Archive for 31 marzo 2015

Afromodernidades

Una de las principales batallas contra el racismo cubano hay que librarla en el plano de las relaciones saber-poder.

Por Alberto Abreu Arcia

Agradezco los comentarios de Pablo Herrera y de Graciela Chailloux al texto de Jesús Guanche “El racismo contra la pared”. Tanto las observaciones Herrera como la Chaillouxios apuntan hacia el nódulo de los actuales debates y acercamientos a la problemática racial en Cuba. Me refiero a la encrucijada entre las viejas y las nuevas epistemologías raciales. Se trata de un posicionamiento teórico en complicidad con los espacios de poder. Por cuanto la elección de uno u otro posicionamiento determina quienes pueden o no hablar en los medios oficiales sobre la problemática racial cubana, qué tipo de visiones son válidas sobre el tema. Es decir: que dicho posicionamiento no solo configura al sujeto de enunciación en estas discusiones, sino que también participa del doble juego entre lo que se inscribe y se tacha, de lo decible por “políticamente correcto” y lo continuamente desplazado, del poder de la memoria o la memoria contada desde el poder. En el último de los casos asistimos a una especie de reactualización de aquellos presupuestos colonialistas que históricamente han considerado al sujeto negro no apto para el orden gramatológico y la producción teórica, incapaz de hablar por sí y sobre sí, sino que necesita del papel mediador o ventrílocuo del letrado blanco. El discurso historiográfico cubano y los relatos fundacionales de la nación están lleno de estos travestismos culturales.

Claro está, que la persistencia o resemantización, en el presente, de estas estrategias le permite a la academia y a determinados intelectuales dentro de ella presentarse como emancipadores de un sujeto, que hasta hace poco, sus propias escrituras subalternizaban. Es decir, de una subalternidad que ellos mismos ayudaron a construir. No quiero citar nombres ni ejemplos, pero ahí están los libros.

Desde luego que es más cómodo, en el orden del pensamiento y del debate sobre la problemática racial cubana, mantener este status teórico, antes que asumir de, una vez y por toda nuestra afromodernidad. Sería incauto pensar que acciones como la inclusión en los distintos programas enseñanza del lugar y el protagonismo del negro en la historia de la nación y otras estrategias afirmativas similares, por sí solas, resolverían el problema. Me divierte nuestra vocación para la tautología, para no sacar lecciones de la historia vivida. En los sesenta se pensó que aplicando leyes se resolvería el problema de la discriminación racial, y miren en el 2015 en el punto donde nos hallamos. Tales acciones de por sí solas no sirven de nada, si su puesta en práctica no está ungidas de nuevos impulsos conceptuales que operen como una deconstrucción o problematización de viejos paradigmas, marcos analíticos y modelos de representación legitimados por la historiografía y el saber académico en Cuba y que en muchas aristas reproduce ese sistema de enseñanza. Por cuanto el racismo no sólo la acción de discriminar a una persona por el color de su piel, sino que es consecuencia de sofisticadas estructuras y modelos cognitivos.

Habría que preguntarse antes: ¿a qué herejías e intranquilidades epistemológicas nos abocan los actuales debates sobre la discriminación racial en Cuba? ¿Por qué las prácticas del sujeto negro, su racionalidad otra, actúan como un contradiscurso o una contranarrativa de ese proyecto de modernidad y nación excluyente a partir del cual toda esa genealogía de patricios ilustres, blancos y letrados imaginó la cubanidad? ¿Qué interpelaciones lanza la problemática racial cubana a las categorías del saber occidental, a los modos higienistas y terapéuticos desde los que tradicionalmente nuestros ciencias sociales han venido imaginando al otro de la racialidad?, ¿cuáles son sus convergencias y desencuentros con el pensamiento historiográfico y el discurso académico institucional cubano creador y legitimador de esta condición racial subalterna? Aún me atrevería a formular otras dos últimas y no menos desafiantes: ¿Cómo encarar las nuevas prácticas intelectuales y simbólicas, y los nuevos modelos conductuales que se derivan de un mundo de sujetos post-transnacional, atravesado por un entorno massmediatico, y de discursos post (la posteoría, lo postracial, la poscolonialidad, el postocidentalismo,) donde la identidad racial negra se re-define en la intersección y el diálogos con otras identidades génerico, sexuales, generacionales, grupales, etc. y que en la actualidad desbordan los límites del conocimiento disciplinarios? Y lo que resulta más risible, los lados eurocentristas de una academia y de un pensamiento social que se precia de latinoamericanista, socialista, de izquierda. Lo que explica sus escepticismos hacia los estudios decoloniales, culturales y subalternos, sus gestos deconstructores de categorías como mestizajes y sus pretensiones de una Historia con mayúscula que cristaliza en la narrativa del progreso que coloca las otras formas de saberes, provenientes de las antiguas naciones y sujetos colonizados, en la condición de saberes subyugados: modos de conocimientos o cosmovisiones del mundo arcaicas, primitivas, ilógicas.

Agradezco a Pablo Herrera y de Graciela Chailloux por poner el dedo en la llaga. Por señalar esas complicidades entre teoría y política (Hegemonía), que vienen a poner de relieve el tortuoso itinerario de silencios, retrocesos, incertidumbres, dogmatismos y carencias por la que ha transitado el pensamiento social y el discurso historiográfico cubano en las últimas cinco décadas. Ahora, la pregunta sería: si esos circuitos académicos estarían dispuestos a volverse contra sí mismos. Ja, ja, ja… Hay que ver nada más como se ponen en guardia ante la propuesta de nuevas terminologías como: afrocubana, afrodescendiente, afrofeminismo etc. y el escozor que les produce. En fin, que nadie se llama a engaño ni se deje seducir por la hojarasca: una de las principales batallas contra el racismo cubano hay que librarla en el plano de las relaciones saber-poder.

