Archive for 31 marzo 2015

Afromodernidades

Una de las principales batallas contra el racismo cubano hay que librarla en el plano de las relaciones saber-poder.

Por Alberto Abreu Arcia

Agradezco los comentarios de Pablo Herrera y de Graciela Chailloux al texto de Jesús Guanche “El racismo contra la pared”. Tanto las observaciones Herrera como la Chaillouxios apuntan hacia el nódulo de los actuales debates y acercamientos a la problemática racial en Cuba. Me refiero a la encrucijada entre las viejas y las nuevas epistemologías raciales. Se trata de un posicionamiento teórico en complicidad con los espacios de poder. Por cuanto la elección de uno u otro posicionamiento determina quienes pueden o no hablar en los medios oficiales sobre la problemática racial cubana, qué tipo de visiones son válidas sobre el tema. Es decir: que dicho posicionamiento no solo configura al sujeto de enunciación en estas discusiones, sino que también participa del doble juego entre lo que se inscribe y se tacha, de lo decible por “políticamente correcto” y lo continuamente desplazado, del poder de la memoria o la memoria contada desde el poder. En el último de los casos asistimos a una especie de reactualización de aquellos presupuestos colonialistas que históricamente han considerado al sujeto negro no apto para el orden gramatológico y la producción teórica, incapaz de hablar por sí y sobre sí, sino que necesita del papel mediador o ventrílocuo del letrado blanco. El discurso historiográfico cubano y los relatos fundacionales de la nación están lleno de estos travestismos culturales.

Claro está, que la persistencia o resemantización, en el presente, de estas estrategias le permite a la academia y a determinados intelectuales dentro de ella presentarse como emancipadores de un sujeto, que hasta hace poco, sus propias escrituras subalternizaban. Es decir, de una subalternidad que ellos mismos ayudaron a construir. No quiero citar nombres ni ejemplos, pero ahí están los libros.

Desde luego que es más cómodo, en el orden del pensamiento y del debate sobre la problemática racial cubana, mantener este status teórico, antes que asumir de, una vez y por toda nuestra afromodernidad. Sería incauto pensar que acciones como la inclusión en los distintos programas enseñanza del lugar y el protagonismo del negro en la historia de la nación y otras estrategias afirmativas similares, por sí solas, resolverían el problema. Me divierte nuestra vocación para la tautología, para no sacar lecciones de la historia vivida. En los sesenta se pensó que aplicando leyes se resolvería el problema de la discriminación racial, y miren en el 2015 en el punto donde nos hallamos. Tales acciones de por sí solas no sirven de nada, si su puesta en práctica no está ungidas de nuevos impulsos conceptuales que operen como una deconstrucción o problematización de viejos paradigmas, marcos analíticos y modelos de representación legitimados por la historiografía y el saber académico en Cuba y que en muchas aristas reproduce ese sistema de enseñanza. Por cuanto el racismo no sólo la acción de discriminar a una persona por el color de su piel, sino que es consecuencia de sofisticadas estructuras y modelos cognitivos.

Habría que preguntarse antes: ¿a qué herejías e intranquilidades epistemológicas nos abocan los actuales debates sobre la discriminación racial en Cuba? ¿Por qué las prácticas del sujeto negro, su racionalidad otra, actúan como un contradiscurso o una contranarrativa de ese proyecto de modernidad y nación excluyente a partir del cual toda esa genealogía de patricios ilustres, blancos y letrados imaginó la cubanidad? ¿Qué interpelaciones lanza la problemática racial cubana a las categorías del saber occidental, a los modos higienistas y terapéuticos desde los que tradicionalmente nuestros ciencias sociales han venido imaginando al otro de la racialidad?, ¿cuáles son sus convergencias y desencuentros con el pensamiento historiográfico y el discurso académico institucional cubano creador y legitimador de esta condición racial subalterna? Aún me atrevería a formular otras dos últimas y no menos desafiantes: ¿Cómo encarar las nuevas prácticas intelectuales y simbólicas, y los nuevos modelos conductuales que se derivan de un mundo de sujetos post-transnacional, atravesado por un entorno massmediatico, y de discursos post (la posteoría, lo postracial, la poscolonialidad, el postocidentalismo,) donde la identidad racial negra se re-define en la intersección y el diálogos con otras identidades génerico, sexuales, generacionales, grupales, etc. y que en la actualidad desbordan los límites del conocimiento disciplinarios? Y lo que resulta más risible, los lados eurocentristas de una academia y de un pensamiento social que se precia de latinoamericanista, socialista, de izquierda. Lo que explica sus escepticismos hacia los estudios decoloniales, culturales y subalternos, sus gestos deconstructores de categorías como mestizajes y sus pretensiones de una Historia con mayúscula que cristaliza en la narrativa del progreso que coloca las otras formas de saberes, provenientes de las antiguas naciones y sujetos colonizados, en la condición de saberes subyugados: modos de conocimientos o cosmovisiones del mundo arcaicas, primitivas, ilógicas.

