E-mail enviado el 8 de abril por Tomás Fernández Robaina al redactor del boletín digital La Ceiba con el motivo del debate suscitado en los últimos días.

Estimado Tato:

Te envío este texto fundacional del periódico La Doctrina de
Martí. Su autor, director de dicho órgano periodístico, Rafael Serra Montalvo, fue uno de sus más fervientes seguidores, y el pionero en dar a conocer la obra y pensamiento, de José Martí, al año posterior a su caída en Dos Ríos, quien lo denominó en vida El Apóstol, por su entrega total a la causa independentista. Me parece conveniente su difusión, para que se conozcan ideas que nos han inspirado en la lucha que libramos desde 1959 en contra de todos los prejuicios heredados de la esclavitud, y mantenidos de modos solapados o no, hasta hoy. Este batallar se ha hecho más visible en nuestras sociedades contemporánea, como consecuencia de la crisis económica, social, identitario, y de valores morales que se manifiesta en cada uno de nuestros países, en unos más que en otros. Y por, supuesto, Cuba no podía ser una excepción.

Obviamente los contextos materiales actuales son diferentes, con los referentes en el artículo, pero en esencia no son pocos los elementos que nos permiten reflexionar sobre la batalla que libramos ahora no, pro una independencia política, pero si en pro de una concientización y en pro de una identificación y pertenencia de los que aún no están plenamente identificado con la historia de nuestra sociedad, y con los que anhelamos mejorarla sin limitaciones religiosas, genéricas, sexuales, color de la piel, y clasista. Por supuesto, también es necesario que no pasemos todo lo que hemos avanzado objetivamente. Una prueba parcial, pero objetiva, lo tenemos en los diversos espacios en los que ahora se analizan todas estos problemas contemporáneos. Gracias por tu colaboración, hermano Tato, Tomasito [Fernández Robaina] cada día más cimarrón.


Nuestra labor.

EXERGO: Los planetas, no porque hayan de girar alrededor del sol, y de él
reciban luz y calor, tienen todos un mismo movimiento ni una misma vida. Es cada
planeta una variedad dentro de la unidad del sistema,
Pi y Margall

Procedemos de la escuela de Martí. En ella se templó nuestra alma y se forjó nuestro carácter. Allí aprendimos del venerable maestro, conocer, sin confundir jamás, el falso brillo de la virtud postiza; lo que honra, purifica y ennoblece la práctica del bien. Nos enseñó a ser indóciles contra toda forma de tiranía, contra toda soberbia, y consecuente amigo de la humildad honrada; a oponernos con coraje viril y previsor contra las concesiones de poderes vitalicios, y a estimar como regazo del abuso las reelecciones continuadas de los administradores de los intereses públicos; como a acatar con decoro, y a sostener con fidelidad patriótica a nuestros poderhabientes; pero sin perderles de vista ni disimular sus extravíos, porque son estos los senderos más seguros de llegar a la desmoralización administrativa y a la ruina de todos.

Nos enseñó el ilustre Martí, que un pueblo compuesto de distintos elementos vivos y maniatados por un mismo yugo deben estar sinceramente unidos y representados por igual en todas las capacidades contributivas a la creación del país. Porque los que como cubanos servimos para entrar en la compartición del sacrificio, como cubanos hemos de estar también en la compartición del beneficio. Para recompensar el mérito de la virtud al tanto por ciento, no habrá dinero bastante en todo el mundo, ni la virtud verdadera aceptaría tan ominosa transacción: Pero para patentizar y hacer justicia al mérito positivo cuando el mérito seudal se sobrepone para esto, si no falta la honradez o la energía, hay
sobrado lugar, manera y tiempo. Siempre habrá en todas partes descontentos. Muchas veces egoístas. Pero cuando el descontento es con justicia, los descontentos se unen, crecen, vigorizan, luchan y hasta vencen. La virtud de los que dirigen a los pueblos no se debe sentir únicamente, sino hacerla sentir como provecho colectivo entre los poderdantes. En pos del triunfo de la verdad practicada por el eximio maestro, hemos de dirigir nuestra labor. Trabajamos por la verdadera revolución que no es la guerra, porque la guerra es el medio; la revolución el fin. La esclavitud, como germen de horrores y colmo de injusticias, pudre el seno de la sociedad que la sustenta. La esclavitud, con su halito fatal, corrompe las costumbres, vive de la estabilidad de la ignorancia; crea como consecuencia de su abominable jerarquías, las preocupaciones dolorosas; enerva al hombre, envilece a la mujer, destruye la vitalidad y desmoraliza al pueblo. Echar al déspota fuera de nuestra Patria, y también combatir y vencer contra sus enfermizas tradiciones; purificar las costumbres, darles derechos y completa garantiza a la mujer; abolir los privilegios, no tan solo en la ley escrita sino también en la ley moral: consagrarse a toda obra de provecho común; aplicar los progresos de la inteligencia a las necesidades de la vida; establecer la igualdad, difundir la instrucción y preservar con toda su grandeza la justicia. Revolucionemos.

Desde ahora y como base de la más inalterable armonía, creemos bueno y de rigor ratificar la verdadera democracia, que es de donde tiene que surgir el bien de la Republica.

Odiar al gobierno de España por manía, no constituye el patriotismo. El hábito español es el peligro. Desciñámonos el hábito. Sentado queda que no venimos a segregar. Nuestra misión es la de unir. Pero unir de verdad. No con la unión desventajosa y desigual del jinete y el corcel. Hay que hacer porque prevalezca la verdad. Toda excusa en el instante de administrar justicia, es traición al principio, es un mentir.

Virtudes y elementos tenemos para crear una buena República; pero si estas virtudes y estos elementos no son exactamente armonizados con las necesidades imperiosas del país, no tendríamos República.

Desde la extrema izquierda del Partido separatista, y en conformidad con los preceptos aceptados por todos, hemos de dirigir nuestros esfuerzos para el triunfo de la Independencia de la patria, para que sean reales y no vaga ficción los derechos del pueblo. Esta es nuestra labor
(Rafael Serra: Nuestra Labor, La doctrina de Martí, Nueva York, 25 de julio 1896, p.1 cols.1-3, Colección Cubana. Biblioteca Nacional de Cuba.

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