Un abrazo,

A

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Afromodernidades

El racismo contra la pared. Texto de Jesús Guanche y comentario de Pablo Herrera.

Por Graciela Chailloux Laffita

Confieso que lo mejor de la Mesa Redonda sobre el tema de marras es que ha permitido asomarse a la puerta de nuestra sociedad un tema cuyo tratamiento había tenido espacios muy limitados hasta ahora.

Los textos a continuación evidencian una insuficiencia que es imprescindible abordar: establecer una plataforma conceptual para contribuir desde la academia al debate. La confusión conceptual puede ser muy dañina al propósito declarado. La no existencia de un espacio de divulgación popular se constituye en el secuestro de un tema que interesa a todos.

No soy partidaria de no poner por delante todo lo que la Revolución ha hecho por la igualdad social. Pero un análisis científico tiene que abandonar esa postura de ver el asunto desde sus expresiones inmediatas y no realizar un abordaje en el que el conocimiento sobre el tema sea el de su proceso de instauración, enfrentamiento, desarrollo y perspectivas.

Enjuiciar el movimiento de la negritud como un fracaso desconoce su contexto de surgimiento y consiguiente importancia. Que Marx no hablara del imperialismo no invalida El Capital. La creación de conocimiento es un proceso. Lo realmente académico y científico es identificar ese proceso para desde los logros del pasado construir el conocimiento del presente e identificar los derroteros hacia el futuro.

¿Puede haber una expresión más contundente de desconocimiento (ignorancia sería quizás ofensivo) de la esencia del racismo que decir que el negro puede ser racista contra el negro? Racismo es exclusión, explotación, desvalorización para la negación de derechos de ser humano a un individuo y no eso no es un asunto de la subjetividad, es profundamente objetivo: tu imagen, la cultura de tus ancestros no tienen espacio en la representación de la nación a la que legalmente perteneces, a no ser como ciudadano de segunda. Cuando el negro niega su espacio al blanco no lo está despojando del poder que le concede el capital simbólico que es el color de su piel. Prosaicamente, ¿qué poder le resta un negro a un blanco cuando no lo deja entrar en sus desvalorizados espacios? Alguien podría decirme cuándo un blanco ha sido despojado de sus derechos a la representación por un negro en plano de autoridad. Alguien me puede decir por qué a los negros solo les gustan los empleos de sirvientes en las instalaciones en las que Cuba ofrece su imagen a los extranjeros (mayoritariamente en condición de turistas).

Mientras no se me pueda demostrar no creo en la posibilidad de un blanco ocultando su racismo en una campaña contra el racismo. No es menos cierto que es un peligro que puede correrse, pues el tema es atractivo y útil para la consecución de propósitos no decorosos. Pero necesario es reconocer que no es lo mismo el dolor de muelas para el estomatólogo que para el paciente. No obstante, como antes dije es un asunto que concierne a todos y por eso dodos tenemos el derecho a reclamar nuestra participación. La vida dirá cuáles serán las participaciones que aporten con más eficacia al empeño planteado.

De antemano pido excusas por si introduje más confusiones en el tratamiento conceptual del asunto (esta es una de mis más grandes preocupaciones por el momento). Prometo un esfuerzo para poner en claro y extenso mi perspectiva sobre el asunto desde las habilidades profesionales que poseo (no soy una “experta” en el tema, no pertenezco a alguna de las comisiones creadas) y experiencias personales. En esta ocasión me he animado a esta participación por la trascendencia que le reconozco al asunto, a pesar de que reconozco el limitado efecto de los intercambios de mensajes electrónicos; pero mientras no tengamos otro canal de comunicación…..

Saludos afectuosos de Graciela Chailloux Laffita

Afromodernidades

Comentario de Pablo Herrera al texto de Jesús Guanche “El racismo contra la pared”.

Su texto le cae a palo al matorral pero no levanta ni a una avispa. Yo creo que Guanche como mucha más gente está incapacitado de hablar directamente sobre el problema. Lo que hace es volver a levantar los estandartes Martianos y Cubano-socialistas ya conocidos, dicho en otras palabras. Además la inclusión de todos los otros tópicos sobre esclavismo y trata humana, diluye la cuestión en el caldo de la conciencia intelectual cubana, ese caldo en el que el cucharón bate y bate pero que no puede con el peso de la cabeza de puerco. Es obvio que sus compromisos con las organizaciones que menciona son básicamente su mejor aporte. Imagino que eso constata además acciones reales en el día a día. Pero no se, quizás cruelmente, me suena a que eso de poner el racismo contra la pared es de ‘diente pa fuera.’ Que me disculpe. No intento ser craso si o diáfano. Si no se es negro de piel es muy difícil comprender que sentarse a pensar en uno mismo y en aquellos que son semejantes a uno por color no es racismo, sino una necesidad. Nadie lo va a hacer si no lo hacemos nosotros. La reunión a puertas cerradas se impone.

Este párrafo y otros momentos del texto lo demuestran

“La llamada «conciencia racial» es a la larga tan mortífera y autoexcluyente para el debate y su solución plena, que hasta los líderes del movimiento de la «negritud» como el senegalés Léopold Sédar Senghor (1906 -2001), el martiniqués Aimé Césaire (1913-2008) o el haitiano René Depestre (1926) llegaron a reconocer su tufo racista.”