Agradezco a Pablo Herrera y de Graciela Chailloux por poner el dedo en la llaga. Por señalar esas complicidades entre teoría y política (Hegemonía), que vienen a poner de relieve el tortuoso itinerario de silencios, retrocesos, incertidumbres, dogmatismos y carencias por la que ha transitado el pensamiento social y el discurso historiográfico cubano en las últimas cinco décadas. Ahora, la pregunta sería: si esos circuitos académicos estarían dispuestos a volverse contra sí mismos. Ja, ja, ja… Hay que ver nada más como se ponen en guardia ante la propuesta de nuevas terminologías como: afrocubana, afrodescendiente, afrofeminismo etc. y el escozor que les produce. En fin, que nadie se llama a engaño ni se deje seducir por la hojarasca: una de las principales batallas contra el racismo cubano hay que librarla en el plano de las relaciones saber-poder.

Un abrazo,

A

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Afromodernidades

El racismo contra la pared. Texto de Jesús Guanche y comentario de Pablo Herrera.

Por Graciela Chailloux Laffita

Confieso que lo mejor de la Mesa Redonda sobre el tema de marras es que ha permitido asomarse a la puerta de nuestra sociedad un tema cuyo tratamiento había tenido espacios muy limitados hasta ahora.

Los textos a continuación evidencian una insuficiencia que es imprescindible abordar: establecer una plataforma conceptual para contribuir desde la academia al debate. La confusión conceptual puede ser muy dañina al propósito declarado. La no existencia de un espacio de divulgación popular se constituye en el secuestro de un tema que interesa a todos.

No soy partidaria de no poner por delante todo lo que la Revolución ha hecho por la igualdad social. Pero un análisis científico tiene que abandonar esa postura de ver el asunto desde sus expresiones inmediatas y no realizar un abordaje en el que el conocimiento sobre el tema sea el de su proceso de instauración, enfrentamiento, desarrollo y perspectivas.

Enjuiciar el movimiento de la negritud como un fracaso desconoce su contexto de surgimiento y consiguiente importancia. Que Marx no hablara del imperialismo no invalida El Capital. La creación de conocimiento es un proceso. Lo realmente académico y científico es identificar ese proceso para desde los logros del pasado construir el conocimiento del presente e identificar los derroteros hacia el futuro.

¿Puede haber una expresión más contundente de desconocimiento (ignorancia sería quizás ofensivo) de la esencia del racismo que decir que el negro puede ser racista contra el negro? Racismo es exclusión, explotación, desvalorización para la negación de derechos de ser humano a un individuo y no eso no es un asunto de la subjetividad, es profundamente objetivo: tu imagen, la cultura de tus ancestros no tienen espacio en la representación de la nación a la que legalmente perteneces, a no ser como ciudadano de segunda. Cuando el negro niega su espacio al blanco no lo está despojando del poder que le concede el capital simbólico que es el color de su piel. Prosaicamente, ¿qué poder le resta un negro a un blanco cuando no lo deja entrar en sus desvalorizados espacios? Alguien podría decirme cuándo un blanco ha sido despojado de sus derechos a la representación por un negro en plano de autoridad. Alguien me puede decir por qué a los negros solo les gustan los empleos de sirvientes en las instalaciones en las que Cuba ofrece su imagen a los extranjeros (mayoritariamente en condición de turistas).

Mientras no se me pueda demostrar no creo en la posibilidad de un blanco ocultando su racismo en una campaña contra el racismo. No es menos cierto que es un peligro que puede correrse, pues el tema es atractivo y útil para la consecución de propósitos no decorosos. Pero necesario es reconocer que no es lo mismo el dolor de muelas para el estomatólogo que para el paciente. No obstante, como antes dije es un asunto que concierne a todos y por eso dodos tenemos el derecho a reclamar nuestra participación. La vida dirá cuáles serán las participaciones que aporten con más eficacia al empeño planteado.

