Archive for 23 noviembre 2014

No he salido en Lucas ¿Voy a salir en MTV? (Continuación)

No he salido en Lucas ¿Voy a salir en MTV?

Entrevista al rapero Bárbaro «El Urbano» Vargas

(Segunda Parte y final)

Por Alejandro Zamora Montes

Alejandro Zamora: En una entrevista realizada a Víctor Fowler Calzada, que salió publicada en la revista digital Esquife, este intelectual confesó tener un viejo anhelo: La existencia de una colaboración entre la Orquesta Sinfónica Nacional y artistas del rap en el capitalino teatro Karl Marx, utilizando rimas basadas en textos de José Lezama Lima. ¿Cómo valoras la relación de las raperas y los raperos con los cultivadores de la llamada música clásica? ¿Podría materializarse el sueño de Fowler algún día?

Urbano: Bueno, a mí me encantaría. Yo comparto el mismo sueño que él. De hecho, nosotros en el disco Créeme, con el artista plástico Michel Mirabal, tenemos una canción haciendo referencia a un cuadro suyo que se llama La rumba prohibida. Entonces yo realicé la producción y los timbres. Bueno, la música que hice fue en una máquina, y los programas digitales nunca alcanzan la tímbrica que puede tener un sonido real, pero introduje bastantes cuerdas, para que sonara sinfónico. Estuvimos a punto de materializar este sueño en el Cubadisco, pues íbamos a utilizar ese tema (La rumba prohibida) con La Camerata Romeu, Charly Muchas Rimas y yo, e iba a estar presente Alexander Abreu en la trompeta. Hubiera sido genial, pero no se pudo conformar porque siempre en torno a nosotros gira una nebulosa, cuando nosotros nos unimos con las instituciones, siempre hay un no se qué, una intriga. Bueno, en fin, en el festival Cubadisco el premio ni lo dieron. No es algo que suene arrogante, pero el disco era sencillamente genial. Considero que el premio era para ese disco, pero se lo dieron a no sé quién. Siempre hay algo raro con nosotros los raperos.

No he salido en Lucas. Segunda Parte y Final docx.docx

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Entrevista al rapero Bárbaro «El Urbano» Vargas (Primera Parte)

No he salido en Lucas ¿Voy a salir en MTV?

Entrevista al rapero Bárbaro «El Urbano» Vargas

(Primera Parte)

Por Alejandro Zamora Montes

Mi eterno agradecimiento a Reina Ramírez Granela.

Sin ella hubiera sido imposible esta entrevista y otras que de seguro vendrán.

Para Antonio Emilio Méndez Mayo (Tony Manigua), quien comenzó

esta idea de recoger una cartografía del rap más subterráneo hecho en Cuba.

Bárbaro Osniel Vargas Galdós. 26 años. A.K.A: «El Urbano». Alto, alto como un pino, pero con un peso mucho mayor que cualquier especia dentro del ajiaco hiphopero cubano. Graduado como Diseñador de comunicación Social del ISDI. Rapero y Beat maker. Perteneciente a la nueva escuela del rap cubano. Su producción musical hasta el momento consta de 4 discos: Casi crudo (2010), 88.01.18, Créeme (2012), La Barbarie (2013).

No he salido en Lucas. Primera Parte docx.docx

“No creo que Los Aldeanos sean el hip hop cubano ” (Segunda Parte y final)

“No creo que Los Aldeanos sean el hip hop cubano " (Segunda Parte y final)

Entrevista a Aldo Roberto Rodríguez Baquero

Por Alejandro Zamora Montes

Mi eterno agradecimiento a Reina Ramírez Granela.

Sin ella hubiera sido imposible esta entrevista y otras que de seguro vendrán.

Para Antonio Emilio Méndez Mayo (Tony Manigua), quien comenzó

esta idea de recoger una cartografía del rap más subterráneo hecho en Cuba.

Alejandro Zamora: Me interesa conocer más acerca de los proyectos «underground» realizados por los raperos en la Habana. Háblame del proyecto D´Sur, El Cartel, La Komisión Depuradora (KD), etc…

Aldo: Todos estos proyectos fueron uniones de grupos. Ya sea por la situación geográfica del barrio, los que vivíamos cerca. Gente que se encuentra y tienen ideas en común, energía entre sí. Personas que se juntan y surge algo que es más que una canción. Así me junté yo una vez con Silvito y salió un disco titulado Los Kabayeros. El Cartel fue el primer proyecto que conozco que agrupó a bastantes grupos. D´ Sur era Proyecto Chardo, La Alianza. Han existido muchos proyectos. Yo traté de juntar a través de la Komisión Depuradora a todos los que creía que pudieran estar. Porque hay gente que no tienen que ver, aunque hagamos hip hop no tenemos que ver. Por carácter, por ideales. Es todo lo que te puedo contar acerca de eso.