Si, es necesario usar todos discursos que hagan falta para describir la catástrofe de la división cubana. Debemos seguir la rima de aquellos que dentro y fuera de Cuba van al meollo del tema Afrodescendientes. Pues Guanche, con su texto sobre el racismo, como un maestro de esgrima, viene desarmarnos de ver en Senghor, Cesaire, Fanon, etc, un método con el que lidiar con el problema Afrodescendientes en Cuba; viene a desarmarnos del machete con el manejar “el problema cubano.” No, nosotros somos responsables de escoger nuestras armas, y/o crearlas. No vale repetir un discurso de igualdad nacional cuando la realidad histórica demuestra que después del PIC (1912), después de la revolución, y en la perspectiva de una Cuba sin embargo (Dic. 17, 2014), para nosotros la batalla solo ha comenzado. La historia es muy larga.

Como comenta David Scott en Refashioning Futures (Remodelar el futuro), es imperativo cambiar las herramientas que usamos para analizar y criticar “nuestro” problema, porque no esta en la condición de las herramientas de siempre el poder describir o construir algo diferente y nuevo. Nos toca necesariamente fomentar y respetar “nuestro” discurso.

Creo que es hora de aprender a coser nuestra propia bandera.

Publicado en negracubanateniaqueser.com

Afromodernidades

Pronunciamientos de Jorge Ángel Pérez contra los hechos de racismo y homofobia denunciados por Víctor

Fowler y Alberto Abreu Arcia.

Roger Moore acaba de ser acusado de racista, montones de mensajes llegados a mi correo electrónico reseñan los comentarios del actor que interpretó a James Bond en la década del setenta, el que asegura, ahora a París Match, que el actor negro Idris Elba no podría hacer el mismo personaje que él porque no era un inglés inglés: más claro ni el agua. Creo que fue el año pasado cuando otra noticia parecida recorrió el mundo, la protagonista era Cher, y tuvo que ver con una disputa entre la cantante y su coreógrafo; a la primera le parecían muchísimos los negros bailarines que compartían con ella el escenario, y aseguraba que tal cosa la tenía muy molesta. Ella negó el racismo de sus comentarios pero la verdad fue que nadie le creyó. Que sean circuladas estas noticias, y comentadas con indignación, me parece bien, más que bien, lo triste es que nadie hable sobre lo que sucedió en estos días a Víctor Fowler cuando intentaba visitar a una amiga en la Lonja del comercio, en la Habana de ahora mismo. Resulta que a Víctor le estuvieron cuestionando el acceso al edificio y hasta le exigieron explicaciones mientras que las otras dos personas, blancas, pasaron como Pedro por su casa. “A quien va a ver. Para qué”, así le preguntaron. Recibí el mensaje de Víctor y estuve esperando, en vano, alguna reacción de sus colegas. He vuelto a leer esa denuncia que hiciera Fowler y me parece realmente denigrante lo que le sucedió y que, penosamente, es bien creíble, sucede con muchísima frecuencia. A quien lo dude le sugiero que desande un poco por las calles de La Habana y que se fije en el color de la piel de las personas a quienes la policía exige que muestren su carné de identidad; sin dudas la gran mayoría son negros, y pobre de estos si no son residentes en La Habana, desgraciados si han llegado desde el oriente y tildados de palestinos, “¡un monstruo de tres cabezas!”. Injusticias como esta ocurren muchas veces en la ciudad, en el país, pero jamás las denunciamos. Nadie se pregunta por qué un oriental es ilegal en esta ciudad ni tampoco por qué precisa de un permiso de residencia en La Habana o por qué es deportado si no tiene ese permiso. Nadie reclama a la prensa un comentario sobre el asunto y nos conformamos cuando esos diarios cuestionan las deportaciones de los inmigrantes en Arizona. Cada vez son más denigrantes los calificativos usados para definir a los habitantes de esa zona del país. Ni siquiera agradecemos, cuando el éxodo de maestros habaneros es enorme hacia otras regiones del mundo o a otros sectores de la economía, que nos lleguen educadores de aquella parte del país, y solo se nos ocurre decir que están mal preparados, como esos policías que prefieren detener a los negros y a los homosexuales o deportar a sus coterráneos. Sería muy bueno que denunciáramos todas esas injusticias, las que sufrió ahora Víctor Fowler por ser negro, y también que pongamos en evidencia a los que vejaron a un montón de homosexuales en Cárdenas y Matanzas y que denunciara hace unos días Alberto Abreu. Víctor, uno de nuestros intelectuales más lúcidos, como Alberto, negros los dos, saltaron reclamando justicia. Ambos pudieron circular su denuncia, lo terrible es que hay otros que no lo consiguen porque no tienen medios para hacerlo y porque además no les hacen ningún caso. Ojalá sean atendidos sus reclamos, ojalá otros de sus colegas ofrezcan apoyo. Ojalá, Víctor, que esos encargados de hacer el test que propones no sean racistas encubiertos que supongan que no es nada del otro mundo que un custodio se equivoque si quien quiere acceder al edificio es un hombre negro, ojalá que la prensa reseñe estos sucesos, que exija soluciones y deje de creer que son otras las cuestiones que reclaman sus escritos. Ojalá, Alberto, que esos policías homofóbicos sean amonestados, que sean juzgados, que no se atrevan más a importunar al gay que sale a cumplir con su cuerpo y sus deseos. También te cuento, Alberto, que no son pocos los uniformados que olvidan esa fobia cuando se les ofrece un dinerito, y hasta abandonan la gorra, y las botas, y el traje azul con charreteras, al menos por un rato.