De antemano pido excusas por si introduje más confusiones en el tratamiento conceptual del asunto (esta es una de mis más grandes preocupaciones por el momento). Prometo un esfuerzo para poner en claro y extenso mi perspectiva sobre el asunto desde las habilidades profesionales que poseo (no soy una “experta” en el tema, no pertenezco a alguna de las comisiones creadas) y experiencias personales. En esta ocasión me he animado a esta participación por la trascendencia que le reconozco al asunto, a pesar de que reconozco el limitado efecto de los intercambios de mensajes electrónicos; pero mientras no tengamos otro canal de comunicación…..

Saludos afectuosos de Graciela Chailloux Laffita

Afromodernidades

Comentario de Pablo Herrera al texto de Jesús Guanche “El racismo contra la pared”.

Su texto le cae a palo al matorral pero no levanta ni a una avispa. Yo creo que Guanche como mucha más gente está incapacitado de hablar directamente sobre el problema. Lo que hace es volver a levantar los estandartes Martianos y Cubano-socialistas ya conocidos, dicho en otras palabras. Además la inclusión de todos los otros tópicos sobre esclavismo y trata humana, diluye la cuestión en el caldo de la conciencia intelectual cubana, ese caldo en el que el cucharón bate y bate pero que no puede con el peso de la cabeza de puerco. Es obvio que sus compromisos con las organizaciones que menciona son básicamente su mejor aporte. Imagino que eso constata además acciones reales en el día a día. Pero no se, quizás cruelmente, me suena a que eso de poner el racismo contra la pared es de ‘diente pa fuera.’ Que me disculpe. No intento ser craso si o diáfano. Si no se es negro de piel es muy difícil comprender que sentarse a pensar en uno mismo y en aquellos que son semejantes a uno por color no es racismo, sino una necesidad. Nadie lo va a hacer si no lo hacemos nosotros. La reunión a puertas cerradas se impone.

Este párrafo y otros momentos del texto lo demuestran

“La llamada «conciencia racial» es a la larga tan mortífera y autoexcluyente para el debate y su solución plena, que hasta los líderes del movimiento de la «negritud» como el senegalés Léopold Sédar Senghor (1906 -2001), el martiniqués Aimé Césaire (1913-2008) o el haitiano René Depestre (1926) llegaron a reconocer su tufo racista.”

Si, es necesario usar todos discursos que hagan falta para describir la catástrofe de la división cubana. Debemos seguir la rima de aquellos que dentro y fuera de Cuba van al meollo del tema Afrodescendientes. Pues Guanche, con su texto sobre el racismo, como un maestro de esgrima, viene desarmarnos de ver en Senghor, Cesaire, Fanon, etc, un método con el que lidiar con el problema Afrodescendientes en Cuba; viene a desarmarnos del machete con el manejar “el problema cubano.” No, nosotros somos responsables de escoger nuestras armas, y/o crearlas. No vale repetir un discurso de igualdad nacional cuando la realidad histórica demuestra que después del PIC (1912), después de la revolución, y en la perspectiva de una Cuba sin embargo (Dic. 17, 2014), para nosotros la batalla solo ha comenzado. La historia es muy larga.

Como comenta David Scott en Refashioning Futures (Remodelar el futuro), es imperativo cambiar las herramientas que usamos para analizar y criticar “nuestro” problema, porque no esta en la condición de las herramientas de siempre el poder describir o construir algo diferente y nuevo. Nos toca necesariamente fomentar y respetar “nuestro” discurso.

Creo que es hora de aprender a coser nuestra propia bandera.

Publicado en negracubanateniaqueser.com

Afromodernidades

Pronunciamientos de Jorge Ángel Pérez contra los hechos de racismo y homofobia denunciados por Víctor

Fowler y Alberto Abreu Arcia.