No creo que Los Aldeanos sean el hip hop cubano. (segunda parte y final) docx.docx

No creo que Los Aldeanos sean el hip hop cubano

" No creo que Los Aldeanos sean el hip hop cubano "

Entrevista a Aldo Roberto Rodríguez Baquero (Primera Parte).

Por Alejandro Zamora Montes

Mi eterno agradecimiento a Reina Ramírez Granela.

Sin ella hubiera sido imposible esta entrevista y otras que de seguro vendrán.

Para Antonio Emilio Méndez Mayo (Tony Manigua), quien comenzó

esta idea de recoger una cartografía del rap más subterráneo hecho en Cuba.

Quizás para algunas personas el nombre de Aldo Roberto Rodríguez Baquero les resulte poco familiar. Sin embargo, si mencionamos El Aldeano, El Chira, o simplemente Aldo, del dúo rapero Los Aldeanos, entonces el flow cambia de manera radical. Fiel heredero de una larga tradición hiphopera en nuestro país, Aldo nos revela en esta entrevista una dimensión más esencial, íntima. También conoceremos de sus andanzas por el mundo. Cubano como el más pinto, indómito y contestatario (no elitista), Aldo Rodríguez Baquero constituye en la actualidad uno de los mejores exponentes del rap en Hispanoamérica.

No creo que Los Aldeanos sean el hip hop cubano. (Entrevista, Primera Parte) docx.docx

Afromodernidades

Los frenesís del travestismo.

(Sobre mi reciente viaje a Santa Clara. Crónica II).

Por: Alberto Abreu Arcia

Me fascina la estética del travesti, que linda con lo grotesco y todo lo exacerba, pero sobre todo esa cursilería, el kitsch no exento de burla o de crueldad, con que parodia y subvierte toda hegemonía. Por eso, acepté entusiasmado la invitación que me hicieron el poeta y editor Coyra y su pareja -un joven transformista conocido en el medio como Universo Picasso- para cenar juntos y después irnos a una disco gay (La esquina del home), que como parte del proyecto Pa mi gente se inauguraba la noche del martes. “Un show de travesti, mi china, que promete ser una delicia. Nada que ver con ese asco de locas populacheras al que estás acostumbrado en Matanzas”.

Después de cenar, aproveché la sobremesa para disfrutar de algunos videos con las recientes actuaciones de Universo Picasso, mientras hacíamos chistes sobre la teoría cultural cubana, tan aristocrática y desfasada, todavía anclada en los paradigmas de la escuela de Frankfurt con sus reticentes posturas frente a la cultura popular. Que falta hace, entre nosotros, un Carlos Monsivais y el barroquismo escandaloso y desclosetado de un Pedro Lemebel, para sacudir el pensamiento y derrumbar ciertas restricciones y muros de contención del discurso académico-institucional en sus acercamientos a los imaginarios de lo popular.

Cuando llegamos el show apenas había comenzado, pero ya el local estaba repleto. Le mostré al portero mi carnet de identidad para que me tomara los datos. Yo, que en otras ocasiones me había revelado contra este mecanismo de control habitual en casi todas las discos gays, por considerarlo humillante e innecesario, en esta ocasión lo hice con cierto orgullo mientras experimentaba, como la noche anterior frente al Monumento al Tren Blindado, el torbellino de la emoción sexual.

Como en muchas discotecas y billares del país, nacidos de la apertura del país al cuenta propismo, aquí también era normal la presencia de negros corpulentos contratados como porteros o agentes encargados de velar por el orden y la seguridad del local. Pensé en mi amigo, Tomasito La Gollesca, y descarda le guiñé un ojo. Su rostro se contrajo de inmediato, quizás conteniendo las ganas de abofetearme.

Por primera vez, desde mi llegada me sentí libre de todo muro de contención. “Si me empato esta noche, no me voy de Santa Clara”. Le digo, mientras avanzamos hacia el salón, moviendo los cuerpos al compás de un excitante regueton. Mientras percibía el cuchicheó de las locas sobre el modelito que Europa pensaba estrenar esa noche.