Jorge Ángel Pérez

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El racismo contra la pared

Por Jesús Guanche[1]

Cuando en el siglo XIX José Martí afirmó que «no hay odio de razas porque no hay razas», no era una disquisición literaria, sino una profunda convicción existencial. Cuando en el siglo XX Fernando Ortiz arremetió contra cualquier dirección y colores del racismo, tampoco lo hizo por simple pulimento intelectual, sino tras un consciente estudio del problema que se adelantó visionariamente a los resultados posteriores de la antropología física y la genética. Cuando el 25 de marzo de 1959 Fidel Castro, señaló que: «El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar», fue un llamado de larga data, que luego retomó cada vez que era posible colocar el tema.

La reciente Mesa Redonda de la TV volvió a retomar el viernes 20 de marzo, en cuarta ocasión, El racismo sobre la mesa. Un tema que tiene múltiples aristas e interpretaciones y que, obviamente, no es posible agotarlo en una hora. Por ello centramos el panel en tres aspectos iniciales: educación, familia y medios de comunicación masiva, a partir de resultados de diagnósticos y de propuestas específicas.

Todo esto obedece a un trabajo sostenido de la Comisión Permanente de la UNEAC José Antonio Aponte y a los aspectos principales del estado de la cuestión que podemos resumir del modo siguiente: la desigualdad social acumulada durante medio milenio de dependencia colonial, neocolonial y luego del triunfo revolucionario; la ignorancia acumulada sobre el tema dentro de la sociedad cubana; la insuficiente aceptación de su existencia como problema social con independencia del fenotipo de las personas; la insuficiencia del debate público a todos los niveles; el interés de diversas personas e instituciones por ocultarlo, evadirlo o soslayarlo; la escasa presencia en la educación a todos los niveles; la poca visibilidad en los medios de comunicación masiva; lo limitado en la actividad científica y académica; la infravaloración en las estadísticas nacionales; la insuficiente presencia en el discurso político, lo cual afecta su consideración y prioridad en el trabajo político-ideológico y, consiguientemente, el espacio que debe ocupar en la agenda de las organizaciones políticas y de masas; la presencia de enfoques inadecuados cuando ha sido abordado a nivel internacional; el uso del racismo y la discriminación racial como instrumento de subversión política contra Cuba; y la necesidad de fortalecer el trabajo cultural, como cuestiones iniciales.

El racismo contra la pared.docx

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Comentario de Abelardo Mena al texto de Víctor Fowler:"DESPUÉS DE MICRO-RACISMO…"

Querido Fowler,

En el Museo de Bellas Artes se dio una situación similar el pasado año, con un oficial de seguridad, y tras la denuncia de la persona discriminada fue separado de su cargo y del museo.

No veo otra opción posible que hacer uso de nuestros derechos ciudadanos ante las discriminaciones, todas.

La semana pasada en Negra Cubana…Alberto Abreu publicó un texto denunciando el acoso antigay en Varadero, y las gestiones efectuadas por los afectados. Creo que debemos pasar de palabras generales a campañas precisas contra entidades, funcionarios, o espacios que faciliten o estimulen dicha discriminación. Si en Varadero la policía acosa, en vez de defender los derechos ciudadanos, pues es útil poner las imágenes y las redes sociales en función de evidenciar un Varadero nada gay friendly. Y no creo al MINTUR eso le sea particularmente agradable.

Usamos muy poco el poder de las imágenes, sea para denunciar acoso antigay o racial, violencia a la mujer, a los niños, a los animales o el medio ambiente. Además, hemos institucionalizado la promoción de lo diverso, y como decía Marx, “la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, no de la burocracia por bien intencionada sea.

Para ser cubanos, no tenemos que pedir permiso a nadie. Ya veinte años sin disfrutar de hoteles deben bastar.

Un abrazo

abelardo

Carta a la Comisión Aponte.

Por la trascendencia del suceso y el alcance de sus reflexiones Afromodernidades desea compartir con sus lectores esta denunciada enviada por el destacado intelectual cubano Víctor Fowler a la Comisión Aponte de la UNEAC.

Para Comisión Aponte

Por Víctor Fowler

Estimados, comienzo narrando un diminuto episodio desagradable, sucedido hace par de semanas: fui a visitar a una amiga (al edificio de la Lonja del Comercio, en el cual ella trabaja), el CVP encargado de vigilar la entrada del lugar me detuvo para preguntarme a donde iba y luego de explicarle que al tercer piso puedo continuar sin dificultad mi camino. Lo particular del caso es que, junto conmigo, llegaron otras dos personas que -sin ser cuestionadas– simplemente entraron; mejor aún, cuando subimos al elevador, sus comentarios denotaban que entraban al lugar por primera vez.

Como mismo mientras conversaba en la oficina de mi amiga, he reconstruído la escena varias veces (al hacer el cuento a otros, por ejemplo) y la única justificación que encuentro para que la pareja de desconocidos pasara sin cuestionamiento -donde yo me vi obligado a dar explicaciones–

es el color de la piel: yo, negro; ellos, blancos según apariencia.