Roger Moore acaba de ser acusado de racista, montones de mensajes llegados a mi correo electrónico reseñan los comentarios del actor que interpretó a James Bond en la década del setenta, el que asegura, ahora a París Match, que el actor negro Idris Elba no podría hacer el mismo personaje que él porque no era un inglés inglés: más claro ni el agua. Creo que fue el año pasado cuando otra noticia parecida recorrió el mundo, la protagonista era Cher, y tuvo que ver con una disputa entre la cantante y su coreógrafo; a la primera le parecían muchísimos los negros bailarines que compartían con ella el escenario, y aseguraba que tal cosa la tenía muy molesta. Ella negó el racismo de sus comentarios pero la verdad fue que nadie le creyó. Que sean circuladas estas noticias, y comentadas con indignación, me parece bien, más que bien, lo triste es que nadie hable sobre lo que sucedió en estos días a Víctor Fowler cuando intentaba visitar a una amiga en la Lonja del comercio, en la Habana de ahora mismo. Resulta que a Víctor le estuvieron cuestionando el acceso al edificio y hasta le exigieron explicaciones mientras que las otras dos personas, blancas, pasaron como Pedro por su casa. “A quien va a ver. Para qué”, así le preguntaron. Recibí el mensaje de Víctor y estuve esperando, en vano, alguna reacción de sus colegas. He vuelto a leer esa denuncia que hiciera Fowler y me parece realmente denigrante lo que le sucedió y que, penosamente, es bien creíble, sucede con muchísima frecuencia. A quien lo dude le sugiero que desande un poco por las calles de La Habana y que se fije en el color de la piel de las personas a quienes la policía exige que muestren su carné de identidad; sin dudas la gran mayoría son negros, y pobre de estos si no son residentes en La Habana, desgraciados si han llegado desde el oriente y tildados de palestinos, “¡un monstruo de tres cabezas!”. Injusticias como esta ocurren muchas veces en la ciudad, en el país, pero jamás las denunciamos. Nadie se pregunta por qué un oriental es ilegal en esta ciudad ni tampoco por qué precisa de un permiso de residencia en La Habana o por qué es deportado si no tiene ese permiso. Nadie reclama a la prensa un comentario sobre el asunto y nos conformamos cuando esos diarios cuestionan las deportaciones de los inmigrantes en Arizona. Cada vez son más denigrantes los calificativos usados para definir a los habitantes de esa zona del país. Ni siquiera agradecemos, cuando el éxodo de maestros habaneros es enorme hacia otras regiones del mundo o a otros sectores de la economía, que nos lleguen educadores de aquella parte del país, y solo se nos ocurre decir que están mal preparados, como esos policías que prefieren detener a los negros y a los homosexuales o deportar a sus coterráneos. Sería muy bueno que denunciáramos todas esas injusticias, las que sufrió ahora Víctor Fowler por ser negro, y también que pongamos en evidencia a los que vejaron a un montón de homosexuales en Cárdenas y Matanzas y que denunciara hace unos días Alberto Abreu. Víctor, uno de nuestros intelectuales más lúcidos, como Alberto, negros los dos, saltaron reclamando justicia. Ambos pudieron circular su denuncia, lo terrible es que hay otros que no lo consiguen porque no tienen medios para hacerlo y porque además no les hacen ningún caso. Ojalá sean atendidos sus reclamos, ojalá otros de sus colegas ofrezcan apoyo. Ojalá, Víctor, que esos encargados de hacer el test que propones no sean racistas encubiertos que supongan que no es nada del otro mundo que un custodio se equivoque si quien quiere acceder al edificio es un hombre negro, ojalá que la prensa reseñe estos sucesos, que exija soluciones y deje de creer que son otras las cuestiones que reclaman sus escritos. Ojalá, Alberto, que esos policías homofóbicos sean amonestados, que sean juzgados, que no se atrevan más a importunar al gay que sale a cumplir con su cuerpo y sus deseos. También te cuento, Alberto, que no son pocos los uniformados que olvidan esa fobia cuando se les ofrece un dinerito, y hasta abandonan la gorra, y las botas, y el traje azul con charreteras, al menos por un rato.

Jorge Ángel Pérez

Afromodernidades

El racismo contra la pared

Por Jesús Guanche[1]

Cuando en el siglo XIX José Martí afirmó que «no hay odio de razas porque no hay razas», no era una disquisición literaria, sino una profunda convicción existencial. Cuando en el siglo XX Fernando Ortiz arremetió contra cualquier dirección y colores del racismo, tampoco lo hizo por simple pulimento intelectual, sino tras un consciente estudio del problema que se adelantó visionariamente a los resultados posteriores de la antropología física y la genética. Cuando el 25 de marzo de 1959 Fidel Castro, señaló que: «El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar», fue un llamado de larga data, que luego retomó cada vez que era posible colocar el tema.

La reciente Mesa Redonda de la TV volvió a retomar el viernes 20 de marzo, en cuarta ocasión, El racismo sobre la mesa. Un tema que tiene múltiples aristas e interpretaciones y que, obviamente, no es posible agotarlo en una hora. Por ello centramos el panel en tres aspectos iniciales: educación, familia y medios de comunicación masiva, a partir de resultados de diagnósticos y de propuestas específicas.