A diferencia, de otras disco gays que había frecuentados en Matanzas, lo primero que llamó la atención en La esquina del home fue la convivencia del discurso travesti con otras zonas y problemáticas de la sociedad cubana contemporánea. Eso que Lotman llama formaciones semióticas periféricas, típicos de los procesos que se desenvuelven en las fronteras culturales. Evidente no sólo en su nombre de bautizo, extraído del argot beisbolero, sino también por la heterogénea composición del público (edad, raza, filiación sexual, etc.) Por otro lado, la escenografía glamorosamente kitsch destinado a satisfacer los gustos de un consumidor que Coyra llamó de “clase media”.

Los videos de reguetoneros negros con su estetización del cuerpo masculino, y exagerada masculinidad, que lo construyen en objeto del deseo, aparecían un y otra vez en la pantalla de los tres inmensos televisores de plasma colocados en el centro y a ambos lados del escenario. Evoqué las noches de mi pueblo, la Casa de Virgilio Piñera y otros escenarios de caza, al parecer más seguros que los de Santa Clara. Pero, ahora, totalmente inexistentes desde que un dirigente homofóbico, decidió colocar más luces que en el stadium Sandino o el Latinoamericano durante un juego de pelotas. Recordé a sus travestis con sus vestuarios y maquillajes desvencijados. También en Balita de gas, La Jabá, y otras las locas (negras, inmigrantes del oriente de la Isla y pobres) solidarias y liosas, cuerpos a la deriva como el mío, gitanos callejeros acostumbrados a pasear nuestra homoerótica por los recodos en penumbra de la ciudad. A esta hora de la noche estarían como siempre en el Rápido de Ruíz, tratando de hacer el baro, o bebiendo ron hasta desfallecer, haciendo chillar sus voces, envueltas -vaya usted a saber- en qué chisme o choteo, moviendo continuamente sus brazos como aspas, ávidas por detener o atizar una nueva reyerta. Rodeadas de pingueros con sus

artimañas prostibulares.

Omega fue quien abrió el show. Minutos antes, -cuando montada en unas pullas enorme y meneando el bolso, iba de mesa en mesa, saludando a sus admiradores, intercambiando chismes-, Universo Picasso y Coyra me la habían presentado. Se sentó a mi lado. Después del pajareo inicial, donde la llamé diva y me declaré su admirador, le propuse entrevistarla para Afromodernidades. Para refrescar la pista, el segundo artista fuer un cantante mediocre. Luego apareció un trio de lesbianas transformistas, vestidas de vaqueros, interpretando un country. El transformismo se va haciendo bastante recurrente entre las lesbianas, y lo que constituye todo un desafío para la teoría feminista. Europa, cerró el show, con un vestido púrpura, de un diseño gótico y declaradas alusiones al cine de Hollywood. En su actuación, al igual que la de Omega, los gestos melodramáticos estaban impregnados del aire cursi y patético del bolero con sus sentimientos encontrados y múltiples desilusiones, buscaba la celebridad. En cada pausa oteaba transitoriamente el aire de la fama, la celebridad de las grandes divas. Exotismo de la máscara, utilería, sed de otredades, pura descolocación del yo. Esa fuerza otra, que durante muchos años distinguió a las mejores estrellas del cabaret cubano, ahora en decadencia (Continuará).

Afromodernidades

Crónicas de mi reciente viaje a Santa Clara (I).

Por: Alberto Abreu Arcia

Cuentan que este viajero llegó una noche a la ciudad Santa Clara y sin sacudirse el polvo del camino preguntó dónde estaba el Mejunje. Tras comer, allí, un plato de yuca, arroz blanco y salchicha, que me supo a gloria, proseguí mi camino, ansioso por explorar los muladares y otros recodos del imaginario gay de la ciudad. Entonces fue cuando hice pública mi resolución, pero mis anfitriones (para más señas heteros), de buena fe, me alertaron del peligro: me contaron sobre los recientes crímenes de que habían sido víctimas algunos maricones que frecuentaban “la zona”, muchos de ellos todavía sin resolver por parte de la policía, me hablaron de asaltos a los que podía estar expuesto, improvisaron estadísticas. Como si a estas alturas de la vida, no hubiera experimentado en carne propia, con toda la violencia física e injurias, esas metonimias con que nuestros verdugos y sus cómplices aquilatan la importancia de lo viril. No obstante, de ser cierto, estos datos se colocan como un pliegue en una ciudad que a decir de Silveiro “está transitando de la tolerancia a la aceptación del gay”.