Hablo de otra ocasión (de una de ellas escribí, hace meses, en La Jiribilla) en la que disfruto la oportunidad de sentirme humillado y rebajado como persona. El hecho no ocurre en cualquier sitio, sino en un territorio altamente simbólico: un espacio lujoso de la nueva economía. Manifestar inquietud, preocupación o algún tipo de interés distintivo por mi presencia allí (que es lo que hace el encargado de “vigilancia y protección” al interperlarme) es un procedimiento grosero para sugerir que estoy en el lugar equivocado e incluso me avisa, desde la puerta misma, que -ya que he llegado– allí adentro me tendré que esforzar por “portarme bien”.

A fin de cuentas, el gesto del CVP indica que la autoridad me identificó y aisló del resto, vigila y “sabe” que estoy allí, en ese lugar al cual no pertenezco

Para Comisin Aponte.docx

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A propósito de la Denuncian gays sobre los acosos y redadas policiales en Varadero y Matanzas este comentario del poeta Julio Mitjan

Con asombro leo estas líneas que denuncian, lo sucesos, el modo de operar con que se conduce el cuerpo policial en matanzas y me digo: estamos en los duros años ochenta, todavía, cuando criminalizar lo diferente era la acción de purga más eficaz; muchos amigos míos de esa etapa sufrieron los rigores de semejante ideología, si digo así porque detrás de ellos está la ideología heterosexual, que de manera normativa hace prevalecer su paradigma de orientación sexual por sobre el del resto, y en lo personal el miedo, mucho miedo a la diferencia, recuerdo al director del preuniversitario donde terminé el grado doce capitán Roberto García, ese hombre se llama Alexis, ahora mismo no recuerdo su apellido, pero si van a santa clara muchos sí lo recordarán, fue triste su tránsito en la educación cubana, era el azote de todo lo que oliera a homosexual, a muchos dejó sin derecho a la universidad, que era para los revolucionarios y no para los homosexuales, ese capítulo de la vida nacional aún no ha sido analizado debidamente. ese hombre de accionar tan recto para con la norma, años después mientras era director del preuniversitario el yabú, complejos de escuelas en el campo, ubicado en el valle del mismo nombre, fue puesto en la cárcel luego de una acusación que develó otras acciones acometidas por él que consistían en abuso sexual, lo mismo con hembras que con varones, todos mientras eran menores de edad. esa una de las aristas de la ideología heterosexual la doble moral que no deja lugar para que los individuos se expresen con libertad, hace que esa plenitud del vivir quede manca en aras de una imagen que no es real, la mentira, el doble discurso, la demagogia de saberte verdugo de tu propio deseo, no tiene otra acepción que discriminación, injusticia social, porque ante tal estado cuántos prefieren mentir, sofocar, representar lo que no son, y me pregunto esto es plenitud, eso es ser mejor, eso es el hombre nuevo, el mentiroso.

Yo sé que hay travestis que se dedican a la prostitución, y que en cuba la prostitución es considerada una lacra social, pero me pregunto, qué acciones, estrategias, programas se han implementado para erradicar esta situación, cuál es el porciento de ascenso social entre los travesti, dónde está el trabajo más allá de la lucha por implementar un mejor panorama legal, acaso estamos atrapados en un callejón sin salida porque las acciones afirmativas en el marco legal deben ir acompañadas de un activismo social que les de raíces y permita visualizar para qué se hacen, o sea la toma de conciencia, y no hemos de hablado de la prostitución masculina heterosexual que por bien vista pasa inadvertida, casi sin cuestionamiento, por ello nunca entendí el acoso a las mujeres que se dedicaban al jineterismo otra marca de la ideología heterosexual, el machismo tal vez uno de los peores males de la república.

saludos julio mitjans

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Cuando ser homosexual equivale a una ciudadanía pisoteada

(A propósito de la Denuncian gays sobre los acosos y redadas policiales en Varadero y Matanzas).

Por Alberto Abreu Arcia

En días pasados publiqué en este blog “Denuncian gays acosos y redadas policiales contra ellos en Varadero y Matanzas”, se trata de un reporte donde en aras de lograr la mayor objetividad, dar voz a los implicados en los hechos y respaldar su denuncia ante el CENESEX apenas emití juicio o mi análisis sobre los sucesos.

Innegablemente los acontecimientos que en dicho escrito denuncian los hablantes tienen repercusiones muy sensibles (identitarias, culturales, políticas, jurídicas) para el movimiento LGBT y la emergente sociedad civil cubana en general. La principal de ellas compete a la noción de ciudadanía. Desde luego, que no voy a enredarme aquí en un debate teórico sobre dicho concepto tan caro para los Estudios Culturales Latinoamericanos en su defensa de los derechos civiles y políticos de las comunidades o grupos socialmente diferentes, tanto a existir como a intervenir en la res publica y efectuar las transformaciones que ella necesita. Aspecto que considero sustantivo para la búsqueda de justicia social y el establecimiento de políticas públicas más inclusivas.

Lo que sí es evidente, a la luz de los eventos denunciados por los hablantes en mi texto, es el imperativo, cada vez más ineludible, de crear leyes que protejan nuestros derechos ciudadanos, particularmente los de aquellos grupos o sujetos históricamente subalternizados, frente a las arbitrariedades, abusos e impunidad con que, en el espacio público, actúan ciertos agentes sociales o del orden público. ¿Qué hacer ante este desamparo legal, ante este proceder que no sólo avasalla la identidad homosexual, sino que también la criminaliza? Para algunos de ellos -nótese que rehúyo de toda absolutización- la percepción del cuerpo del otro (racial o sexual), en cuanto a sujeto de derecho con garantías y prerrogativas, transita del desperdicio a la indiferencia: es algo que puede ser pisoteado, sin mayores consecuencias o bajo el “pretexto” de que se trata de lacras sociales o individuos cuyos comportamientos y deseos están necesitados de corrección. En mi artículo anterior hay suficientes ejemplos de esta patologización del cuerpo homosexual masculino, por parte de la policía.

