enchufe. Abre el ojo y sopla. Un izquierdazo. Que la derecha ruede. Por la espalda hasta el huesito de la alegría. Como lengua a bola de frozzen. Estírame. ¿Qué tienes en las manos? Eso es de tirar. Esa pila de cayos parece dienteperro. Allá tú, la vas a perder. Eres un mulo. Dándote viola. ¿Contra la pared? No la muerdas. No tocar atrás. ¡Mi espalda! Me partes el… rosadito. En sangre, ¿eh? ¡Cómo te gusta eso! El polo negativo. Jugar a las bolas.

Te ahorco. ¡Qué cosa más rica! Si grito se me va. Ponme la mano aquí… Y un, dos, tres… y un, dos tres… ocho veces. Juega el tres y luego el ocho. Yo abro grande la boca. ¡Pero quiero tres vueltas! ¿No sientes mareo? Inclíname hacia delante. En sangre, ¿eh? Consagrarse cuesta… la lengua, los dedos.

Bibliografía

Barquet, Jesus J. y Virgilio López Lemus: Todo Parecía. Poesía cubana contemporánea de temas gays y lésbicos, Ediciones La Mirada, Las Cruces, Nuevo México, 2015.

Santisteban, Ángel: Los hijos que nadie quiso, Letras Cubanas, La Habana, 2001.

Uxó González, Carlos: Representaciones del personaje del negro en la narrativa cubana, Editorial Verbum, Madrid, 2010.