En fin, que si a altas horas de la noche me adentraba por la línea del tren que comenzaba a costado de la calle, donde se alza el monumento al tren blindado (erigido en homenaje al heroísmo del Che en la histórica batalla de Santa Clara), hacia el bosquecillo de árboles que se levantaba a ambos lados de la línea, podía morir en circunstancias similares a la de Pier Poalo Pasolini. La posibilidad real de hecho, por patética, me llenó de escozor. Recordé de inmediato a aquellos héroes gays que nos legó el cine y la literatura la modernidad, donde el reconocimiento y aceptación del deseo homosexual, lejos de consumarse a plenitud, siempre es castigado con la muerte, pero mi historia como maricón, está muy lejos de aquellos sujetos y relatos trágicos. A pesar de que siempre me he desenvuelto en un entorno pre, mi vida está llena de relatos post. No es un juego de palabras, ello explica mi fascinación por el carnaval (muerte y resurrección) que todo lo disloca y subvierte.

Todavía, me quedaban una noche. Al otro día, debía de impartir dos conferencias. La primera, sería bien temprano, en la sede de la UNEAC y versaría sobre las Ediciones El Puente, mientras la otra era sobre la problemática racismo antinegro en la Cuba de estos días, en el controversial espacio “La Caldera”, recién creado por la A.H.S y que conduceYandrey Lay Fabregat, pero sobre ellas hablaré en próximas crónicas de este, mi primer viaje a Santa Clara.

Aquella noche de mi llegada, de regreso al lugar donde me hospedaba, al cruzar cerca del memorial al tren blindado, me detuve y contemplé el pedazo de línea de ferrocarril que se abría hacia la noche, hacia aquellos campos de batallas. Allí, estaba yo: varado en la intercepción de dos dimensiones de la historia y del espacio en disputas (el centro, la historia oficial, fosilizada y otra todavía confinada por la primera a los bordes temidos de los muladares, de lo innombrable: la bestialidad del coito ejercido sin diplomacia, por puro goce: el desperdicio). Contemplé con una mezcla envidia y de nostalgia la silueta del maricón que, sobreviviente de alguna batalla, caminaba en medio de la noche hacia mí, con dificultad atisbé su bermuda naranja, el pulóver desmangado y sus tenis aprisionando los guijarros que casi cubrían las líneas del ferrocarril. La admiración, el morbo, desfallecí de envidia.

Por otra parte, Santa Clara es quizás la única ciudad de la Isla, donde la práctica y representación del travestismo, -absorto en el simulacro de la feminidad, con sus migraciones del género, y sus continuas disidencias y parodia de lo viril-, se ha convertido en un hecho verdaderamente creador dentro del imaginario gay cubano del nuevo milenio. Su ejercicio y discurso re-orientan y jerarquizan ciertas dinámicas del ser homosexual, no sólo dentro del espacio público, sino también de la cultura popular.

En la actualidad se viene discutiendo sobre la presencia o no de una comunidad gay en la Isla. Creo que la existencia de la misma, presupone de un grupo de códigos corporales, lingüísticos, de metáforas y modelos conductuales nacidos de manera espontánea, aceptados y compartidos por sus miembros de forma consuetudinaria. En el caso de Santa Clara estos serían uno de sus rasgos distintivos, más allá de sus especificidades locales, de sus contrapunteos y presumibles estratificaciones, de sus intercambios, influencias y préstamos de signos con otras comunidades del centro y el oriente del país. (Continuará)

Afromodernidades

La Caldera de este mes debatirá sobre la raza y el racismo en la Cuba actual, acercándose a temas como el visible incremento de la discriminación racial en algunos sectores de la sociedad, las polémicas entabladas en los casos de Roberto Fundora y Tomás Fernández Robaina, así como a las bases y perspectivas del proyecto Cuba Posible. Estas y otras cuestiones se discutirán el martes 11 de noviembre a las 2 de la tarde en el patio de la Casa del Joven Creador. Nuestro invitado especial será el narrador y ensayista Alberto Abreu Arcia, Premio UNEAC (2000) y Casa de las Américas (2007).

La Caldera, es un espacio de discusión auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz en Santa Clara, y ha contado como invitados en sus dos ediciones anteriores a Abel Prieto y al poeta y ensayista Roberto Méndez.

Abreu Arcia ofrecerá además el mismo martes 11 de noviembre, a las 10 de la mañana, una conferencia sobre el grupo El Puente, tema de su más reciente libro La cuentística de El puente y los silencios del canon narrativo cubano, publicado en este año por la editorial Aduana Vieja, de Valencia, España. La misma tendrá lugar en la sede provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y versará sobre problemáticas relacionadas con los silencios de la memoria cultural de la nación, los momentos excluyentes de la política cultural y el encuentro de Allen Ginsberg con los puenteros.