No es necesario ser un gay de capilla o rumiar la quimera de que vivimos una realidad de colores radiantes, sin claroscuros ni prolongados silencios para tener conocimiento de tales actos de denigración, y lo que más indigna: su impunidad. Si como señala Ernesto Laclau: el poder es fuente de lo social y al mismo tiempo la condición de su inteligibilidad, ya que la primera de estas instancias (el poder) está localizada dentro de lo social y opera a través de sus estructuras. Convendrán conmigo en que los hechos denunciados apuntan hacia un doloroso vacío: la carencia de instrumentos legales efectivos que permitan contrarrestar tales abusos. Este, es el principal reto que tiene por delante la emergente sociedad civil cubana cuando decida, de una vez y por todas, comenzar a pensarse no desde los aristocráticos recintos académicos-institucionales, sino desde la calle, es decir: desde esos bordes temidos donde pululan las locas chillonas, iletradas, pobres, mal vestidas, frívolas, liosas, embobecidas en el simulacro de la feminidad, continuamente difuminando las fronteras entre lo privado y lo público, trastocando la gramatical verbal del uso del género. Esas miserables criaturas que solo viven para espabilar la sierpe adormecida del macho. Créanme que escribo esta enumeración desde una alegría casi carnavalesca y el orgullo, nunca desde la lástima. Porque la lástima deshumaniza y victimiza el discurso cuando hablar de mariconería deviene en una cuestión no solo de ciudadanía, sino también de principios.

Me pregunto si habrá que esperar por la consolidación de la incipiente sociedad civil cubana para que estos hechos no sigan ocurriendo o si, por el contrario, el acto de ir buscando -de manera creativa- instrumentos y mecanismos que, en cada caso, permitan la reparación moral y jurídica de los afectados por tales arbitrariedades no es también un camino que lleva a la construcción y fortalecimiento de la misma.

En la memoria del movimiento homosexual cubano sobran nombres y ejemplos de las víctimas que tales atropellos cobraron en las décadas del sesenta, setenta, ochenta, incluso del noventa. Estos hechos produjeron una herida sensible en la nación de la cual aún no nos hemos recuperado. Muchos son héroes o episodios anónimos, evocados sólo en las reuniones de familia o en el recuento melancólico y estremecedor que, al pasar de los años, hacen los amigos (maricones que resistieron al suicidio, al éxodo, a la prisión, la marginación social). A ellos también le debemos muchas de las “bondades” de este presente, y de ellos aprendimos que ser homosexual lleva aparejado entrar a un campo de batalla y resistencia que se libra en la calle contra fuerzas hostiles. Sin embargo, sus Verdugos corrieron mejor suerte: nadie los menciona o cuando lo hacen pierden el rostro, el nombre y terminan volviéndose una entidad tan abstracta y difícil de aprehender, encerrada en expresiones como ésta: “era el momento”, o se apela a estrategias de silencio y desmemoria como: “Tienes que saber perdonar. Olvida, porque el rencor no ayuda”. Como si el perdón o el resentimiento muchas veces no fueran argucias o frutos de construcciones retóricas: “Puedo hacerte daño -dice el Verdugo- total si al final estás obligado a perdonarme”. Tan grande y lleno de soberbia es el fardo en el que cargamos las arbitrariedades que se derivan de nuestro desamparo ciudadano, que la disculpa pública ha sido desplazada por el borrón y cuenta nueva.

El hecho de que en la actualidad se permita la discusión pública sobre tales problemáticas, que lo gay, lo trans, lo bi y lo lésbico se hayan vuelto tópicos tan recurrentes en la producción artística y literaria del campo cultural cubano en este nuevo milenio, de los espacios de visibilidad ganados por el CENESEX y el activismo en este sentido, no quiere decir que estos hechos hayan desaparecidos. Me divierte -por iluso e incauto- que alguien sea capaz de pensar que prejuicios sedimentados por siglos en el imaginario popular, las estructuras jurídicas, político-sociales, y los circuitos productores y reproductores del saber desaparezcan en Cuba, por arte de magia, de la noche a la mañana. El desafío está en localizar y desmontar los escenarios en que estas prácticas de acosos y abusos homofóbicos se reproducen, ver cómo las mismas se han desplazado u obligado a camuflajearse ante este nuevo entorno, hurgar en los pliegues y fisuras que las mismas establecen al interior o en los intersticios del discurso oficial cubano contra la homofobia.