Todo esto obedece a un trabajo sostenido de la Comisión Permanente de la UNEAC José Antonio Aponte y a los aspectos principales del estado de la cuestión que podemos resumir del modo siguiente: la desigualdad social acumulada durante medio milenio de dependencia colonial, neocolonial y luego del triunfo revolucionario; la ignorancia acumulada sobre el tema dentro de la sociedad cubana; la insuficiente aceptación de su existencia como problema social con independencia del fenotipo de las personas; la insuficiencia del debate público a todos los niveles; el interés de diversas personas e instituciones por ocultarlo, evadirlo o soslayarlo; la escasa presencia en la educación a todos los niveles; la poca visibilidad en los medios de comunicación masiva; lo limitado en la actividad científica y académica; la infravaloración en las estadísticas nacionales; la insuficiente presencia en el discurso político, lo cual afecta su consideración y prioridad en el trabajo político-ideológico y, consiguientemente, el espacio que debe ocupar en la agenda de las organizaciones políticas y de masas; la presencia de enfoques inadecuados cuando ha sido abordado a nivel internacional; el uso del racismo y la discriminación racial como instrumento de subversión política contra Cuba; y la necesidad de fortalecer el trabajo cultural, como cuestiones iniciales.

El racismo contra la pared.docx

Afromodernidades

Comentario de Abelardo Mena al texto de Víctor Fowler:"DESPUÉS DE MICRO-RACISMO…"

Querido Fowler,

En el Museo de Bellas Artes se dio una situación similar el pasado año, con un oficial de seguridad, y tras la denuncia de la persona discriminada fue separado de su cargo y del museo.

No veo otra opción posible que hacer uso de nuestros derechos ciudadanos ante las discriminaciones, todas.

La semana pasada en Negra Cubana…Alberto Abreu publicó un texto denunciando el acoso antigay en Varadero, y las gestiones efectuadas por los afectados. Creo que debemos pasar de palabras generales a campañas precisas contra entidades, funcionarios, o espacios que faciliten o estimulen dicha discriminación. Si en Varadero la policía acosa, en vez de defender los derechos ciudadanos, pues es útil poner las imágenes y las redes sociales en función de evidenciar un Varadero nada gay friendly. Y no creo al MINTUR eso le sea particularmente agradable.

Usamos muy poco el poder de las imágenes, sea para denunciar acoso antigay o racial, violencia a la mujer, a los niños, a los animales o el medio ambiente. Además, hemos institucionalizado la promoción de lo diverso, y como decía Marx, “la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, no de la burocracia por bien intencionada sea.

Para ser cubanos, no tenemos que pedir permiso a nadie. Ya veinte años sin disfrutar de hoteles deben bastar.

Un abrazo

abelardo

Carta a la Comisión Aponte.

Por la trascendencia del suceso y el alcance de sus reflexiones Afromodernidades desea compartir con sus lectores esta denunciada enviada por el destacado intelectual cubano Víctor Fowler a la Comisión Aponte de la UNEAC.

Para Comisión Aponte

Por Víctor Fowler

Estimados, comienzo narrando un diminuto episodio desagradable, sucedido hace par de semanas: fui a visitar a una amiga (al edificio de la Lonja del Comercio, en el cual ella trabaja), el CVP encargado de vigilar la entrada del lugar me detuvo para preguntarme a donde iba y luego de explicarle que al tercer piso puedo continuar sin dificultad mi camino. Lo particular del caso es que, junto conmigo, llegaron otras dos personas que -sin ser cuestionadas– simplemente entraron; mejor aún, cuando subimos al elevador, sus comentarios denotaban que entraban al lugar por primera vez.

Como mismo mientras conversaba en la oficina de mi amiga, he reconstruído la escena varias veces (al hacer el cuento a otros, por ejemplo) y la única justificación que encuentro para que la pareja de desconocidos pasara sin cuestionamiento -donde yo me vi obligado a dar explicaciones–

es el color de la piel: yo, negro; ellos, blancos según apariencia.

Hablo de otra ocasión (de una de ellas escribí, hace meses, en La Jiribilla) en la que disfruto la oportunidad de sentirme humillado y rebajado como persona. El hecho no ocurre en cualquier sitio, sino en un territorio altamente simbólico: un espacio lujoso de la nueva economía. Manifestar inquietud, preocupación o algún tipo de interés distintivo por mi presencia allí (que es lo que hace el encargado de “vigilancia y protección” al interperlarme) es un procedimiento grosero para sugerir que estoy en el lugar equivocado e incluso me avisa, desde la puerta misma, que -ya que he llegado– allí adentro me tendré que esforzar por “portarme bien”.

A fin de cuentas, el gesto del CVP indica que la autoridad me identificó y aisló del resto, vigila y “sabe” que estoy allí, en ese lugar al cual no pertenezco

Para Comisin Aponte.docx