En una ocasión escuché a Rufo Caballero llamar públicamente la atención al respecto. Fue a finales de septiembre del 2008, estábamos reunidos en el Palacio del Segundo Cabo durante la presentación del libro de Abel Sierra: Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana y de otros dos volúmenes ganadores del Premio Casa de las Américas. Rufo denunció el hecho con un arrojo típico de quien se duele y sangra por su propia herida. Increpó: “¿Hasta cuándo hay que permitir que Mariela Castro se pare en una tribuna a dar un discurso contra la homofobia y esa misma noche u horas después la policía realice redadas contra los gays?” De esta formaba alertaba sobre el des-encuentro entre dos horizontes de la lucha actual contra la homofobia en Cuba: el primero corresponde al discurso oficial y a los circuitos académicos-institucionales cubanos, el otro horizonte es la calle: los mundos de la vida nocturna gays con sus escenarios de inconmensurable vulnerabilidad, donde las bondades o conquistas enarboladas por ese discurso son confrontadas e interpeladas. Pensar que no nos importa lo que pase allí en esos muladares o espacios de pasarela y mucho menos con estos sujetos es un gesto no sólo elitista, sino inhumano y de xenofobia tan despreciable como la exclusión que públicamente y desde los espacios oficiales tratamos de combatir. Es reproducir los dispositivos discriminación de los cuales históricamente hemos sido víctimas, ser prisionero de lo que iluminadoramente Nelly Richard define como “la estratificación de los márgenes”, que en muchos casos lleva a nuestros intelectuales gays u otros que ostentan cierto reconocimiento social o solvencia económica a examinar estos comportamientos desde el prisma de la hegemonía patriarcal y heterosexista, para quien el culpable siempre es el maricón: “quién lo manda a estar allí”, “algo hizo para que lo trataran así”, o “seguro que no está diciendo toda la verdad”. De esta soterrada angustia o mea culpa por ser homosexual no escapan otros homosexuales. Cuando al ser víctimas de algún atropello, o de la violencia física o verbal, exclaman: “no voy a denunciar el hecho, total para qué, si el maricón siempre tiene la de perder”. Aunque en el caso de la denuncia que nos ocupa, ésta última apreciación no deja de haber cierta dosis de verdad. Ellos, en varias ocasiones, denunciaron el caso: primero ante los organismos pertinentes de la PNR en Varadero y Matanzas. Posteriormente, no satisfechos con todo aquel procedimiento kafkiano, lo hicieron ante el CENESEX donde le dijeron que aguardaran por su respuesta y, así le han repetido cada vez que llaman, aunque ha transcurrido un mes de su queja.

“Ayúdanos con eso”, me han dicho. Por primera vez me di cuenta de la responsabilidad y los límites del activismo: constreñido sólo al acto de la denuncia, al texto como una tribuna donde ellos pueden reclamar su derecho de protección estatal, de ser tenido en cuenta como sujetos de ley. Me pregunto de qué sirve el acto de denunciar cuando lo que está en juego no es el destino de personajes de ficción, sino de seres humanos. “[…] siento que hacemos muy poco, en realidad”, me escribió, a propósito de mi reporte, una activista de marcada influencia en el actual escenario cubano de lucha contra la homofobia. Y en otro correo, un destacado intelectual cubano me decía: “No sé, después de quejarse en el CENESEX, qué han hecho los implicados. En todo caso, ¡ojalá no se detengan allí!”. Ambos colegas, de un modo u otro, consciente o inconscientemente, están aludiendo a los límites y al nódulo del activismo cubano contra la homofobia y la discriminación racial, entrampado en la denuncia, pero ¿cómo transitar más allá, sin mecanismos legales que actúen como contraparte de lo institucional o lo estatal, sin la existencia de una ley que proteja nuestros derechos ciudadanos? ¿Cuántas víctimas más habrá que pagar por tan espera?

Mientras batallamos para que, de una vez y por todas, se cree dicha ley, seguiré exigiendo junto con los denunciantes porque se investiguen estos hechos y se hagan las reparaciones merecidas, y lo haré claro y en voz alta. Después de todo, como maricón no tengo nada que perder y sí muchos espacios por ganar.

Denuncian gays acosos y/o redadas policiales contra ellos en Varadero y Matanzas

Denuncian gays acosos y/o redadas policiales contra ellos en Varadero y Matanzas.

Por Alberto Abreu Arcia

“No puedo entrar a Varadero sin que la policía me pida el carnet de identidad, me tire por la planta, y aunque la comprobación de negativa, me montan en la patrulla y me detengan durante horas”. Me dice Alberto González Alfonso quien trabaja como auxiliar de enfermería en el policlínico José Antonio Echevarría, de Cárdenas. Él y otros gays que residen en Cárdenas, Varadero y Matanzas recientemente han presentado una queja en el CENESEX por los continuos atropellos y arbitrariedades que continuamente sufren por parte de la policía debido a su condición homosexual. Asegura que no es el único: “muchos amigos gays han vivido experiencias similares”. Por eso, después de agotar todas las gestiones con Atención a la Ciudadanía y la P.N.R. de Varadero, Santa Martha y Matanzas han decidido denunciar el caso ante el CENESEX. “Queríamos ir un grupo al CENESEX, pero después nos pareció que no se vería bien, y decidimos pedir una cita por teléfono y que dos de nosotros (Enrique Serrano y yo) hablaran a nombre de todos”. Alberto tiene miedo que todo esto lo afecte como trabajador. Tampoco puede entrar a Varadero como antes a visitar a sus amigos, ver a su peluquero, sin correr el riesgo de que la policía se lo lleve preso por peligrosidad.

Afirma que la primera vez que lo detuvieron, estaba conversando con dos amigos (Ray y Esteban) precisamente frente a la estación de la P.N.R. de Varadero. El primero de ellos, vive cerca y tiene una peluquería particular y Esteban trabaja como cantante en Matanzas. Les pidieron carnet de identidad, Ray no lo llevaba encima. Según Alberto los detuvieron desde las once de la noche hasta la cinco de la madrugada. Al soltarlo le pidieron que firmaran una Carta de Advertencia donde se los acusaban de “proclive asedio al turismo”, ellos se negaron.

En otra ocasión, a eso de las 11 de la noche un patrullero le pidió el carnet de identidad, aunque al verificarlo por la planta da negativo. Lo llevó detenido por “estar en Varadero de manera ilegal”, es decir: por estar visita o paseando sin ser habitante o trabajador de ese balneario. Lo encierran en una celda oscura, donde el único asiento que encontró fue una cama con un bastidor de alambre. Posteriormente lo trasladaron de la estación de la P.N.R. de Santa Marta. Antes de soltarlo, la Carpetera le hizo una serie de advertencias: no puedes relacionarte con turistas, ni con elementos antisociales, ni vender nada dentro de Varadero. Al indagar las razones por la que fue detenido y de aquella Acta de Advertencia, le respondió que sólo era un trabajo de profilaxis y que eso se hacía con todo el que entraba al calabozo.

En otra ocasión Alberto se encontraba conversando en el parque de las 80000 Taquillas con dos amigos gays (Armando, quien es pequeño agricultor y Alex profesor de una de las escuelas primarias del municipio), cuando un policía les pide el carnet de identidad, los verifica por planta, y da negativo, aun así los detiene. Los encierra a los tres en el mismo calabozo, a la media hora los saca uno a uno, y le piden que firmen un Acta donde se acusa a Alex de llamar a un turista, a él por proclive asedio al turista, y Armando por relacionarse con el turismo. Los trasladaron a la PNR de Santa Martha y a eso de las tres y media de la madruga los comienzan a soltar.

A los pocos días, Alberto se entrevista con el Mayor encargado de Atención a la Ciudadanía en Santa Marta, quien le dice que es lamentable que esos ellos ocurran, le promete que se va a reunir con los patrulleros, y que eso no va a pasar más. Pero horas después, el hecho se repite. El mismo policía (cuya placa es 02477, en el carro de patrulla 237) lo detuvo. Y lo monta en el carro patrullero en compañía de dos travesti. Posteriormente, al entrevistarse con el oficial que atiende Lacras Sociales y decirle que su un caso no era más que un acto de homofobia, este lo amenazó diciéndole que cuando el volviera a estar ahí, le iba aplicar el Peligro.

Esa misma madrugada, al salir de la estación de la P.N.R, él y otro gay se dirigieron a la ciudad de Matanzas para presentar la queja. El oficial que los atendió les dijo que debían dirigirse directamente a Osmany, el Jefe de la policía de Varadero. Osmany les dijo que había unos gays de Matanzas que están robando y cada vez que esto pasa recogían a todos los homosexuales.

Alberto me ofreció números de teléfonos, direcciones, fotos y algunos documentos donde pude verificar no sólo el testimonio que me ofreció, sino otros detalles y casos similares que harían interminable esta exposición. Como a Lulú, un travesti al cual la policía lo detuvo alegando que les estaba prohibido a los travesti circular por Varadero después de las ocho de la noche. También entrevisté a Maikel quien es Licenciado en Cultura Física, y añadió otros elementos a la declaración de Alberto, como las continuas burlas de los policías cuando detienen a los gays, aunque dice que en su caso, debido a su doble condición de negro y homosexual, siente más fuerte estos acosos policiales. Me narró la ocasión en que él y Alberto se encontraban tomando, y la policía no sólo les confiscó la botella, sino que además se los llevó esposados y le hizo una prueba de alcoholismo, sin motivo alguno.

Pero ninguna de hechos despierta más indignación como la redada policial contra los gays ocurrida en el Viaducto de Matanzas, un lugar cercano a Las Ruinas (un cabaret donde los fines de semana funciona una especie de disco gay). Se trata de un parque donde acostumbran reunirse no sólo los homosexuales masculinos, sino también quienes intentan viajar hacia La Habana o los que se dirigen a otros sitios de la ciudad, así como hacia Varadero y Cárdenas. Pues es un lugar donde se puede alquilar máquina, tomar una guagua para estos destinos. El testimonio sobre este suceso me lo ofreció Enrique Serrano, quien labora como dependiente en el hotel Laguna Azul, en Varadero, y me fue corroborado por otros gays. Enrique no recuerda la fecha exacta en que ocurrió esta redada, aunque por el comprobante de la multa que le fue impuesta se puede colegir que fue el 22 de enero pasado. Cuenta a eso de las doce de la noche él y un grupo de amigos estaban en la parada esperando un transporte para regresar a Cárdenas, cuando dos policías le piden el carnet de identidad, y luego los montaron, junto con otros gays, en uno de los dos camiones que esperaban encima del puente, donde había dos perros, uno a cada lado de los asientos laterales del camión. Los trasladaron a la unidad de la P.N.R que radica en Playa y los encerraron en un calabozo de aproximadamente 4X3 metros. En el que le tocó a había 25 personas, aproximadamente 20 de ellas eran gays. Allí permanecieron encerrados hasta las 10 de la mañana, hora en que los subieron a todos a un salón para una reunión con el Jefe de la P.N.R. de Playa, quien se dirigió a los gays acusándolos de que se pasaban la madrugada merodeando por el Viaducto, donde se prostituían y hacían no se sabe unas cuantas barbaridades. A todos les impusieron una Carta de Advertencia por ser proclive a diversos delitos como: prostitución, robo con violencia, reunirse con elementos antisociales, etc. Los ficharon y en su caso como en el de otros amigos suyos que estaban de visita en Matanzas le pusieron 30 pesos de multa por estar ilegal en esa ciudad y por negarse a firmar la carta o Acta de Advertencia.

Hasta aquí mi relato sucinto de estas prácticas humillantes, de criminalización de la identidad homosexual, de coerción y represión de su ciudadanía y sus diferentes modos de expresarse dentro del espacio público en la provincia de Matanzas que estos gays, al igual que este bloguero considera urgente denunciar.